martes, 7 de julio de 2020

AMLO-EU: del nacionalismo defensivo al pragmatismo sin agenda estratégica

Carlos Ramírez

 

El error en el análisis sobre la reunión del presidente López Obrador con el presidente Donald Trump no radica en lo obvio: el uso que le dará el anfitrión dentro de su campaña electoral. Lo más importante radica en el hecho de que por primera vez México carece de una agenda estratégica con los EE UU.

La falta de esa agenda estratégica y la laguna de enfoque geopolítico en la diplomacia tribal del canciller Marcelo Ebrard Casaubón llevaron al error de pedir el apoyo de Trump en la pandemia --ventiladores--, cuando la agenda estratégica exigía una sana distancia del imperios ante la agenda real: migración, la Guardia Nacional resguardando los intereses de Washington en las fronteras mexicanas, la falta de iniciativas en las correcciones del Tratado de Comercio, el intervencionismo de las agencias de inteligencia y seguridad nacional en el narco en México y las presiones para mantener negocios dentro del Tratado.

En los más de doscientos años de relaciones bilaterales --primero como posición española y luego como república--, México definió sus relaciones con la Casa Blanca con tres principios: el conflicto histórico por la perdida de la mitad del territorio en la invasión de 1847, la vecindad imperial basada en la frontera estadunidense con el sur latinoamericano en el Suchiate y no en el Bravo y la desconfianza.

México pasó del nacionalismo activo hasta principios del Siglo XX al nacionalismo defensivo --concepto de Lorenzo Meyer-- y de ahí saltó el entreguismo totalizador que exigió el Tratado de Comercio libre firmado por el presidente Carlos Salinas de Gortari en 1993 y ratificado en sus términos formales --comercio-- y en sus términos estratégicos --geopolítica del imperialismo estadunidense-- por los presidentes Enrique Peña Nieto y López Obrador.

El Tratado en sus dos versiones --el firmado por Bush-Clinton y el revisado por Peña-López Obrador-- se basó en el Memorándum (Proceso 758) del embajador estadunidenses en México en 1991 John Dimitri Negroponte --el más poderoso jefe de los servicios de inteligencia y seguridad nacional de la Casa Blanca--, en el que se fijó el parámetro estratégico del comercio como eje de la dominación imperial:

“Desde una perspectiva de política exterior, un TCL institucionalizaría la aceptación de una orientación norteamericana en las relaciones exteriores de México”.

Y así fue. El sometimiento de la histórica política exterior mexicana con principios estratégicos de seguridad nacional en función de los intereses mexicanos se enterró a finales de 1989, iniciadas ya las negociaciones del Tratado, con el apoyo de México a la invasión de los EE UU de Panamá para arrestar al jefe del ejército panameño --paradójicamente agente de la CIA durante el año en que George Bush Sr. dirigió la agencia--, violando la soberanía panameña.

El Tratado que rige la totalidad de las relaciones bilaterales --en lo económico y en seguridad nacional-- se firmó en función de las propuestas de la Comisión Binacional México-EE UU que concluyó en 1987 que México debería cambiar sus enfoques históricos y educativos sobre los EE UU desde la educación. Los gobiernos de De la Madrid y Salinas cumplieron con esa recomendación.

Y ha querido la realidad exhibir el desdén estadunidense a los enfoques de vecindad del Tratado con una política migratoria militarizada, agresiva y racista que México, hasta ahora, no se ha atrevido a condenar. En plena revisión del Tratado Trump se dedicó a insultar, criminalizar y deportar a mexicanos sólo por consideraciones sociales, sin que los gobiernos de Peña Nieto y López Obrador pudieran o quisieran impedirlo o cuando menos disminuir su agresividad.

El Tratado salinista anuló la agenda estratégica de la política exterior mexicana y el gobierno de Trump ha definido la suya con criterios racistas, de explotación de recursos y de desdén.

El nuevo gobierno del presidente López Obrador y del canciller Ebrard debió de haberle dado prioridad a la definición de su agenda estratégica con los EE UU, inclusive sin agresividad ni confrontación, pero sí con la ratificación de los principios históricos reales de la diplomacia de colaboración-resistencia-defensiva.

