lunes, 12 de octubre de 2020

Porfirio o el patético fin priísta de un político del régimen priísta

 

 

Carlos Ramírez

 

En su carta de renuncia a la Secretaría de Gobernación, el veterano político Fernando Gutiérrez Barrios escribió una frase lapidaria: la sensibilidad de los políticos consiste en saber retirarse a tiempo. A 51 años de su primera incursión real en política defendiendo a Díaz Ordaz por Tlatelolco, Porfirio Muñoz Ledo quiere tomar por asalto la presidencia del partido Morena con el apoyo de los sobrevivientes de la Corriente Democracia del PRI para convertirlo en su cementerio de elefantes.

Muñoz Ledo llegó a muchas altas posiciones políticas dentro del régimen priísta siempre por efecto del dedazo superior, con cargo, eso sí, dicen, a su “inteligencia política”. Pero dice un dicho griego ya corregido que los dioses enloquecen a los inteligentes que van a liquidar, aunque, agregado de un veterano político y escritor oaxaqueño, “antes los apendejan un poco”.

El Muñoz Ledo de las altas posiciones de poder se la ha pasado en las últimas horas guerreando en redes sociales con el sólo argumento de que es el más inteligente que todos, es el que más posiciones de poder ha tenido y es el que merece por la vía del mérito, obtener lo que se le antoje, sin cumplir con las nuevas reglas del juego que, de manera paradójica, él mismo firmó respetar. Y lo hizo contra el joven politólogo Gibrán Ramírez de 31 años y luego contra el operador Mario Delgado que es, por función partidista, su jefe en la bancada de Morena en la Cámara de Diputados.

Pero así es Porfirio, quien por cierto se ha ostentado como licenciado en derecho en México sin haber cumplido con los requisitos legales de tesis, examen ni cédula profesionales y se pavonea con estudios de doctorado en Francia que también dice que obtuvo sin presentar tesis. Bueno, fue secretario de Educación del presidente López Portillo en 1977 un año, porque fue despedido por sentirse presidente de la república y desde ese cargo se pueden arreglar papeles educativos legales.

Lo peor de todo es que Muñoz Ledo carece de una propuesta ideológica de partido. Cuando presidió el PRI como premio de consolación en 1975 por haber perdido la candidatura presidencial que nunca le iba a dar el presidente Echeverría, Porfirio quiso convertirse al PRI en el “partido de los trabajadores”, teniendo como punta de lanza como jefe del proletariado mexicano a Fidel Velázquez, el responsable de haber liquidado el sindicalismo obrero como clase y consolidarlo como masa de acarreados sometidos a patrones y políticos.

Al final, parece que el sueño de Porfirio es terminar su ciclo político en el PRI, al que ayudó a Díaz Ordaz a transitar durante los días aciagos de la represión estudiantil del 68 y al que ahora quiere revivir en Morena. Y como no pudo cumplir con el procedimiento legal que aceptó, entonces regresará a sus tiempos del PRI de Gonzalo N. Santos en los que todo se arreglaba a punta de madrazos.

Pase lo que pase en Morena, Muñoz Ledo estará cerrando su ciclo político como un porro de la política y no como dice que siempre ha sido: hombre de inteligencia, astucia e ideas.

 

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EE. UU.: a 22 días de las elecciones. Un detalle extraño se percibe en los medios: todas las encuestas, todos los análisis y todas las previsiones dan por liquidado a Donald Trump, pero lo tratan como un candidato rumbo a la reelección. Y en estos días muchos medios revelan que Joe Biden está victorioso en las encuestas como Hillary Clinton en 2016, pero el día de la elección la mayoría de los 538 votos electorales que ponen presidente beneficiaron a Trump, a pesar de que perdió con 3 millones menos de votos populares. Y lo peor de todo es que casi todos los que piden el voto por Biden dicen que es muy malo, que va a decepcionar y que carece de temple de estadista, pero que el objetivo es que Trump no se reelija. O sea: más vale peor por conocer que malo conocido.

 

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domingo, 11 de octubre de 2020

