jueves, 1 de octubre de 2020

Contracolumna • MUÑOZ LEDO TIENE ALZHEIMER • LA MATANZA DEL 2 DE OCTUBRE


JOSÉ MARTÍNEZ M.
A la memoria de René Avilés Fabila

Sobre los cadáveres de los estudiantes de la masacre de 1968, Porfirio Muñoz Ledo construyó su carrera política.
Desde las catacumbas del poder busca ahora con ansiedad desbocada presidir las riendas de Morena. Habla como si el pasado no contara o existiera, recurre al falso discurso “progresista”.
Como Obrador, Muñoz Ledo lleva en la sangre los genes del PRI. Los dos han envilecido la política al declararse de “izquierda”.
Si Obrador con desfachatez glorifica a Mussolini ante la comunidad internacional dejando en el olvido las masacres, los crímenes de guerra y los atropellos a los derechos humanos cometidos por el dictador, Muñoz Ledo justificó con excesiva desvergüenza la matanza de los estudiantes en la Plaza de Tlatelolco.
Morena y sus líderes representan todo aquello contra lo que los estudiantes protestaban.
Obrador y Muñoz Ledo desde su primera juventud formaron parte del PRI. Ahora enarbolan banderas ajenas para apropiarse de la lucha de los jóvenes estudiantes que estaban en contra del autoritarismo.
A principios de la década de los cincuenta Muñoz Ledo comenzó su longeva trayectoria de tunante. Siempre insatisfecho, Porfirio ha pasado de los brazos de partido en partido como un objeto, manoseado y poseído como las damas con aspiraciones a estrellas de Hollywood. Así ha transcurrido su existencia, de la vanidad a la frivolidad hasta llegar al hastío con la conciencia adormecida.
En el ahíto de su vida Muñoz Ledo deja de lado su cansancio, lo domina la ambición y mira con desprecio a sus pares, los que ahora lo atacan y lo ven como una piltrafa, la inteligencia perdida desde hace tiempo, un tiliche que no puede guardar el equilibrio pero al cual la ambición lo empuja a seguir no importa que ahora dispute el control de un partido en medio de una lucha de lodo hasta llegar dispuesto a un menage a trois en la dirección política de Morena.
Las nuevas generaciones tal vez no conocen la longeva trayectoria de Muñoz Ledo, un trapecista político que ha sabido camuflarse a todos los colores partidistas. Muchos como él, incluido Obrador, han tenido el don de la ubicuidad. En veces pueden mostrarse institucionales, progresistas, reformistas, liberales o revolucionarios, según convenga.
Cuando la matanza de los estudiantes en octubre de 1968, Muñoz Ledo era un recalcitrante priista dispuesto a poner el pecho en defensa del presidente Díaz Ordaz. Cincuenta años después le puso la banda presidencial en el pecho a Obrador. Desde entonces hasta Morena ha pretendido ser el rector del discurso ideológico de los partidos en los que ha militado.
No hay diferencia entre el discurso diazordacista y obradorista, los dos concluyen en el autoritarismo de gobiernos hegemónicos.
La matanza con todas sus consecuencias históricas fue para Muñoz ledo un acto de “madurez revolucionaria”, una decisión de “supremacía del poder político”.
Después de 52 años reina sobre los cadáveres de aquellos jóvenes el mismo discurso, las mismas voces y el fantasma de los desaparecidos actores.
Hoy los militares son parte del poder, lo comparte con ellos el presidente Obrador, no le hace que en sus discursos incendiarios desde la oposición los responsabilizó de la masacre. Los añejos discursos están ahí para la historia como las incongruencias de su gobierno.
Cuando Muñoz Ledo respondió el V informe del gobierno de Díaz dio lectura a la reivindicación ideológica del sistema: “Con la más estricta objetividad podemos afirmar que los conflictos sociales que tuvieron lugar en México, y que llegaron a poner en peligro la paz pública, no dejaron como saldo el más mínimo incremento de poder de influencia a favor de quienes se oponen a la transformación acelerada y a la autonomía del país.
“Entre estas instituciones guarda un papel prominente el Partido Revolucionario Institucional, cuyos principios y programa de acción están ordenados precisamente según el pensamiento que hoy confirma, esclarece y afianza con actos el más distinguido de sus miembros: Gustavo Díaz Ordaz”.
“Como miembro de este partido y como mexicano que confía honestamente en el destino de la nueva generación, nada me ha conmovido más hondamente en el texto del V Informe que el valor moral y la lucidez histórica con que el Presidente de México reitera su confianza en la ‘limpieza de ánimo y en la pasión de justicia de los jóvenes mexicanos’”.
Sí, Muñoz Ledo tiene Alzheimer político. Parece que es contagiosa y progresiva. El mismo mal lo padece Obrador quien también presenta síntomas graves de pérdida de memoria y confusión ideológica.
Dos años después de la matanza del 2 de octubre, Obrador a los 17 años en 1970 acudió al PRI a afiliarse y en él se mantuvo imperturbable hasta 1989, todavía dio su última batalla en el PRI defendiendo la causa del entonces candidato presidencial Carlos Salinas de Gortari.
Ahora Obrador como Muñoz Ledo se autoproclaman de “izquierda”, no importa que Obrador admire a Mussolini y Muñoz Ledo a Díaz Ordaz, cuya imagen lleva tatuada en el pecho.