Esta semana, sin esa agenda estratégica mexicana, se dará la reunión de López Obrador con Trump.

 

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domingo, 5 de julio de 2020

CJNG: droga o narco-Estado como las FARC; El Mencho sólo es un matón


Carlos Ramírez

 

Las amenazas del presidente Donald Trump de caracterizar a cárteles mexicanos del crimen organizado como terroristas ha tenido detrás un expediente de inteligencia contra el Cártel Jalisco Nueva Generación y contra el Cártel de El Chapo. Estas organizaciones criminales transnacionales mexicanas que operan de manera masiva dentro de los EE UU estarían llegando a ser grupos con propósitos políticos como la narcoguerrilla de las FARC colombianas.

La Operación Python de la DEA en marzo arrestó a más de 600 efectivos del CJNG, pero esa ofensiva antinarcóticos ya cruzó la frontera sur y está en México. Algunos expertos en análisis de seguridad señalan que en los EE UU tienen la impresión de que la estrategia mexicana de seguridad publica --que ya no busca desmantelar y descabezar los principales cárteles-- ha permitido la expansión del narco hacia territorio estadunidense.

Los expedientes sobre el CJNG y su líder Nemesio Oseguera Cervantes están acotados y se carece de información de inteligencia sobre su evolución y reforzamiento directivo. La versión de que El Mencho está enfermo, retirado o muerto no ha sido corroborada, tampoco se tienen datos de la reorganización de la élite dirigente del grupo, salvo algunos nombres más o medio conocidos. La versión no oficial es que hay nuevas cabezas dirigentes en el cártel y con mayor capacidad de análisis político.

A pesar de esa presunta debilidad del CJNG por la falta de atención de tiempo completo por parte de El Mencho, el cártel no ha detenido su fase de expansión violenta en toda la república y en los EE UU. Pero lo que más ha llamado la atención ha sido el uso de algunas técnicas de violencia que se salen del marco de referencia de una banda delictiva que lucha por control de plazas territoriales. No es lo mismo atentar contra un jefe policiaco local que se niega a colaborar en un espacio territorial menor, que intentar asesinar al secretario de Seguridad de la capital de la república gobernada por una de las preferidas políticas del presiente López Obrador o amenazar el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, sólo por “no estar jalando”, como si el poder de fuerza del CJNG necesitara de tan altos funcionarios en zonas donde los nervios del grupo en realidad operan sin freno y extendiéndose. Es decir, no necesitan de un pacto con esas altas autoridades. Por tanto, amenazas y agresiones tienen otro objetivo.

Las tácticas del atentado contra el jefe Omar García Harfuch o las amenazas contra el gobernador Alfaro y varios miembros del gabinete son propias de organizaciones políticas, no criminales. El cumplimiento de las amenazas contra esos dos altos funcionarios hubiera conducido a una operación gubernamental de exterminio contra el grupo criminal. Y si bien la capacidad de fuego del CJNG es superior a las policías locales, la Guardia Nacional con el apoyo de las fuerzas armadas podría casi aplastarlo como respuesta.

El atentado contra el jefe policiaco del gobierno de CDMX alertó más a las organizaciones estadunidenses de inteligencia y seguridad nacional, porque en los EE UU hay una recompensa de 10 millones de dólares por El Mencho. En la comunidad de inteligencia de Washington no les preocupa Harfuch porque no es un cuadro que hayan entrenado ni que participe en los enlaces bilaterales, sino que llamó su atención que el CJNG haya pasado a técnicas de guerra que también pudiera aplicar dentro del territorio estadunidense donde el cártel de El Mencho está siendo acotado por la policía.

La presión estadunidense sobre el gobierno mexicano por el CJNG y El Mencho va a seguir creciendo porque esa organización criminal pudiera llevar su guerra a las calles de los EE UU. En la lógica analítica estadunidense están procesando la información del CJNG con elementos de un reacomodo en la dirección operativa del grupo criminal a partir de sus operaciones: pasar de lucha contra cárteles menores locales a provocaciones contra el Estado amenazando a secretarios del gabinete presidencial y atentando contra el jefe de la policía de la capital de la república. La dimensión de esos operativos contra figuras del Estado en su primer nivel rebasa la capacidad de El Mencho y conduce a decisiones de disputas por el poder con el Estado que requerirían de reflexiones más de guerrilla anti Estado que de criminales.