Contracolumna • MORENA Y EL SÍNDROME DEL PESCADO • DISPUTA POR LA SUCESIÓN PRESIDENCIAL



JOSÉ MARTÍNEZ M

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Todo mundo asocia el infierno con el azufre. Y donde hay azufre huele a huevo podrido. Es lo que ocurre en Morena donde el ambiente es turbio e irrespirable producto de la descomposición política que se vive en ese partido. Hay una bacteria que contaminó a esa organización desde su fundación. Su origen está en las aguas turbias de los pantanos de la Macuspana donde todo es cenagoso.
El ambiente es tan turbio que seguramente el más experimentado de los buzos no se atrevería a sumergirse en esas aguas tan espesas y negras y muy contaminadas como el drenaje profundo. Los túneles, las alcantarillas y las tuberías de Morena están repletas de todo tipo de desechos humanos.
Durante más de dos milenios, hasta mediados del siglo XX se utilizó la palabra síndrome para designar ciertos trastornos etiológicos, pero su significado se amplió al incluir los estados patológicos caracterizados por una sintomatología compleja.
En el vocabulario médico se habla de la palabra síndrome cuando se presentan una serie de síntomas simultáneos, generalmente tres o más. Incluso hay referencias de herencia congénita. Y justamente eso es lo que ocurre en Morena, un partido creado por Obrador a su imagen y semejanza.
Uno de los síntomas de que algo anda mal fue el vacío de dirección desde la fundación de Morena, luego estalló una guerra de acusaciones por corrupción hasta llegar fragmentados a luchar por el control del partido. Se presentaron más de medio centenar de aspirantes a dirigirlo hasta llegar a una encarnizada confrontación entre los diputados Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado.
En su ambición por el poder han demostrado que están dispuesto a todo para alcanzar sus fines, entonces lo más razonable a estas alturas sería que los dos se batieran en un duelo para tratar de limpiar su honor, lo que signifique esa palabra para ellos, si es que para ambos ese concepto tiene algún significado.
Quien se haga del control del partido tendrá por delante un enorme desafío. Refrendar el triunfo de Morena en las próximas elecciones dotará el jefe de esa nomenclatura de un gran poder.
Pero las cosas no son tan simples. El que resulte el líder de Morena deberá contar con un coaching para mejorar la actitud mental de sus huestes. Y es ahí donde empiezan los problemas, todo por el maldito síndrome del pescado.
Todos sabemos que el pescado se pudre por la cabeza. Vaya, hasta lo dice un añejo refrán basado en la sabiduría popular. Y eso ocurre con el gobierno de la cuarta transformación y su partido a los que les pasa lo mismo que al pescado al pudrirse.
De las diatribas a los hechos, el gobierno de la cuarta transformación comenzó a pudrirse en la cabeza con los yerros del presidente Obrador por sus malas decisiones en todos los sectores del gobierno, desde la fallida estrategia antinarco pasando por los equívocos en materia de política económica y social hasta avanzar progresivamente hasta la cola. Es decir, al partido Morena. El país es un reflejo de lo que proyectan sus dirigentes y eso explica el conjunto de los malos resultados.
Vivimos la peor etapa en la historia del país pero el presidente Obrador se jacta que todo está “requetebién”, que la crisis pandémica “nos cayó como anillo al dedo” y que “el pueblo está feliz, feliz”.
Con un partido dividido y en decadencia, pero aún peor con una muchedumbre que confía a ciegas en su líder, el gobierno de Obrador está marcado por el fracaso.
Uno año después del avasallador triunfo de Morena, la revista Proceso publicó una portada premonitoria: “AMLO se aísla”… “El fantasma del fracaso”.
La respuesta de Obrador ya la sabemos.
Obrador desde el principio se jactaba que gobernar “no tiene ciencia” pero se equivocó y está pagando caro las consecuencias de su ineptitud y su arrogancia.
Franklin D. Roosevelt en su último discurso –dos días antes de morir– con motivo del “Jefferson Day”, acuñó una célebre y demoledora frase: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Estados Unidos vivía entonces la responsabilidad de su liderazgo en su intervención en la Segunda Guerra Mundial.
Lo malo de México en el contexto actual de su mayor crisis de su historia, es que Obrador resultó un presidente pequeño para un país con grandes problemas. De ahí, el síndrome del pescado.
La cuarta transformación se comenzó a pudrir desde la cabeza.
Es innegable que existe un progresivo desencanto en Morena y en el gabinete presidencial. Las renuncias de varios de sus principales colaboradores, comenzando por la de Carlos Urzúa, a la Secretaría de Hacienda hasta la de Jaime Cárdenas Gracia, al Indep, fueron porque no podían soportar “el olor del pescado pudriéndose”.
Lo que está ocurriendo en Morena es como la gangrena de la cuarta transformación.
En el fondo, la disputa es por la sucesión presidencial. Quien controle el partido nos dará una clara señal del perfil de quien ambiciona ser el sucesor de Obrador.
Lo de Porfirio Muñoz Ledo de obsesionarse por el control del partido es una bellaquería. Bajo el pretexto de una “superioridad” política e intelectual lo asume como un derecho a usurpar el poder del partido.

Morena: lo que dijo que sería, lo que no fue, lo que no le dejaron ser

 





Carlos Ramírez

 

Cuando el candidato Andrés Manuel López Obrador se hartó del maniobrerismo del PRD de Los Chuchos, su iniciativa fue crear un partido que cumpliera con tres objetivos: organizar a la sociedad marginada, construir un movimiento de movimientos sociales y ser un partido de izquierda. Un grupo de científicos sociales trabajó para Morena un proyecto alternativo de nación, pero luego de terminarlo fue desplazado por los dogmáticos y echado del parido.