Trump-Biden, lectura estratégica: el resentimiento y los 538 votos reales

 



Carlos Ramírez

 

Uno de los errores más comunes en el análisis periodístico de sucesos que afectan a la sociedad es asumir la interpretación personal de los analistas como si fueran los estados sociales de ánimo. El debate Donald Trump-Joe Biden se está pasando, en los EE. UU. y México, por el filtro de los que los autores suponen que debe ser la política: la ética y el buen comportamiento.

Sin embargo, hubo dos enfoques ausentes en los análisis posteriores al debate: el perfil del estadunidense medio que se mueve en función del resentimiento, la codicia, la explotación y el bulling social y los 538 votos electorales que son los que elegirán al próximo presidente sin importar los que vieron el debate y decidirán su voto popular en función de los comportamientos de los candidatos peleando a cuchilladas la presidencia.

La sociedad electoral estadunidense, la de la calles, la de los intereses egoístas, la que busca ganancias, es otra cosa: votó antes por el imperio invasor para construir un nivel de vida basado en la exacción de recursos, aceptó derrocamiento de gobiernos que afectaban ese confort, reeligió al tramposo de Nixon y lo derrocó el establishment del FBI, se divirtió con las calenturas de Clinton, quiso a Obama por el color de la piel y se decepcionó por sus resultados y por ello voto enseguida con enojo por Trump y no por Hillary Clinton.

Para esa opinión del establishment, Trump perdió el debate; pero para la base estadunidense enojada con los políticos, encarada contra el fisco del Estado, decepcionada porque no les hacen caso, racista por configuración genética y violenta contra quienes quieren romper el orden interior formal y se encuentran con la brutalidad policiaca como medio de control social de minorías resentidas o radicalizadas a la izquierda, Trump refrendó su propuesta presidencial de 2016.

Quienes van a elegir al próximo presidente de los EE. UU. serán esas bases sociales celulares con sus propias contradicciones. Ahí fue donde Trump hundió a Dormilón Biden: el presidente enarboló, con enojo, el argumento de ley y orden contra los disturbios en ciudades --y lo subrayó varias veces Trump-- gobernadas por apáticos y atemorizadas autoridades locales del Partido Demócrata, mientras Biden convocaría a la Casa Blanca a una reunión entre sociedad, policías y gobierno para buscar una salida.

A los analistas liberales suele no gustarles estos métodos sociales analíticos, pero en realidad la función del análisis es la de exhibir la realidad; si imponen sus puntos de vista, entonces se trataría de opinión y su mercado es menor. Y hasta ahora pocos han analizado la realidad de la sociedad estadunidense: Myrdal en el caso del problema negro, Katherine Cramer en el perfil del estadunidense medio resentido con el Estado, Wright Mills con su perfil de la élite de poder que manda e impone gobiernos.