 

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Contracolumna OBRADOR, EL VIAJE DE LA IGNOMINIA ¿Y LOS SENTIMIENTOS DE LA NACIÓN?



JOSÉ MARTÍNEZ M.

El próximo miércoles el presidente Obrador y su homólogo Donald Trump se reunirán en la Casa Blanca. Será “histórica” la visita. Un tanto por lo que representan, no por su investidura, sino porque ambos son los peores presidentes en la historia de sus respectivos países. Los dos han dividido a sus pueblos y comparten asimétricamente su desmedida ambición de poder.
Jamás un Presidente mexicano había sido humillado como Obrador. Es denigrante el trato de Trump con su visitante.
Expertos en la diplomacia, intelectuales, políticos, académicos y hasta periodistas han coincidido en lo delicado y riesgoso de la visita. Pero Obrador, acostumbrado a no escuchar, decidió correr los riesgos. Vaya, ni el canciller Ebrard que ha sufrido en carne propia las humillaciones de Trump, lo pudo convencer.
En primer lugar Obrador no recibirá el trato de un jefe de Estado. Se le negó ocupar la residencia para huéspedes de la Casa Blanca bajo el pretexto de que la “Casa Blair” está en “remodelación”.
La visita se programó desde la primera semana de abril. Incluso desde esos días el propio Ebrard anunció la visita. Normalmente un encuentro de tal envergadura se prepara con meses de antelación, como fue el caso. Pero hace unos días el embajador Christopher Landu le comunicó al canciller Ebrard que lamentaban no poder atender al presidente Obrador en la “Casa Blair”, a cambio le ofrecieron hospedaje en un hotel con todos los gastos pagados para el Presidente y su comitiva.
Está claro que el encuentro es un evento más de la campaña para la reelección de Trump.
El año pasado, cuatro meses después de haber asumido su mandato, Obrador se reunió en la Ciudad de México con Jared Kushner, asesor y yerno de Trump. Fuera de todo protocolo, Obrador atendió al enviado del presidente estadounidense en la casa del vicepresidente de Televisa, Bernardo Gómez. En ese encuentro estuvo presente el canciller Ebrard.
¿Por qué la visita oficial de un enviado del presidente Trump se llevó a cabo en la residencia de un ejecutivo de Televisa y no en Palacio Nacional? Hasta ahora no hay una explicación coherente sobre ese encuentro en una propiedad privada. Lo único que sabemos es que Bernardo Gómez es integrante del Consejo Asesor de la Presidencia.
Al día siguiente de ese encuentro, el presidente Obrador dio a conocer en la “mañanera” que tras las paredes de la residencia del vicepresidente de Televisa se negoció una inversión de 10 mil millones de dólares y un acuerdo de cooperación para el desarrollo de Centroamérica. En el cónclave estuvo presente el encargado de negocios de la Embajada, John Creamer.
Desde entonces han pasado 15 meses y la pregunta es ¿dónde están los 10 mil millones de dólares en inversiones que ofreció Jared Kushner?