Los diseñadores de ese programa de izquierda no eran arribistas, ni ex priístas, ni excomunistas burocratizados de la tumba egipcia del Partido Comunista Mexicano, sino especialistas en ciencias sociales que habían trabajado en las universidades una línea crítica al neoliberalismo salinista. El documento Plataforma Electoral 2015 quedó en el olvido, los redactores fueron marginados del nuevo partido y hoy la dirección política de Morena se disputa entre el diazordacista-echeverrista-lopezportillista-priísta Porfirio Muñoz Ledo, el neomorenista disciplinado Mario Delgado y la exempresaria desideologizada Yeidckol Polevnsky.

Uno de los pivotes del grupo redactor de la Plataforma como parte del Consejo Consultivo de Morena fue Julio Boltvinik, especialista en estudios científicos sobre la pobreza y redactor desde hace años de la columna Economía Moral los viernes en La Jornada. En las últimas semanas Boltvinik ha reactivado la revisión de esa Plataforma (disponible en http://www.julioboltvinik.org/wp-content/uploads/DOCUMENTO/MORENA/Plataforma_Electoral_MORENA_version_enero_2015.pdf) para convocar a la construcción de una verdadera alternativa al modelo económico actual que no ha podido romper --a lo mejor porque no ha encontrado con verdaderas opciones-- con el pasado populista y neoliberal histórico que viene desde la Constitución de 1824. En suma, se trataría de definir el camino de la izquierda en materia de un nuevo modelo de desarrollo, una nueva política económica y un nuevo Estado social.

Morena sería, en este sentido, la última oportunidad ya no para derrotar al PRI que agoniza entre el neoliberalismo salinista y el pragmatismo de José Murat Casab como verdadero líder del tricolor, sino para construir una opción de izquierda posneoliberal. La propuesta se basa en dos piezas fundamentales: democracia real o plena y propuesta de un pacto social y una nueva forma de combatir la inseguridad sin el apoyo de las fuerzas militares. Es decir, convertir la victoria de 2018 es un verdadero punto de inflexión o de ruptura con el viejo régimen que no ha muerto y que sigue prevaleciendo no sólo en la burocracia que ya se pasó a Morena, sino en el pensamiento político histórico que se sale del determinismo de las tres transformaciones anteriores.

El camino debiera comenzar con la descolocación de Morena de los espacios institucionales prevalecientes que lo someten a las reglas del juego institucional prianista y crear nuevos parámetros político-sociales. No se trata de mejorar lo existente, sino de construir una nueva propuesta republicana.

Morena, sin embargo, se ha desviado hacia el pragmatismo como movimiento de élites y no un partido programático e ideológico de izquierda. La nueva dirección del partido podría definir a Morena como un PRI revolcado.

 

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EE. UU.: a 23 días de las elecciones. Toda la maquinaria de poder del establishment estadunidense va contra Trump, porque la líder demócrata Nancy Pelosi mostró que el presidente sigue vivo en las elecciones y por eso quiere destituirlo aplicando la enmienda 25 para declararlo incompetente con la firma de la mayoría del gabinete. Pese a la andanada de la prensa que apoya de manera pública y en sus editoriales a Joe Biden, el saldo del debate entre vicepresidentes le falló a la demócrata Kamala Harris. El eje central de la campaña de Biden estará en el manejo del COVID desde la Casa Blanca, pero sin dinamizarse en la sociedad.

 

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sábado, 10 de octubre de 2020

Contracolumna • RÉQUIEM POR ABRAHAM GARCÍA IBARRA • COVID, POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS


JOSÉ MARTÍNEZ M.

Para Elva Elena Gárate y sus hijos, con mis sinceras condolencias por irreparable pérdida