El resultado del debate del martes debe medirse en función del estado de ánimo del estadunidense medio --la mayoría silenciosa que despertó Nixon-- que está harto del Estado, que admira a quienes defraudan al Estado, que apoya la fuerza, que es racista hipócrita y que, en fin, sabe que su confort depende de gobiernos que tienen que ensuciarse las manos para invadir países y explotar personas y que se la pasa leyendo los movimientos en la bolsa de valores porque vive de la especulación codiciosa en el mercado accionario y no de sus salarios.

Lo que ha sido tipificado como concepto sociológico como las buenas conciencias --a partir de una novela revalorada de Carlos Fuentes-- suelen dictar los enfoques en medios, pero no representan los intereses o las pasiones del estadunidense ahogado por la pandemia, el confinamiento y el desempleo y que no se preocupa por los muertos si éstos significan que la economía deba abrirse para trabajar.

 

 

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martes, 29 de septiembre de 2020

Complejo militar-mediático-seguridad- inteligencia-espionaje contra Trump

 



Carlos Ramírez

 

Como no se había visto desde que el subdirector general del FBI, Mark Felt, se alió Bob Woodward y al The Washington Post para forzar la renuncia del presidente republicano Richard Nixon, ahora de nueva cuenta la comunidad de los servicios de inteligencia y seguridad nacional civiles y militares acaban de dar un paso público para pedir el voto a favor del demócrata Joe Biden y contra el republicano Donald Trump.

Detrás de las acusaciones de arrogante, grosero, racista, autoritario, impulsivo y sobre todo antisistémico se localiza el hecho de que Trump ha ido desmantelando y depurando los servicios civiles y militares de inteligencia y seguridad nacional porque se convirtieron en un poder autónomo dentro del Estado estadunidense, con capacidad para arrinconar, acotar e imponerse sobre los presidentes civiles. Con los relevos poco educados de funcionarios del área de seguridad Trump logró demostrar que esos servicios son un nido de intereses y de corrupción.

En este sentido debe leerse la carta abierta del pasado 24 de septiembre de 489 generales, almirantes, altos funcionarios, embajadores y servidores civiles del área de seguridad nacional --todos retirados-- a favor de Biden. Leída con enfoques de seguridad nacional, se trató el primer paso de lo que pudiera ser un intento de golpe de Estado de funcionarios de alta jerarquía de seguridad contra el presidente que no les hizo caso ni les respetó.

La carta tiene, además, otro contexto que iría completando el Estado profundo que siempre denunció Trump: una estructura de intereses reales de poder económico, mediático, político, militar y de seguridad para dictaminar sobre posibilidades presidenciales. Aun en el supuesto caso de que todas las acusaciones contra Trump fueran ciertas, la carta de exfuncionarios de seguridad y los pronunciamientos de The Washington Post y de la revista The New Yorker ofrecerían el panorama de un poder oculto que está moviendo preferencias a favor de Biden, justo cuando comienza a declinar en encuestas clave como la de Florida.

The Washington Post ha dedicado ocho editoriales para ofrecer un racimo inflexible de críticas severas contra Trump y ninguna contra Biden; al contrario, el diario pide votar por el demócrata. La tesis central radica en la argumentación de que con Trump “nuestra democracia está en peligro”, aunque los comportamientos del diario violen la objetividad en el tratamiento periodístico de asuntos electorales. Inclusive, dice el diario que uno de los objetivos de Trump es Jeff Bezos, dueño del Post y de Amazon y el hombre más rico de los EE. UU. con una fortuna de más de 100,000 millones de dólares por actividades dedicadas al comercio. La revista The New Yorker igual pide votar contra Trump y celebra los acercamientos de Biden con el exprecandidato socialista Bernie Sanders.

