viernes, 12 de junio de 2020

Contracolumna UN PRESIDENTE PARANOICO PARTE 2




JOSÉ MARTÍNEZ M.*

En nuestra historia política no se recuerda el caso de un personaje tan jactancioso como el presidente Obrador. No obstante que su gobierno y su partido son un desastre, el tabasqueño presume y alardea de sí mismo y de sus “cualidades”. No puede contener su vanidad y arrogancia. Es irrefrenable su deseo por exhibirse como un hombre incorruptible, aunque su entorno esté lleno de corruptos. A esta condición algunos le llaman “umbo centrismo” y su definición consiste en la incapacidad para ver más allá del propio ombligo.
Obrador reúne todos los rasgos de las personas paranoicas. Por ejemplo, cuando presentan las “pruebas” de algún hecho en el que se sienten víctimas, en la realidad no parecen creíbles.
Los paranoicos son obstinados, intolerantes, mantienen una racionalidad fría y una rigidez psicológica, así como un desprecio del otro. En el paranoico predomina la desconfianza que se manifiesta en un temor exagerado de la agresividad ajena y tienen la sensación de ser una víctima de la maldad del otro; son suspicaces y celosos.
La inseguridad de Obrador, no sólo demuestra su incapacidad para hacer frente a los grandes problemas del país. Eso explica, en buena medida, su inclinación por hacerse la víctima de supuestos golpes de Estado.
Ha recurrido al escándalo mediático para “denunciar” los supuestos complots en su contra. La primera vez que se habló de un supuesto “golpe de Estado” fue en 2006 cuando Felipe Calderón le ganó la elección por una mínima diferencia de votos de 0.1% (Calderón obtuvo 35.91% y Obrador 35.29%). Fue cuando Obrador se proclamó como “presidente legítimo”.
Ahí comenzó su delirio. Incluso esos trastornos aun no los ha superado.
Cuando Obrador arribó al poder el semblante le cambió pero no desapareció el trauma. Un año después tras su aplastante triunfo de las elecciones de 2018, el director del Canal 6 de Julio, Carlos Mendoza, “camarada” del vocero obradorista Jesús Ramírez Cuevas, realizó el documental “En Nombre de la libertad, 4ta transformación y Ultraderecha” para denunciar un supuesto “golpe de Estado blando” contra el gobierno de Obrador, cuyo argumento fue responsabilizar a las “campañas” en las redes sociales, como supuestas protestas convocadas por organismos financiados “probablemente” por Estados Unidos, así como “noticias falsas” para derrocar al tabasqueño.
Obrador sabe que no goza del consenso de los mexicanos y le preocupa sobremanera el comportamiento de las fuerzas armadas. El gran ridículo que sufrieron los militares se dio con la captura y liberación del narcotraficante Ovidio Guzmán, el afamado hijo del Chapo Guzmán. Un asunto que terminó en un espectáculo ruin que daño la imagen de los soldados mexicanos.
Días después de esos hechos, se dio el discurso del general Carlos Gaytán en el que hizo saber el sentir de las fuerzas armadas.
En un desayuno de la cúpula militar –donde estuvo presente el secretario de la Defensa Luis Crescencio Sandoval– se envío un mensaje al presidente Obrador quien parece no entender la importancia de las instituciones. El discurso del general Gaytán fue avalado con aplausos unánimes. Dijo Gaytán: “Nos preocupa el México de hoy. Nos sentimos agraviados y ofendidos como soldados”.
En ese discurso se mencionó las situaciones que afectan al México actual: el divisionismo, cuando menciona el general Gaytán: “Pero es imposible olvidar las experiencias del pasado, porque en los eventos donde existió la unidad nacional, el país pudo ver sus aspiraciones satisfechas y se construyeron los objetivos nacionales. En aquellos eventos donde dicho valor estuvo ausente, se perdieron territorio y soberanía, el pueblo resultó lastimado, la economía entró en crisis, y el país tuvo que emprender su recuperación, casi desde cero… Actualmente vivimos en una sociedad polarizada políticamente, porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda, que acumularon durante años un gran resentimiento”.
Es cierto cómo dijo otro general (Enrique Cervantes Aguirre) en su momento ante el presidente Zedillo: "Los militares no son fuerza económica, no se desempeñan como factor político ni como árbitro social".
Obrador ha cometido muchos errores respecto a las fuerzas armadas. Primero, como candidato responsabilizó al ejército de ser los autores de la masacre del 2 de octubre del 68, señaló también que los soldados fueron parte y cómplices de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, los responsabilizó de varias masacres en la lucha contra el narco y de una manera deningrante desapareció al Estado Mayor Presidencial en medio de descalificaciones.
Es evidente el viraje de Obrador respecto a las fuerzas armadas. Ahora comparte con ellos el poder y les ha asignado múltiples tareas, desde la construcción del nuevo aeropuerto, participarán en el tren maya, les ha entregado el mando único en la Guardia Nacional para encargarse de la seguridad pública y se les ha encargado la construcción de cientos de sucursales del llamado Banco del Bienestar, entre otras múltiples tareas.
Y para echarse a la bolsa al ejército, decidió acampar en las instalaciones militares durante la gira anti-sanitaria en busca de la promoción del voto con miras a las próximas elecciones.
¿Qué pretende Obrador? ¿Qué insinúa?
Recordemos que los seductores son perversos. Cuando actúan mal o piensan atacar, antes que todo buscan protegerse.
Es muy difícil engañar a nuestras fuerzas armadas. El falso complot para presuntamente derrocarlo con la BOA (Bloque Opositor Amplio), es una más de sus mentiras. Fue un montaje para distraer la atención de los malos resultados de su gobierno. Y con ello busca que las fuerzas armadas sean sus aliadas en su ambición por mantenerse en el poder más allá de su periodo constitucional, de acuerdo a su proyecto “bolivariano”.