Abraham García Ibarra fue un periodista combativo. Todavía en el estertor de la muerte asumió su destino fatal con lucidez. Se despidió de Mouris Solloum George –su entrañable compañero de batallas periodísticas en los últimos cuatro lustros– con un hasta luego, que sonaba más a una despedida fúnebre. Apenas hace cinco años Mouris y la directiva del Club de Periodistas de México le rindieron un homenaje por su larga trayectoria en su quehacer profesional que consistió en una medalla de oro macizo de 18 quilates. Varios compañeros del club hicieron una aportación voluntaria. Fue una manera de expresar el cariño por su viejo maestro que aún seguía trabajando con la pasión de un toro bravo a pesar de haber sufrido un infarto que lo puso en la antesala de la muerte. Ahora le tocó perder ante la parca como otras decenas de miles de mexicanos víctimas del Covid.
Convaleciente también por la pandemia, que lo puso al borde de la muerte, Mouris no pudo despedirse personalmente de Abraham porque también convalecía de Covid. Lo hizo por la vía telefónica. Después de dos meses de estar aislado de la familia y de trabajar en pleno confinamiento, atado a un aparato de oxígeno, Mouris apenas fue dado de alta este fin de semana. La libró. Estuve al tanto de la salud de Mouris cuando apenas había sido infectado por el coronavirus y se jugaba la vida en esa especie de ruleta rusa. Con dolor nos reímos de algunas anécdotas de Abraham quien seguía los sabios consejos de Renato Leduc, “un periodista que no huele a aliento alcohólico… es como una rosa sin aroma”.
Parece que fue ayer.
El año pasado Abraham estaba por cumplir 80 años el 23 de octubre. Días antes un grupo de amigos nos reunimos a desayunar en el Club France de la Ciudad de México. Al final nos quedamos en la sobremesa César Garizurieta Vega y yo. César me invitó a continuar la charla en su casa en la colonia Del Valle, bebimos unas copas de vino tinto y repasamos algunos apuntes de su padre César Garizurieta Erenzweig, mejor conocido por el sobrenombre del “Tlacuache”, un político y diplomático que además fue periodista y escritor y muy amigo del presidente Adolfo Ruiz Cortines, del que fue consejero.
El Tlacuache acuñó una frase que lo hizo célebre para su infortunio: “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”. Una expresión mal interpretada que derivó en un arbitrario estigma para su autor, y que en décadas no ha sido nada sencillo desenredar el equívoco.
En fin. En la charla Garizurieta hijo, nombró a varios amigos comunes. Así mencionó el de Abraham García Ibarra, a quien yo conocí en mis incipiente tiempo de reportero. Así nació nuestra amistad.
Garizurieta es abogado como su padre. Pertenece a la Sociedad Mexicana de Geografía e Historia y amigo de periodistas. Me propuso hacer un convivio para festejar a Abraham García Ibarra e invitó a varios colegas. Acordamos que no fueran más de cinco para poder charlar, propuse que la reunión se efectuara en mi casa. Garizurieta corrió las invitaciones y yo las reforcé personalmente. El día de la celebración todo estaba en punto. El menú y los tragos. A la mera hora nadie llegó. Mi familia y un amigo que se comunicó de última hora conmigo fue invitado de último momento. Vi a Abraham muy triste. Lo apapachamos y él se dejó querer. Partió un pastel, que ni siquiera probó y la comida, nada más picó. Bebió tequila tras tequila, lo acompañé hasta quedar exhautos. La memoria de Abraham era prodigiosa. Recordaba detalles con precisión de muchos temas. Con el cansancio y los lingotazos de alcohol se puso nostálgico rememorando viejos tiempos de su natal Sinaloa. Hablamos de Mazatlán y de Culiacán, donde yo viví durante un año cuando Miguel Ángel Félix Gallardo había dejado de ser el jefe de jefes y surgían los nuevos líderes del cártel de Sinaloa, entonces el Chapo daba sus primeros pasos decisivos que lo iban a llevar con el tiempo a la cumbre del narco, acumulando dinero y prestigio como mafioso. Una celebridad en el mundo del crimen.
Cuando yo nací, Abraham García Ibarra ya había pasado su primera prueba de fuego en el periodismo, oficio en el que se inició a los 15 años como asistente de linotipos y al poco tiempo se estrenaba como reportero en el periódico El Sol del Pacífico, en su natal Mazatlán. A lo largo de 65 años colaboró en los más diversos medios tanto electrónicos como impresos tanto en Sinaloa como en la capital del país.
En los últimos 20 años colaboró en las tareas del Club de Periodistas donde estuvo a cargo de la política editorial de la revista Voces del Periodista hasta el momento en que sufrió un infarto que lo puso con un pie en las garras de la muerte. Fue la mano derecha de Mouris Solloum en muchas de las tareas del club.
Abraham gozaba de la vida, decía que la mejor etapa de su vida como periodista había sido en el Club. Sin duda, ahí formó a varias generaciones de periodistas de todo el país que acudían a su ayuda. Se convirtió en el Maestro.
Me duele su muerte como las de otros colegas y decenas de miles de compatriotas más, que perdieron la vida a consecuencia de la pandemia.
En la mesa de mi casa siempre habrá un lugar para Abraham a quien conocí en la plenitud de su vida y al que ya viejo fue abandonado por algunos de sus amigos en los que él confiaba. Me duele su muerte como le duele a su familia, de la que eran parte Mouris y Celeste a quienes entregó un cachito de su vida.
Hoy doblan las campanas por Abraham y decenas de miles más en esta guerra perdida frente al Covid.

viernes, 9 de octubre de 2020

Contracolumna • EN RECUERDO DE RENÉ AVILÉS • EL LEGADO DE SU MAESTRAZGO


JOSÉ MARTÍNEZ M.