En este contexto, el principal adversario de Trump no es el demócrata Joe Dormilón Biden, sino el complejo militar-industrial-mediático-inteligencia que representa el verdadero poder en los EE. UU. y cuyos intereses fueron dañados por Nixon a mediados de los setenta y ahora por Trump. Y en el fondo estaría un asunto oscuro: la posible intervención de Rusia en las elecciones estadunidenses a favor de Trump, presuntamente descubierta por los servicios de inteligencia y seguridad nacional de Washington. Sin embargo, hay otros analistas que señalan que esa versión es parte de la estrategia demócrata de campaña para debilitar a Trump.

Lo grave, en todo caso, fue la carta abierta de 489 exfuncionarios de inteligencia y seguridad nacional civiles y militares contra el presidente en funciones, dejando indicios de una guerra interna en la estructura del poder que sólo tendrá dos opciones: echar a Trump y retomar el poder y que gane Trump y profundice la limpia de funcionarios de inteligencia y seguridad nacional. Esta lectura tiene el contexto del hecho de que Nixon renunció en 1994 por una alianza FBI-The Washington Post.

 

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sábado, 26 de septiembre de 2020

Contracolumna · J. CARDENAS, LA OTRA LA MAFIA DEL PODER · MANUEL BARTLETT Y JULIA ABDALA, AMIGOS

 


JOSÉ MARTÍNEZ M.


Como El Padrino de Mario Puzo, la del Indep y la cuarta transformación es una historia de película. Cuando el presidente Obrador designó al abogado Jaime Cárdenas Gracia como director del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, lo llenó de elogios, tres meses después las alabanzas se convirtieron en vituperios.
Al presentar su renuncia, el jurista desnudó al gobierno del presidente Obrador. Los críticos del tabasqueño de sopetón convirtieron a Cárdenas en un héroe y los obradoristas lo tildaron de traidor.
Ya sabemos que Obrador nada más escucha una crítica en su contra y reacciona como un capo di tutti capi, de inmediato saca su metralleta de injurias. Ningún político ha tenido la habilidad de disparar más insultos por minuto que una AK-47, de esas que llaman cuerno de chivo. Una ráfaga de ofensas de los cartuchos del tabasqueño y sus víctimas caen abatidas en su dignidad, honor y credibilidad.
Cuando el caso amerita, Obrador tiene su brazo ejecutor para castigar a sus enemigos acusados de corruptos. Santiago Nieto Castillo, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera es el inquisidor que actúa a la menor señal del Jefe con la clásica instrucción de “encárgate de esto”. Esos “moditos” le han acarreado a Nieto conflictos con el fiscal Alejandro Gertz Manero.
Como en la mafia, el jefe de jefes de la cuarta transformación exige a sus subordinados un juramento de lealtad absoluta. Pareciera que con su renuncia Jaime Cárdenas rompió el código de honor de las mafias sicilianas, la omertá, que en este caso prohíbe hablar de los asuntos internos del gobierno.
Jaime Cárdenas no es un soplón. No estuvo dispuesto a jugarle al redentor. Por eso denunció que el presidente Obrador espera una fe ciega de sus colaboradores como si fueran unos “juanitos”. Simplemente no estuvo de acuerdo y decidió cumplir con su obligación de denunciar los malos manejos en el Indep que involucran a personajes cercanos al círculo del presidente, específicamente a Alejandro Esquer, su secretario particular, como antes lo fue René Bejarano con los millones de pesos recibidos del empresario Carlos Ahumada.
Contra su voluntad Jaime Cárdenas, un político de perfil bajo, pasó a convertirse en un personaje mediático.
Desde muy joven su vida ha estado ligado a la academia donde es reconocido por su trabajo especializado en los temas de la corrupción. Sin duda alguna su renuncia al Indep representa una ruptura con Morena y la política. Cárdenas anticipó que va a regresar a su cubículo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
En un ejercicio de introspección asumió la decisión más difícil de su vida. Renunció a su cargo con las consecuencias que todo ello implica. “El presidente esperaba una lealtad ciega”, denunció tan pronto comenzó a sufrir el acoso de los medios y de las huestes obradoristas.
Como en las películas de vampiros, Cárdenas le puso una estaca en el corazón de la cuarta transformación.
Aunque de alguna formaron fueron compañeros de lucha, Cárdenas y Obrador no son los grandes amigos.
En 1989 mientras Cárdenas estudiaAba un doctorado en España conoció al senador del PRD Luis Martínez Fernández del Campo quien lo presentó con Manuel Camacho Solís. Camacho lo incluyó en su equipo de trabajo en el gobierno de la Ciudad de México durante el sexenio de Salinas. Cárdenas fue enviado por Camacho a estudiar transiciones democráticas a Estados Unidos pero al no ser favorecido con la candidatura presidencial, Cárdenas ingresó al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
Un trabajo académico sobre procesos electorales causó impacto en el PRD. Fue así que Los Chuchos lo invitaron a ser consejero del IFE, cuando José Woldenberg presidió ese instituto. Al concluir su gestión como consejero regresó a la UNAM y de ahí pasó a convertirse en diputado externo del PT.
A partir de entonces se hizo amigo y después asesor jurídico de Manuel Bartlett.
La pregunta es ¿cómo un jurista prestigiado en el tema de la corrupción iba a ser consejero de uno de los políticos más corruptos ligados a Obrador?
Cuando estalló el escándalo de la millonaria fortuna en propiedades de Bartlett y su familia, Jaime Cárdenas se vio metido en un brete. ¿Cómo ayudar al amigo metido en problemas? Bueno, ya todos sabemos que el primer defensor de Bartlett fue el presidente Obrador quien lo defendió a capa y espada, diciendo que el exgobernador de Puebla era una víctima de las canalladas de los conservadores.
La esposa de Cárdenas, María de la Luz Mijangos Borja, titular de la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción le tocó conocer el expediente de la sospechosa fortuna de Bartlett y su familia, estimada en cerca de mil millones de pesos. Pero lejos de actuar con la ley en la mano la flamante esposa de John Ackerman, la secretaría de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval se apresuró a exonerar al director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett de los señalamientos de corrupción.
Inexplicablemente la pareja sentimental de Bartlett, la señora Julia Abdala sin antecedentes empresariales antes de conocer a Bartlett, y la que ha recibido condonación de impuestos y ha amasado una multimillonaria fortuna, fue dejada en el olvido sospechoso.
Santiago Nieto el titular de la terrorífica UIF jamás se dio a la tarea de investigar a la señora Abdala y congelar sus cuentas, como regularmente se hace con los enemigos de Obrador.
Jaime Cárdenas, sin duda alguna, es un hombre que sabe demasiado, quien debe estar comprometido ética y moralmente a desvelar la historia de la mafia de la cuarta transformación, o pasará a la historia como una tapadera de Bartlett y compañía.