Lo cierto es que en la Casa Blanca no se toma muy en serio al presidente Obrador. Donald Trump suele bromear con sus allegados sobre la personalidad política del tabasqueño al que llama con el sobrenombre de “Juan trump”.
No es extraño el trato de Trump hacia Obrador.
“Como te ven, te tratan”, dice un sabio refrán. Obrador no ha sabido estar a la altura de su responsabilidad. Se queja de ser el presidente más maltratado en la historia del país. Lo cual es cierto. Basta un simple vistazo a las redes sociales donde su investidura es rebajada a una simple caricatura. Eso también lo sabemos. Pero él asumió ese papel desde el primer momento en que se colocó la banda presidencial sobre el pecho.
Vaya, ni Vicente Fox en su momento hizo tal ridículo como Obrador. El tabasqueño inició su mandato con una “limpia” por unos chamanes y ahí comenzó su gobierno convertido en un carnaval.
Luego se quejó de que no iba dejar “ningunear” la investidura presidencial cuando se negó a recibir al poeta Javier Sicilia y a Julián LeBaron tras la caminata por la Paz.
Ahora Obrador va a la Casa Blanca con la investidura presidencial convertida en traje de hawaiana.
¿A qué va? No hay una respuesta coherente. Él dice que el tema principal será el T-MEC, el nuevo tratado comercial, pero este ya entró en vigor el 1 de julio y no hay nada más que agregar.
Ya sabemos que se trata del viaje de la ignominia.
En la coyuntura y las condiciones actuales la vista es una ofensa al honor y la dignidad de la auténtica investidura presidencial.
Es una injuria y una vergüenza, por indigna la visita de Obrador a Trump.
Atestiguamos cómo Peña Nieto cometió un grave error al recibir a Trump en Los Pinos, al otorgarle indebidamente, un trato de una visita oficial a un candidato. No era para menos, si el jefe de la diplomacia de ese gobierno, Luis Videgaray admitió que llegó a la Cancillería a aprender. Pues lo mismo ocurre con Ebrard.
Obrador y Ebrard han puesto por los suelos la investidura presidencial y el prestigio diplomático de México.
Los favores de Trump están saliendo muy caros.
Con “ayuda” de Trump México acordó ante la OPEP reducir la producción de petróleo. La negociación de aranceles a cambio del cierre de las fronteras es otro agravio de Trump.
¿Qué hay que agradecerle a Trump?
Obrador va a Washington a respaldar la campaña del republicano. Que no quepa la menor duda.
Históricamente México ha sido agraviado por Estados Unidos. Nos ha despojado de una buena parte de nuestro territorio. Nos ha invadido, nos ha declarado la guerra, ha maltratado y explotado a nuestros connacionales. Su ejército llevó a cabo la peor humillación que ha sufrido nuestro país en su historia al colocar en 1847 la bandera de Estados Unidos en Palacio Nacional, justamente donde ahora vive Obrador quien se asume como la reencarnación de Juárez.
La pregunta es: ¿Y los Sentimientos de la Nación?