Para Rosario Casco con mucho cariño.

Hoy se cumplen cuatro años de la partida de mi querido Capitán Lujuria, mejor conocido como el Águila Negra. En noviembre próximo cumpliría 80 años.
Un artesano insomne que siempre se levantaba de madrugada para sentarse a trabajar, primero ante el teclado de una máquina de escribir, después lo haría ante la pantalla de una computadora para contar alguna historia o redactar algún artículo periodístico. Esa sería la tarea de todos los días de su vida desde su adolescencia. Un escribidor.
René Avilés Fabila nació para ser periodista y escritor. Su maestrazgo cubrió el horizonte de su fructífera existencia. En su larga trayectoria universitaria formó innumerables generaciones de periodistas y cobijó bajo su sombra a jóvenes escritores.
Un día de 1974 pasó por las aulas de la preparatoria número 2 donde concluía mis estudios preuniversitarios y con su presencia y agudo sentido del humor nos iluminó. René era un joven escritor que había cimbrado a la clase intelectual con su novela Los Juegos en 1967 y luego refrendaría su espíritu crítico en 1970 con su libro El gran solitario de Palacio sobre el movimiento estudiantil de 1968.
En aquella ocasión René nos habló de la obra de Jaime Torres Bodet, quien fuera uno de los conspicuos miembros del grupo de Los Contemporáneos y quien apenas en mayo de ese año se había suicidado ante el sopor del cáncer que padecía y con el que aprendió a convivir por más de tres lustros.
En buena medida mi incursión en el periodismo se la debo a René y a Marco Aurelio Carballo quienes me enseñaron algunos trucos y me advirtieron de los gajes del oficio, además de disfrutar de la amistad de ambos hasta el final de su existencia, relación que se afianzó a partir de mis primeros pasos como periodista.
René había publicado algunos cuentos y ensayos antes de su primera novela Los Juegos en 1967, una semana antes de cumplir los 27 años.
Emmanuel Carballo fue el que aceleró al editor Rafael Giménez Siles para que René escribiera y publicara su primera novela. René escribió un texto satírico de los personajes más emblemáticos de la cultura nacional. Al leerla, los editores la rechazaron. Ante la censura René se aferró a publicarla. Lo hizo con el poco dinero que tenía y con la ayuda de sus amigos. La publicación de la novela resultó un escándalo, desde entonces se convirtió en un personaje incómodo para la mafia de los intelectuales. El rencor de los afectados lo persiguieron hasta el final de sus días, cosa que a él jamás le incomodó, pues a cambio gozó a plenitud de su libertad de creación y su independencia intelectual.
En los últimos años de su vida disfrutó de innumerables homenajes, entre ellos, un doctorado universitario y la medalla Bellas Artes por su prolífica trayectoria.
Muchos de sus amigos nos concentramos en El Buho y en su fundación que lleva su nombre, invariablemente nuestras reuniones acaban en borracheras. Recuerdo, entre muchas, una comida en su cosa con La China Mendoza y el pintor Guillermo Ceniceros, cenas con el escultor Sebastián y el pintor José Luis Cuevas, lo mismo invariables encuentros con los escritores Carlos Montemayor y José Agustín y charlas extraordinarias con mi querido actor Carlos Bracho y Helena Paz Garro, la hija de la espléndida escritora Elena Garro y el poeta Octavio Paz.
Inteligente y astuto, con un espléndido y privilegiado sentido del humor, siempre afable y correcto, seductor por naturaleza, llevaba una sonrisa en los labios que lo distinguían de los demás, murió guapo y elegante sin conocer la “derrota miserable de la vejez”, como decía Paz.
Honesto a carta cabal, jamás permitió dejarse seducir por el poder. Todo pundonor, sin arrogancia, nunca se dejó vencer, criticó a los poderosos y a sus pares sin rencor ni malicia, por el contrario nos deleitaba con su ironía venenosa.
Recorrí con René y muchos otros de sus amigos las más prestigiadas universidades del país dando conferencias lo mismo que bebíamos en los más elegantes salones hasta las más modestas cantinas, bares y cabaretes celebrando momentos esplendorosos con putas maravillosas.
René se fue con la satisfacción del deber cumplido. Periodista tenaz, escritor prolífico y promotor incansable de la cultura. Maestro solidario y respetuoso de sus alumnos, dejó un enorme hueco en el corazón de sus amigos, que lo seguimos extrañando.
En el recuerdo quedan algunos viajes por el Caribe y fiestas con nuestras respectivas esposas.
En cierta ocasión René y el columnista Carlos Ramírez me acompañaron a presentar un libro en la Universidad del Caribe, en Cancún. Después de visitar Chetumal, Ramírez viajó de ahí a Chiapas. El gobernador nos facilitó un par de minúsculas avionetas destartaladas para trasladarnos. No sé cómo le fue a Carlos en su viaje pero a René y a mí nos puso a rezar el padre nuestro porque próximos a llegar nos quedamos sin combustible y aterrizamos con bien de puro milagro. La aventura nos cayó como anillo al dedo –como diría el clásico– porque tuvimos el pretexto para alzar un par de botellas de güisqui en señal de salud.
Concluyo estas líneas en homenaje del entrañable Águila Negra con una anécdota contada por uno de los mejores amigos de René, el periodista Rafael Cardona:
“En la página 201 de El reino vencido (su sexta novela), el personaje, Emilio Medina Mendoza, busca en la taberna a su tío Orlando, un misántropo borracho cuya lectura de infinitos libros se desahogaba en “La piedra del sol”. No lo encuentra pero sí se sienta en una mesa junto a Otto René Castillo y al poeta Alfredo Cardona Peña, de quien el gran René sería discípulo y amigo.
“Mucho tiempo después, cuando Alfredo Cardona Peña murió y por propia voluntad fue necesario llevar sus cenizas a Costa Rica, su patria, su hijo, Alfredo, René y mi hermano Miguel Ángel, decidieron darle cumplimiento a la petición del difunto.
“Y allá va la tercia con la urna en una valija. Tras nimios trámites aduanales y con el arenoso residuo poético a cuestas, en emulación de una película mexicana, se la toman por la libre y disponen un póstumo homenaje en trepidante lupanar de San José, en medio de música tropical y daifas de enhiestas pestañas color de madrugada.
“La pregunta a la mañana siguiente era terrible y dolorosa como un cuchillo en el corazón:
“—“¿Dónde está papá?”; preguntó Alfredo Cardona Chacón.
“—“No lo sé,” respondió Miguel Ángel Cardona Bolaños. Lo mismo dijo René Avilés Fabila.
“—‘¡Carajo!’, gritaron todos, tenemos que buscarlo, ¿dónde, dónde quedó Alfredo?
“Y con el sol inclemente de una resaca de pavor, los tres se fueron a hurgar en el silencio del congal, entre mesas volteadas y sillas patas para arriba; colillas, humos muertos, perfumes podridos de putas sin nombre ni pasado, el cómodo y callado sitio donde habían olvidado, en el más escandaloso de los desmadres, el cenicero final del querido tío Alfredo.
“Encontraron la urna dentro de la caja de un tambor.
“La limpiaron con las mangas del ron y el remordimiento del tabaco y sólo entonces le dieron cumplimiento a la última petición del poeta, quien alguna vez escribió en silencio:
“…otros vendrán, probando que la tarde, sólo se profundiza con la muerte…”
Salud, querido René, dónde quiera que te encuentres…