viernes, 25 de septiembre de 2020

Segundo tercio sexenal, de banderillas, con la agenda de AMLO o de Morena

 


Carlos Ramírez

 

Con seguridad en Palacio Nacional están extrañados que nadie haya preguntado, cuando menos en público, qué quiere el presidente López Obrador de Morena para su proyecto sexenal. Y eso que todos ya saben que las definiciones y gestiones de gobierno se deciden en las conferencias de prensa matutinas, no en los espacios tradicionales del poder.

El primer tercio del sexenio se fue en el planteamiento de las estrategias presidenciales, la definición de los nuevos estilos de gobernar y la lidia con una pandemia inesperada. El segundo tercio, el de banderillas en los toros, es el de los jaloneos entre los grupos de poder presidencial por el relevo legislativo, las gubernaturas y los alineamientos para la sucesión presidencial de 2024. Los grandes toreros se hacen cargo de poner en persona las banderillas a los toros para fijar la autoridad que manda en la plaza.

Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto perdieron sus sucesiones y las elecciones de sus sucesores por colapsos en sus partidos, fracturas en sus coaliciones y permisividades democráticas. Y todos ellos salieron fracturados en sus coaliciones y partidos en las elecciones de medio sexenio con el cambio de diputados federales que implica, de suyo, un nuevo reacomodo de grupos de poder con miras al sexenio siguiente.