viernes, 3 de julio de 2020

Contracolumna ¿POR QUÉ NO SE VA?

    

JOSÉ MARTÍNEZ M.

Existen las condiciones para someter al presidente Obrador a un juicio político por el manejo irresponsable ante la pandemia.
Su gobierno ha jugado con la vida.
Hemos llegado a un punto crítico con demasiado evidencia para actuar ahora, quizás podría ser peor si actuamos más tarde.
Las cifras de los muertos por el Covid -19 lo colocan en una situación incómoda.
Arrogante, violó la disciplina interna del gobierno al pasar por encima de las recomendaciones sanitarias del Consejo General de Salud.
Existen evidencias de que mintió a la opinión pública. Puso en riesgo la salud de los mexicanos.
Y todavía tuvo el descaro de emprender una campaña política bajo el disfraz de “giras de trabajo” cuando el país en pleno se encontraba bajo el “semáforo rojo”.
Desde el principio asumió la pandemia como un asunto banal, como un mal menor, como un problema de poco interés y trascendencia y ahí están las consecuencias de su frivolidad.
Todos atestiguamos como azuzó a la gente a salir, mientras él delirante se protegía con sus fetiches y se refocilaba con una expresión reprobable, como la que dijo, al señalar que “la pandemia nos cayó como anillo al dedo”.
Todavía el lunes 11 de mayo, cuando se registraban apenas 3,465 fallecidos por el covid -19, tuvo la desfachatez de declarar que se había “aplanado la curva”. Resultó falso. Hasta ahora suman 30 mil muertos, aunque el vocero de salud, Hugo López-Gatell ha admitido que la cifra podría ser mucho mayor, la cifra podría rebasar los 60 mil e incluso llegar a un número mucho mayor.
El presidente Obrador y su vocero de la pandemia están obligados a rendir cuentas.
Jurídicamente –y eso lo saben los expertos en materia jurídica– se puede exigir y votar la revocación de su mandato por su irresponsabilidad ante la crisis sanitaria.
Desde un principio se cuestionó la tenebrosa Guía Bioética y el Triaje por ser completamente inconstitucional. Se le advirtió al gobierno y la propia UNAM se deslindó como parte del Consejo General de Salud.
La guía –se insistió– atenta contra el derecho elemental de la preservación de la vida.
Es violatoria del Artículo 1, Constitucional de los derechos humanos.
Es violatoria del derecho a la Salud, previsto en el Artículo 4, Constitucional.
El Triaje, al decidir a quién no le ponen el aparato Respirador u otro que pueda salvar la vida, incurre en probable responsabilidad penal con sus agravantes.
Desde luego que procede el Amparo plenamente. Y hay incluso precedentes en este tema.
Da lugar a denuncias penalmente a quien resulte responsable desde el Consejo de Salubridad General que preside el Presidente y de quienes votaron a favor y para quien lo ordenó publicar y aplicar en lo general y en lo particular.
Primero se puede abrir un proceso nacional, igual contra cada funcionario que incurra en corrupción, violación de garantía y del Estado de derecho.
Sobran los argumentos en este tema, que van desde los ajustes draconianos al sector de la salud con los ajustes al presupuesto hospitalario, reajustes al personal de la salud y después la contratación desesperada de especialistas médicos y enfermeras, así como la contratación de personal médico del extranjero sin la capacitación ni la preparación pertinente, como es el caso de los médicos cubanos, la insuficiencia de medicamentos ni equipo médico y la improvisación de infraestructura médica.
Y aún peor, el Presidente posando para actos de propaganda en un hospital como escenografía teatral con falsos pacientes.
Aun cuando Obrador dispone del manto protector del Congreso donde predomina y manda la mayoría de Morena para evitar un juicio político, queda la posibilidad de exigir la revocación de su mandato de acuerdo a las últimas reformas constitucionales conforme a lo establecido en los artículos 35, 36, 41, 73, 81, 83, 99, 116 y 122 de la Constitución con el propósito de que la ciudadanía tenga instrumentos legales, para decir, al término de la mitad de su gobierno, si el Presidente, algún gobernador o un alcalde puedan seguir en sus cargos.
Lo importante es de acuerdo a las modificaciones que se hicieron a la propuesta original es que ni el jefe del Ejecutivo ni el Congreso podrán solicitar la revocación, derecho que solo los ciudadanos podrán hacer valer a través del INE. Para tal efecto solo se requiere el 2% de los electores para ser convocada una consulta ciudadana y entonces sí en una consulta nacional votar sobre su permanencia o la revocación de su mandato.
Es por eso que Obrador ve al INE como un “enemigo”. El INE con el respaldo ciudadano pueden poner un hasta aquí al Presidente.
Es suficiente con una petición suscrita por 2 millones de ciudadanos al INE para actuar. El asunto es cuestión de saber encauzar la indignación de la gente ante un Presidente pequeño al que le quedó muy grande el cargo.

jueves, 2 de julio de 2020

El gobiernista El País viene otra vez a México a vender espejitos


Carlos Ramírez

 

Luego de haber fracasado como modelo de negocios asociado a connotados miembros del grupo mexiquense de Enrique Peña Nieto, ahora el periódico español El País anuncia una segunda incursión en México para vender otra vez espejitos de periodismo.

El periodismo de El País nació del centro del falangismo franquista español con el empresario Jesús Polanco, pero ha derivado en una empresa comunicacional servicio del gobierno en turno, sea de izquierda o derecha, porque las finanzas del imperio Prisa han dependido de los fondos públicos: en la presidencia del conservador Mariano Rajoy fue la vicepresidenta del gobierno Soraya Sáenz de Santamaría el poder dentro de El País y hoy es el asesor del gobierno socialdemócrata de Pedro Sánchez, Iván Redondo, el que toma las decisiones.