Amnesia de Porfirio: los dedazos son del presidente, no del partido

 


Carlos Ramírez

 

A la memoria del camarada Abraham García Ibarra,

compañero de lucha periodística contra la derecha

desde los tiempos de El Día

Entusiasmado por convertir la presidencia de Morena en la jefatura real del gobierno federal, Porfirio Muñoz Ledo sueña con convertirse en el dedo de oro (novela de Guillermo Sheridan) que decida candidaturas y ya desde ahora quiere ser el factor de la nominación presidencial del 2024.

Sin embargo, como siempre ha ocurrido, las designaciones de candidatos a cargos decisivos de elección popular son facultad metaconstitucional del presidente de la república. Lo debería saber Porfirio, porque en 1975 fue víctima de una jugada maquiavélica del presidente Echeverría para distraer a los suspirantes y dar el albazo con el destape de José López Portillo.

En sus memorias orales contadas a James Wilkie, Muñoz Ledo recuerda que hacia el final del proceso el presidente Echeverría se invitó a la casa de su precandidato y luego de un breve recorrido dijo: “no veo espacio para revivir comisiones”. Fue la señal, pensó Porfirio, de que sería el ungido. Pero luego Echeverría sentó a los precandidatos en el área laboral de Porfirio en la Casa del Obrero Mundial para ver un video, mientras en Palacio Nacional la CTM nominaba a López Portillo. Y luego Porfirio perdería la batalla contra De la Madrid en 1987 al intentar meter a Cuauhtémoc Cárdenas en la sucesión presidencial priísta.