A favor de la estrategia lopezobradorista corre el hecho de que nunca ha pensado en Morena como un partido tradicional, sino como estructura administradora de cargos públicos. PRI, PAN y PRD han sido partidos de proyectos, el primero de corporaciones, el segundo de creencias y el tercero de tribus. Morena no tiene un proyecto ideológico porque ese proyecto es el presidente López Obrador. Y para evitar que Morena pudiera ser otro PRI corporativo, la estrategia radicará en dividir las posiciones de poder con el PES 2.0, el Partido Verde y el PT, además de los grupos lopezobradoristas --como el de Pedro Haces-- que no lograron registro como partidos, pero que van a funcionar como hilos de poder fuera de Morena. En este sentido, las candidaturas se van a gestionar en Palacio Nacional, no en Morena.

La clave para resolver el enigma Morena se localiza en la agenda presidencial. Lo que menos quisiera el presidente sería tener que lidiar con Morena como --para citar un ejemplo histórico sólo en parecidos de coyuntura partidista-- Díaz Ordaz tuvo que bregar con Carlos A. Madrazo y su PRI autónomo, militante y equidistante a Los Pinos o como Salinas cuando la sucesión se le salió de control por la fuerza personal de Manuel Camacho Solís operando por la libre.

Morena va a ser el pivote lopezobradorista para consolidar su proyecto, vencer las presiones que quieren tumbarle sus puntos clave --apoyos sociales, obras y nuevas relaciones políticas-- y encarar la alianza opositora previsible de partidos y formaciones sociales hoy confrontadas con la presidencia. El bloque de poder lopezobradorista no va a pasar por Morena y menos si llega al partido algún líder político que quiera quitarle liderazgo político al presidente. Hasta ahora han bastado el gabinete y las dos cámaras para ir desinflando apasionamientos y arrinconando a la oposición en una derecha conservadora sin destino histórico.

La tarea fundamental del segundo tercio del sexenio será la de administrar la crisis para impedir confrontaciones innecesarias. La polarización ayuda a decantar posicionamientos, como ahora, por ejemplo, muchos intelectuales han comenzado a replegarse porque no quieren estar en la misma lista con Héctor Aguilar Camín --¿colegas enemigos 2.0?-- y sus negocios de poder con Carlos Salinas de Gortari o aliados al Gabriel Lozano desbocado de FRENAAA.

En este sentido, lo peor que le puede pasar al gobierno actual es que Morena se convierta en un dolor de cabeza con un dirigente que busca un Guinness record y no entender el juego de poder presidencial.

 

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Política para dummies: La política se aprende en clases de hilados y tejidos y no en las cloacas del poder.

 

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jueves, 24 de septiembre de 2020

Contracolumna • OBRADOR, ENTRE EBRARD Y SHEINBAUM • SUCESIÓN 2024, YA LLEGÓ, YA ESTA AQUÍ



JOSÉ MARTÍNEZ M.