En este sentido, el periódico El País no es la catedral del periodismo en castellano, sino apenas una capilla del poder político de España. Por la crisis económica el accionista principal es el fondo buitre Amber Capital. Y para que no haya duda de los poderes reales detrás de El País, el presidente no ejecutivo de Prisa (un cargo más bien simbólico, que refleja la crisis de propiedad y de poderes dentro del consorcio) es Javier Monzón, quien a la vez es consejero del Banco Santander, propiedad de Ana Botín, lo que implica que el dominio accionista de El País revela poderosos intereses financieros españoles.

El reciente cambio de la directora Soledad Gallego Díaz por Javier Moreno, que ya fue director, ha sido calificado por el periódico El Español como indicio de una crisis laboral en el diario por el desplome de circulación y publicidad, pero también por el reacomodo de grupos de poder. El sitio El Confidencial ha contado la historia de como el asesor Redondo, operador del presidente Sánchez, quiere el total control del periódico El País.

Todo el tinglado alrededor de El País tiene que ver con el hecho de que el consorcio Prisa fue construido por el falangista Jesús Polanco para entregarlo de manera simbólica a los gobiernos de la transición como un periódico progresista, Sean del Partido Popular o del PSOE, los operadores de El País usan el periódico como diario oficial del gobierno en turno,

En este contexto, El País tuvo una edición en México en alianza con el empresario mexiquense Roberto Alcántara, operador del presidente Peña Nieto. La victoria de López Obrador obligó a El País a cerrar su edición impresa y quedarse en digital. Hoy El País amplía su redacción en América y vuelve a poner su edición local, El País México, sólo que ahora digital por el alto costo de la impresa. Para ello ha armado una redacción numerosa y ha comenzado a contratar columnistas y articulistas mexicanos.

La estrategia de El País ha comenzado con la contratación de colaboradores del sector crítico al gobierno de López Obrador, pero también está jalando a algunos aliados, como el periodista Jorge Zepeda Paterson en una función simbólica de consejero del Príncipe desde sus artículos. Por ahora, la presencia de El País ha estado ocupando los espacios de información, análisis y reportajes que antes tenían los medios mexicanos, pero ahora en situación crítica por el desplome de la publicad gubernamental y dependiendo sólo de articulistas y columnistas críticos.

El periódico El Pañis ha explotado mucho su vertiente de diario de la transición democrática española, aunque nació un par de años antes de la muerte de Franco. La aparición de El Pañis fue avalada por el propio Franco y por su ministro de Gobernación, el conservador Manuel Fraga Iribarne. Por posición ideológica, El País ocupó con recursos el espacio abierto con sacrificios, represiones y cárcel por otros periodistas críticos al franquismo. En enfoque político, El País ha quedado en el espacio de centro, inclusive en el lado derecho de la socialdemocracia europea y el lado izquierdo del conservadurismo. Sin embargo, su oficialismo ha sido evidente en los periodos del largo reinado del PSOE de Felipe González, aunque con buenas relaciones con el PP de Rajoy y el control político del diario por la vicepresidenta Sáenz de Santamaría.

Más que una propuesta de periodismo político progresista, El País en México ha sido un mecanismo de venta de espejitos. En España El País es el diario oficial del gobierno en turno, sea de derecha o de izquierda.

 

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Política para dummies: La política es el arte de vender espejitos en avances históricos de conquista.

 

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miércoles, 1 de julio de 2020

El Príncipe Bernardo chantajea a México en nombre de demócratas

 

Carlos Ramírez

 

La carta del embajador retirado y canciller delamadridista Bernardo Sepúlveda Amor pidiendo que López Obrador no se reúna con Trump forma parte de la lógica del viejo régimen priísta del nacionalismo revolucionario y del nacionalismo defensivo. Pero también puede considerarse, por el lenguaje chantajista de que México y López Obrador pagarán caro su apoyo a Trump, como una traición a los intereses nacionales mexicanos.

El dato mayor de ese documento se localiza en la intención del diplomático de que México se aleje del gobierno de Donald Trump y de las intenciones de reelección del presidente estadunidense y se afilie al grupo del candidato demócrata Joe Biden, vicepresidente de los dos periodos de Barack Obama.