El estilo de López Obrador para destapar candidatos se mueve en las mismas coordenadas. Cuando se había desatado la grilla para seleccionar al candidato del PRD a la jefatura de gobierno para el periodo 2006-2012 y ya el tabasqueño fuera de la administración por su precampaña presidencial, sus palabras mágicas fueron breves: “creo que el candidato debiera ser Marcelo” …, y Marcelo fue, el mismo Marcelo que hoy le quita el sueño a Porfirio. El mensaje ha quedado claro: el poder de decisión para designar al candidato presidencial del partido en el poder es del presidente de la república, salvo la impericia e ingenuidad de los presidentes panistas Fox y Calderón que no pudieron designar al candidato porque habían perdido el control del PAN.

Por eso Muñoz Ledo se autoengaña al suponer que el presidente de Morena le va a quitar al presidente López Obrador la facultad de poder de designar a altos cargos electorales. Si Ebrard está en el ánimo presidencial por las tareas primordiales asignadas, Muñoz Ledo ya comenzó a pelearse con Palacio Nacional aún antes de llegar a la presidencia de Morena al atacar al canciller y pedirle su renuncia. Y tampoco ha gustado en Palacio la intención de Muñoz Ledo de adelantar el 2024 en la agenda de Morena, cuando aún no se transita el 2021 y el 2022 de la revocación de mandato. Estos datos revelan que Porfirio es un pésimo telépata o está escuchando otras voces en su cabeza.

Mal fijó su campaña Muñoz Ledo al centrarla en el poder de Morena para fijar candidatos en 2021 y 2024, cuando en Palacio Nacional el proceso ya está terminado. A menos que Porfirio esté jugando hoy, como en 1975, el papel de patiño para ser, como en 1975, un presidente sumiso de Morena. Y peor cuando ya identificaron que Muñoz Ledo juega en la cancha sucesoria de Claudia Sheinbaum contra los demás precandidatos.

En síntesis, Morena no será un verdadero partido político, sino que seguirá como un movimiento de grupos sociales.

 

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EE. UU. a 25 días de las elecciones. Al final, la candidata a la vicepresidencia Kamala Harris no pudo dar el golpe final a Trump en su debate con el vicepresidente Mike Pence. La recta final será caminada por los demócratas con la crisis pandémica, mientras Trump va a abrir el espacio a la economía y el liderazgo.

 

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Política para dummies: La política se mueve por hilos de poder, no por mensajes telepáticos que vienen, en realidad, desde el más allá.

 

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jueves, 8 de octubre de 2020

Contracolumna • MARIO MOLINA, UN GIGANTE DE MÉXICO • OBRADOR, UN PRESIDENTE PEQUEÑO


JOSÉ MARTÍNEZ M.