*José Martínez M. Periodista y escritor.

jueves, 11 de junio de 2020

2021 + 2022 = 2024: polarización para construcción de bloques de poder



Carlos Ramírez

Sea cierta en su totalidad o a medias o producto de los sótanos del poder, al final de cuentas la organización BOA (Bloque Opositor Amplio) está reflejando una nueva realidad política: la disputa por el Estado a partir de la construcción de hegemonías o alianzas de grupos dominantes para apoderarse de los mecanismos para imprimirle dirección política a la nación.
En los hechos históricos, México nunca ha tenido partidos políticos reales y funcionales, por lo que la lucha electoral ha sido producto de dominios de las élites. La coalición priísta mantuvo el control del aparato de poder de 1929 a 2018, pasando por acuerdos con el PAN de 2000 al 2012.
La candidatura de López Obrador no fue disidente ni de alternativa, sino de cambio de élite y de reacomodo de prioridades sociales. Por eso la coalición lopezobradorista se mantiene de expriístas, poscardenistas, disidentes. El único grupo realmente disidente-alternativo es el que configuran unos pocos militantes del disuelto Partido Comunista Mexicano y su propuesta socialista.
Sin contar a los comunistas, todos los grupos y corrientes vienen del venero del proyecto histórico de la Revolución Mexicana, aún, inclusive los neoliberales salinistas. En todo caso, sólo varía el enlistado de prioridades sociales y estabilizadoras.
El escenario de aparición del BOA es el mismo que existió en 1994 con el modelo del choque de trenes por el zapatismo, el salinismo y la élite liberal intelectual (varios de ellos en la lista real o apócrifa o funcional del Bloque) y que alertaba la necesidad de un espacio de compensación para una presidencia de emergencia. Ya fuera que Salinas lo hubiera impulsado o se hubiera forjado en el análisis de sus miembros, el Grupo San Angel no representó a ningún partido político y sí dio funcionalidad a una élite intelectual-política que buscó construir una nueva alianza de poder o grupo hegemónico.
Sea real o no, el documento BOA agrupa a organizaciones, políticos, funcionarios, periodistas e intelectuales que de manera pública han expresado su critica a López Obrador y de un modo otro ha comenzado a influir en el voto contra de Morena en el 2021 y por la revocación del mandato presidencial (si procede, pese a carencia de reglas). Tres nombres saltaron hoy porque fueron piezas promotoras del Grupo San Angel-1994: Héctor Aguilar Camín, Jorge G. Castañeda y Enrique Krauze. Castañeda reapareció a finales de 1995 alertando sobre el derrocamiento de Zedillo por la crisis económica, luego de una reunión con Carlos Salinas de Gortari en Irlanda.
Al no existir un partido político real --no sólo de membrete, y se incluye al PAN mediático sin estructura nacional--, los opositores y críticos a López Obrador están construyendo un bloque de poder que pueda derivar en una hegemonía o alianza operativa electoral. Del lado contrario sólo aparece López Obrador y su mañanera como fuerza de poder construyendo una hegemonía popular de masas de votantes, sin que este grupo sea formalmente un bloque de poder.