En la plaza principal de Ciudad Valles, en San Luis Potosí reposa una escultura con el busto del presidente Obrador. La obra realizada en piedra de cantera rosa fue elaborada por el joven artesano Amado Montalvo Salazar. El domingo 31 de marzo del año pasado cuando la plana mayor de Morena se presentó en el lugar para rendir un homenaje a su líder moral, al momento de descorrer el telón se llevaron un chasco. La decepción fue tan desagradable que acabó con la ilusión de los fanáticos del tabasqueño. La figura de Obrador no resultó lo que se esperaba. Al hacerse pública se desató una incesante burla en las redes sociales con una incontenible lluvia de memes.
La escultura es una representación grotesca de lo que representa Obrador.
Lo mismo pasa con el Obrador de carne y hueso. Obrador resultó una decepción nacional, a tal punto que el creador de Morena se encuentra moralmente derrotado. Se ha esfumado su sueño de pasar a la historia en un lienzo junto a los próceres de la patria, lo cierto es que su figura acabará fundida en un bronce como una mala réplica del Napoleón derrotado, la famosa escultura de Vincenzo Vela que resume la decadencia del famoso personaje.
Morena –el partido creado por Obrador a su imagen y semejanza, como un político ecléctico– vive su Waterloo. Todas las tribus morenistas libran un feroz combate por el control del partido.
Obrador creó a Morena con el solo propósito de llegar al poder. Cumplido su objetivo lo demás sale sobrando. El partido es él, el poder es él, el Estado es él, hasta Dios es él, no en balde en más de una ocasión se ha comparado con Jesucristo.
Marcelo Ebrard quien no forma parte de Morena ha sido leal con Obrador hasta decir basta. En cambio los fundadores del partido han sido desleales con el tabasqueño. Muñoz Ledo y un grupo de conspicuos personajes están decididos a amputarle las manos a Obrador para que no meta las manos en Morena. La idea es acabar desde ahora con cualquier posibilidad de que Ebrard se perfile como el sucesor de Obrador.
De todo el gabinete obradorista Ebrard brilla con luz propia y ha estado presente en los momentos más apremiantes del gobierno tanto en lo interno como en lo externo.
Muñoz Ledo y su grupo responden a los intereses de Claudia Sheinbaum.
A diferencia de Ebrard, Sheinbaum se ha visto opacada por su incompetencia y su falta de experiencia pero cobijada por el grupo de Muñoz Ledo.
Desde la precampaña se había anunciado que Héctor Vasconcelos sería el titular de Relaciones Exteriores, pero a la mera hora declinó la invitación pues prefirió asumir su escaño en el Senado de la República. Obrador optó por nombrar en su lugar a Ebrard como Canciller, lo cual incomodó a los más conspicuos personajes de Morena. Su designación les cayó como agua fría. Incluso a la propia esposa de Obrador. Familiares de la señora Gutiérrez Müller tienen mucho que ver con la guerra sucia contra Ebrard. Específicamente su tío Agustín Gutiérrez Canet esposo de la embajadora de México en Washington, Martha Bárcena.
Política e intelectualmente hay un mundo de diferencia entre Ebrard y Gutiérrez Canet, un diplomático que surgió de las filas del periodismo a la burocracia y quien está ahora con Muñoz Ledo a partir un piñón, con la misión de torpedear al Canciller para favorecer las aspiraciones de Sheinbaum de suceder en el cargo a Obrador.
El julio pasado cuando le preguntaron a Muñoz Ledo cuál era su mayor deseo de cumpleaños, respondió: “ver una mujer presidenta de México”. Bueno, no era una novedad, de eso ha publicado artículos en la prensa desde el arranque de la cuarta transformación. Incluso en una entrevista con El Universal 16/10/2018
(https://www.eluniversal.com.mx/…/falta-poco-para-que-haya-p…)
Por eso no causó sorpresa la declaración que hizo en una entrevista con el periódico El País cuando señaló: “Marcelo Ebrard, está ansioso, ganoso, desembocado para ser presidente de la república. En todos sus actos lo demuestra. (…) Que se cuide. Perdóname, Marcelo, pero te vas a ir del partido si sigues así. Yo me comprometo. Te vas”.
Las palabras de Muñoz Ledo tienen una fuerte connotación porque se trata de una auténtica declaración de guerra contra Ebrard.
Lo cierto es que Obrador perdió el control de Morena. El simple hecho de que se hayan presentado más de medio centenar de aspirantes a la dirección del partido, más que una pluralidad, refleja el desorden y el choque de posiciones de las tribus, peor aún que en los tiempos del PRD, que acabaron por matar al partido.
En el Congreso los legisladores de Morena se manejan lejos de la disciplina partidista. Las propias iniciativas presidenciales no han sido atendidas en tiempo y forma. Obrador mismo ha regañado públicamente a los líderes de diputados y senadores. De a poco el tabasqueño ha ido perdiendo el control, no solo del partido y de sus bancadas, sino en el gabinete mismo.
La futura sucesión presidencial ya llegó, ya está aquí.
Hasta la recámara presidencial llegan las disputas por ambiciones familiares, donde aparece la sombra de la intriga de Agustín Gutiérrez Canet, aliado de Muñoz Ledo y promotor de Sheinbaum.
Habrá que esperar el desenlace de esta comedia que involucra lo que queda del liderazgo de Obrador, ver quiénes se hacen del control del partido y los resultados de la elección, que de resultar adversa a Morena, el sueño de la cuarta transformación se derrumbará como un castillo de naipes.