Mario Molina es parte de la historia universal. Mexicano eminente, hijo de la Universidad Nacional Autónoma de México –donde se graduó de ingeniero químico– recibe las falsas condolencias de un presidente y su gobierno enemigos de la ciencia, la que ellos lamentablemente califican de “neoliberal”.
Molina, todo el mundo lo sabe, junto con otros científicos de renombre (Paul J. Crutzen y Frank Sherwood) obtuvo el Premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre el calentamiento global, por las amenazas que representan los gases de cloro, bromo, dióxido de carbono y otros elementos que dañan la capa de ozono de la Tierra, en el caso específico en el antártico.
En los últimos meses Molina estuvo machando para que el presidente Obrador –y otros líderes mundiales, como el presidente Trump– usaran el cubrebocas. Fue inútil su recomendación y lo peor fue la respuesta de Obrador quien asumió las palabras del científico como una crítica. “No lo voy usar porque no hay evidencia científica”, respondió ene veces el tabasqueño quien se salió por la tangente al señalar que iba usar el cubrebocas “hasta que se acabe la corrupción”.
El menosprecio de Obrador por la ciencia no va sola, la comparten su partido Morena y sus legisladores los que respaldaron con su voto aprobar la liquidación de un centenar de fideicomisos, entre ellos algunos vitales para la investigación científica y tecnológica.
Incluso Obrador llegó a calificar a los investigadores de “turistas” y “corruptos” en su pretensión por salir a seguir preparándose en universidades del extranjero.
Molina jamás anduvo blofeando de buscar pasar a la historia por sus investigaciones como Albert Einstein o el popular astrónomo Carl Seagan.
Los científicos no lucran con la gente, trabajan para la humanidad, son la otra cara de la moneda de los políticos.
Muchos científicos en México y otras muchas partes del mundo trabajan en precarias condiciones y no son bien remunerados a diferencia los artistas y los deportistas que viven para el entretenimiento en la llamada sociedad del espectáculo con sus escándalos como los políticos que gozan de privilegios y canonjías.
Ahí está el caso del inquilino de Palacio Nacional que vive con todos los lujos del mundo pero actúa como un hombre de la Era de las Cavernas. Ya sabemos que prefiere las antorchas y que detesta la energía solar porque afea los espacios naturales.
Por desgracia con el gobierno de la cuarta transformación vivimos una regresión. No alcanzar a comprender que uno de los caminos básicos para el desarrollo es fomentar la educación y la ciencia. El crecimiento económico y el progreso social van de la mano de los avances en la investigación científica.
Nuestros científicos son vistos con desprecio y están poco valorados. La propia responsable del Conacyt los señala de practicar una “ciencia neoliberal”.
Duele y lastima a la comunidad científica la hipocresía, las condolencias del presidente Obrador y su gobierno por el fallecimiento del doctor Mario Molina, una pérdida irreparable para la ciencia.
En cambio, la muchedumbre obradorista festeja las estupideces del tabasqueño. Un presidente que en lugar de apoyar a la ciencia, confía más en el esoterismo con sus hojas de trébol y sus estampitas de santos. “Detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”.
Seamos cínicos y no nos sintamos culpables de festejar a ese personaje que ha resultado un presidente pequeño para un país con grandes problemas. Un presidente que desde el principio hizo público que confiaba más en la magia que en la ciencia, con baños de ramas de pirul contra las malas vibras a cargo de chamanes.
Qué hacer cuando un político no entiende la más elemental de las ecuaciones.
Podríamos hacer un recuento de todas las estupideces del presidente Obrador, desde el “estamos aplanando la curva” y la frase desafortunada de “la pandemia nos vino como anillo al dedo” hasta el “gobernar no tiene ciencia”.
No hay un solo científico en el gabinete presidencial, lo que abundan son los charlatanes, Ahí está Gatell y su “estrategia” con decenas de miles de fallecidos por la pandemia. Un “científico” bueno es un decir) de escritorio que aplaude las ocurrencias del presidente en el que cree con una fe ciega.
Nuestra comunidad científica es una de las más pequeñas del mundo, menos de 50 mil (0.6 por ciento de los científicos del mundo) y nuestras publicaciones científicas son incipientes 0.9 por ciento de la producción global, según datos del último informe mundial de la Unesco.
Durante los últimos 20 años, la inversión pública en ciencia se ha mantenido casi constante en 0.3-0.4 del PIB con una participación privada también reducida, cuando la experiencia universal indica que se requiere alcanzar una inversión de al menos 1% del Producto Interno Bruto en este rubro, para que sus beneficios se derramen en la sociedad. De hecho, los países más desarrollados invierten entre dos y cuatro veces más que la recomendación mínima, con una relación entre la participación pública y privada que varía de caso en caso, pero que siempre corresponde a porciones considerables para el Estado y para la industria. Es lamentable que quienes han conducido al país no tomen conciencia del potencial de la ciencia como el motor principal para el desarrollo de México.
No existe un plan coherente para la inversión en educación, ciencia, tecnología e innovación (CTI), para lograr que nuestro país salga del mediano desempeño económico en que se encuentra.
Lo que sí abundan son las descalificaciones, “la ciencia neoliberal” y los ataques a los fideicomisos hasta darle el tiro de gracia.
Ahí están las palabras estúpidas del presidente (no se le pueden llamar de otra manera) cuando señaló a poco creen que “los científicos pueden ser corruptos. Ah, porque son investigadores ¿están exentos de cometer actos de corrupción? Está demostradísimo”. Y lanzó una serie de escupitajos contra “los científicos que apoyaron al Porfiriato”.
La política contra la ciencia ha sido arbitraria, recorte de 75 por ciento al presupuesto de los gastos generales, desaparición de fideicomisos por considerarlos una fuente de corrupción por su supuesta falta de transparencia, lo cual es verdaderamente falso.
Los expertos han señalado con claridad que los fideicomisos se utilizan para financiar, a mediano y largo plazo, actividades como la ciencia, el cine nacional, el deporte de alto rendimiento, la atención a emergencias como la sequía, ciclones o sismos. ¿Por qué? Están pensados para asegurar la disponibilidad de recursos en un largo plazo, que rebasa por mucho la temporalidad anual del presupuesto federal; un largo plazo necesario para la realización de fines socialmente deseables.
Es triste pero es nuestra realidad, en México el trabajo científico es pobre, no hay dinero suficiente destinado a los recursos necesarios para realizar investigaciones, no se promueve en los pequeños en sus escuelas, no se involucra a los estudiantes y a la población, no se estimula la participación en concursos, exposiciones, etcétera.
Pareciera que el presidente Obrador no tiene la más remota idea de dónde está parado. Ignora que la ciencia siempre es uno de los factores más importantes para el desarrollo de la sociedad y que la creación del conocimiento facilita el bienestar cotidiano de una comunidad para tener una mejor calidad de vida.
Hoy la figura de Mario Molina se engrandece y engrandece a México, mientras padecemos a un presidente pequeño que confunde Fenicia con Atenas.