Y ahí, en la sombra de Obama en la elección presidencial estadunidense de noviembre próximo, se encuentra el eje del gran debate presidencial estadunidense: los electores votarán entre dos racismos, el vulgar y abierto de Trump y el silencioso e igualmente dañino de Obama-Biden, quienes en su gestión en la Casa Blanca fueron los gobernantes que mayores deportaciones de hispanos han realizado, al grado de que, con mucha razón, Obama fue calificado por los hispanos como el deportador en Jefe.

Peor aún: Obama y su compañero Biden engañaron dos veces a los hispanos, a quienes les prometieron en cada elección una reforma migratoria para que votaran por ellos y luego los abandonaron en manos de la Migra. La peor calificación que tuvo Obama de los hispanos fue el voto a favor de Trump, después de dos engaños presidenciales.

La carta del Príncipe Bernardo --apodo puesto por Porfirio Muñoz Ledo para caracterizar el enfoque monárquico de la diplomacia de Sepúlveda-- de manera mañosa destaca la tendencia del voto de hispanos a favor de Biden, pero oculta las quejas que a lo largo de doce años expresaros las minorías por los malos tratos del gobierno de Obama.

Y en los años en que los demócratas mantuvieron la mayoría en la Cámara de Representantes, los hispanos tampoco vieron reformas migratorias. Este dato también es ocultado por el Príncipe Bernardo en su carta al canciller Marcelo Ebrard Casaubón.

En esa misiva el excanciller de Miguel de la Madrid exhibe un chantaje político muy a la manera estadunidense: si México apoya a Trump y Trump gana las elecciones, existe la posibilidad de que el Partido Demócrata tenga la mayoría en las dos cámaras y, “de ser ese el caso, el Partido Demócrata se encargará de pasarle la factura política a México, con nefastas consecuencias del caso”.

Esta frase es incriminatoria del juego sucio del Príncipe Bernardo contra México, aunque, de manera objetiva, sirviendo a los intereses demócratas estadunidenses. Es, para decirlo en pocas palabras, un chantaje: o México se distancia de Trump y López Obrador cancela su reunión o los demócratas, a la manera de los republicanos, le apretarán las tuercas al gobierno de López Obrador.

En este sentido, el Príncipe Bernardo aparece como el mensajero de los chantajistas demócratas. Porque Sepúlveda dice a renglón seguido: “si gana Biden la presidencia y el Partido Demócrata el congreso, los últimos cuatro años del mandato del presidente López Obrador habrán de transcurrir en un ambiente repleto de dificultades en la relación bilateral, en donde México sería el principal perdedor”.

La carta-chantaje del Príncipe Bernardo no tiene precedente en la diplomacia mexicana y refleja la subordinación de un diplomático mexicano a intereses estratégicos y de seguridad nacional de los EEUU: se trata de un texto que destruye su prestigio diplomático al presentarlo como denigrante mensajero de los chantajes demócratas. Y esa carta tiene también una lectura inversa: demócratas y Biden están desesperados por destruir alianzas de Trump --en este caso la de López Obrador-- porque aun tiene muchas posibilidades para ganar.

La carta al canciller Ebrard liquida el perfil diplomático de Sepúlveda al reducirlo a promotor vulgar de la candidatura de Joe Biden en México y a violar los principios de soberanía amenazando a López Obrador con castigos de los demócratas si ganan posiciones en las próximas elecciones.

De Príncipe arrogante, Bernardo Sepúlveda Amor quedó recudido a simple mendigo de los intereses geopolíticos y de seguridad nacional de Biden y los demócratas y del imperio estadunidense.

 

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Contracolumna • UN INFORME TRIUNFALISTA • AQUÍ NO HA PASADO NADA




JOSÉ MARTÍNEZ M.