Por si a algún morenista le interesa: las opciones de Morena como partido

  



Carlos Ramírez

 

Aunque nadie parece asumirlo así, la elección de la próxima dirigencia del partido Morena va a definir lo que hasta ahora no se ha querido decidir: qué es Morena como partido político.

Las opciones de Morena están a la vista:

1.- Una restauración de un PRI como partido-sistema en cuyo seno se controlaba (versión de José Revueltas) la totalidad de las relaciones sociales.

2.- Un partido de la inexistente izquierda basado en una clase obrera inexistente para dotar al Estado de una columna vertebral orgánica en cuanto a definiciones de clase.

3.- Un partido lombardista izquierdista por fuera y conservador-empresarial por dentro.

4.- Un movimiento social de apoyo sólo al líder social López Obrador.

5.- Un micro partido que cambie el sistema político de un partido dominante a una alianza de varios partidos para impedir la partidocracia.

6.- Una agencia electoral para distribuir el poder entre lealtades y rifas-sorteos y no entre representantes de grupos, corrientes, ideas o tendencias.

Los morenistas no están discutiendo ideas o proyectos, sino personalidades construidas en torno a suposiciones partidistas personales. Y los candidatos a dirigir a Morena se representan, antes que otra cosa, a sí mismos, sin entender, además, de que López Obrador no tiene interés en un partido fuerte porque ya lo hubiera consolidado, sino que quiere un partido achicado para ceñir al ámbito de la presidencia de la república la administración de las relaciones de poder, de las relaciones sociales y de las relaciones de producción. Por lo tanto, parece que sólo Yeidckol Polevnsky y Mario Delgado han entendido el modo lopezobradorista de partido y por ello podrían ganar la contienda. En el otro extremo, Porfirio Muñoz Ledo crearía un partido contra el presidente de la república.

López Obrador está dejando sueltos a los morenistas para ir midiendo las corrientes dentro del partido y la distancia leal/desleal con el jefe del movimiento, sobre todo ante la expectativa de que el proceso normal --salvo sorpresas-- no llevará a la reelección presidencial, pero alguien tendrá que ser el candidato de Morena y habrá de hacerse cargo del partido. Al final de cuentas, el verdadero legado de López Obrador se conocerá después de que haya dejado la presidencia.

Pero a todos se le ha escapado que Morena se encuentra en el escenario de una sociedad política en reorganización casi total. Morena nació del PRD y éste salió del Partido Comunista Mexicano y existe dentro de Morena una corriente especial comunista --pasiva hasta ahora, pero podría despertar-- que sabe de política de partidos que tiene la idea de un partido leninista y que considera al partido como la organización de la clase obrera --hoy inexistente-- para definir un proyecto socialista.

Morena va a definir su rumbo 2020-2024 en la elección de dirigente, si acaso se completa el proceso legal para hacerlo o se regresan a las argucias leguleyas para ir posponiendo la renovación. Si López Obrador pierde el control del proceso y la encuesta organizada por el INE escoge al menos indicado, entonces el presidente de la república podría cumplir su amenaza de salirse del partido para construir otra corriente que sea la que opere las candidaturas de sus piezas legislativas para el 2021 y la de su candidato presidencial en el 2024.

Hasta ahora el más desbocado --en velocidad y en verborrea-- es Muñoz Ledo, quien ya amenazó a Marcelo Ebrard con echarlo del partido y expulsar al mismo tiempo nada menos que al jefe legislativo de los diputados Mario Delgado, dos piezas clave del primer círculo de poder lopezobradorista, como para enviar el mensaje de que Muñoz Ledo quiere aislar al presidente de la república para que el poder presidencial real lo tenga él como jefe de Morena…, finalmente, después de su fracaso de 1975 y 2000.

 

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