¿De veras Presidente usted cree que vivimos en el país de las maravillas?
¡Qué romántico!, impresiona el candor de su discurso.
Discurso que a nadie conmueve.
Huecas las palabras, sin eco, sin sustancia. El enésimo informe presidencial fue como un corte de caja de un gerente no de un Presidente.
Lástima que Obrador es un presidente sin moral ni credibilidad.
Más allá de las cifras rimbombantes y prosopopéyicas, el informe vuelve al discurso del odio y la división.
En su mensaje político Obrador dijo que él gobierna enfrentando a la “reacción conservadora”.
Por lo demás el discurso del informe resultó del todo intrascendente. Sin embargo, no dejó de ser como el ruido o rumor de muchas aguas, donde pudimos constatar el cáliz de su ira.
Digan lo que digan, Obrador amenazó, en erigirse en el “guardián” de las elecciones.
Una lectura en tono fastidioso en el que aprovechó una y otra vez para recalcar sus “virtudes”. Un ejemplo de “honestidad”, un político que más de la mitad de la vida ha contado los centavos de su sueldo, que según él, apenas le alcanza para vivir, pero que no rinde cuentas de sus bienes ni de la de sus familiares. “No tengo nada”, se lamenta siempre justificando que toda su vida ha estado entregada a la “lucha de los más pobres”.
Ante el escenario de la crisis sanitaria con su legado de decenas de miles de muertos y ante el voraz desempleo, había expectación por escucharlo. Se esperaba un discurso a la altura de un país sumido en la desdicha, en la desesperanza y la sigilosa amargura, pero en la tribuna habló un líder adormecido, fiel copia de la realidad, en la idiotez habitual de los días que vivimos.
Confirmamos después de su prolongado informe, a un político que tiene una justificación para todo, de cómo siente y piensa un Presidente de su pisoteada existencia, un discurso como monólogo, que supone que vomitar excrecencias sin término es hacer verídica la política de su gobierno.
Todo está bien para él, su fin es acabar con la peste de la corrupción. No importa que toda su vida haya estado y siga girando en el centro de la corrupción. En su equipo de gobierno abundan los corruptos, los que al final terminaron aplaudiendo su discurso bajo la premisa de “vivamos como virtuosos aunque no lo seamos”.
Así, en un ambiente fúnebre, Obrador leyó su informe como si fuera un testamento. Un Presidente que se ahoga en sus palabras.
Un Presidente que presume los “logros” de su gobierno como si fuésemos el país que por primera vez pisara la luna o descubriera Marte, cuando se refiere a la construcción del tren maya sobre las ruinas y la chatarra de unas vías férreas abandonadas quién sabe cuánto tiempo.
Para él, su aeropuerto de la discordia y las refinerías serán las construcciones más importantes en la historia de la humanidad, más que la muralla china o las pirámides de Egipto. De eso está convencido.
Millones de mexicanos que escuchaban con asombro a ese hombre bonachón que leía las líneas de un discurso sin sustancia y que proyectan las palabras de un Presidente ajeno a la realidad ante una sociedad ofendida y con una interminable indignación contra su gobierno.
Políticos van, políticos vienen y en eso se nos va la vida…
Cada seis años aparecen personajes mesiánicos que ofrecen soluciones mágicas para el país. Obrador encontró un mercado electoral en las clases pobres a las que dirigió sus discursos tóxicos llenos de verborrea prometiéndoles el paraíso.
Con toda vehemencia podemos decir sin temor a equivocarnos que hasta la fantasía tiene límites.
Obrador sigue insistiendo, como lo pudimos constatar en su informe, en asumirse como un falso profeta. Todo lo que él hace está bien, atrás quedan cuatro mil años de historia. La corrupción fue cosa natural del pasado. Con él, el país ha cambiado.
Con él se inaugura una nueva liturgia. La eucaristía es todos los días de lunes a viernes con las mañaneras y en los múltiples informes de gobierno a lo largo del año, e igual en los días festivos y el descanso, a Obrador hay que quemarle incienso y las lámparas deben de alumbrar los caminos, para él son los salmos, los himnos y la música coral, las vestiduras y los rezos, él nos guiará y señalará a los mártires de la cuarta transformación.
Su informe no dejó lugar a dudas: Preside un gobierno perfecto. No hay fallas. Los muertos del covid -19 son una ofrenda para el progreso. Simplemente aquí no ha pasado nada.
Al final, Obrador reduce al país a una especie de califato. Su informe así lo constata.
Su ejercicio del poder de su autoridad va dirigido a su “comunidad” de fieles seguidores que siguen creyendo en él, en su modelo de país, los demás pertenecen a la “reacción conservadora”.