El agrupamiento de nombres y organizaciones que aparecen en el documento del BOA --repito: aún siendo fabricado en los sótanos del poder-- revela lo ya conocido: una fuerte confluencia de poderes sociales con intereses antilopezobradoristas que sí constituyen no sólo un bloque de poder, sino que alcanza por su diversidad y representatividad de clase y de grupos dominantes a constituir una hegemonía.
Las luchas electorales de 2021 y de 2024 serán, pues, de hegemonías, sin clases sociales organizadas en partidos o grupos políticos. La disputa es por el modelo de Estado, la reorganización de la institución presidencial y la apertura de los poderes a la sociedad civil. No se trata de dos modelos diferentes, sino del mismo en dos variantes: el Estado priísta abierto o el Estado priísta de presidencia unitaria y centralista. Pero mientras el modelo lopezobradorista aparece claro por la figura dominante del presidente, la de los enlistados en el BOA es numerosa por la ausencia de un liderazgo único, aunque con la posibilidad, como se ha visto en las reacciones al documento, de que pueda salir una figura personal fuerte que vaya encarando desde ahora y de manera pública a López Obrador para centralizar esa hegemonía.

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Política para dummies: La política, nos ha enseñado Maquiavelo, es la lucha conductista del poder.

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Policías, guardianes del régimen; ¿represión o Estado de derecho?

 

Carlos Ramírez

 

1.- La jefa de gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quiso ser irónica el martes al explicar la marcha violenta del lunes y sobre todo justificar la inacción policiaca, sólo que con una mueca y no con una sonrisa: “ayer se quedaron con las ganas de ver a un policía reprimiendo”.

Y así fue: los policías no intervinieron en dos ocasiones ante los desmanes de los grupos violentos. Pero el saldo de la inacción policiaca del lunes fue alto: 10,200 comercios afectados y pérdidas por 70 millones de pesos en la zona del Centro Histórico. Sin embargo, esos comercios han pagado sus impuestos para obtener seguridad y sólo han recibido un “ni modo, alguien tiene que pagar”.

El problema no radica en la inacción policiaca. Para ello, entonces habría que disolver a los cuerpos policiacos y que cada comercio contrate seguridad privada. Sheinbaum desapareció el cuerpo de granaderos y trasladó en automático esas labores a grupos especiales de policías con funciones de… granaderos.

Las fuerzas de seguridad estatales tienen ya reglas, protocolos y leyes para el uso de la fuerza, pero ninguno de los policías destinados a esas labores siquiera las ha ojeado. Lo más grave le toca a alcaldes y gobernadores: no han capacitado a sus fuerzas de seguridad en las calles para respetar derechos humanos, negociar con movimientos sociales y contener protestas violentas.

Más grave aun: las fuerzas policiacas no aprenden siquiera de sus propios errores: los granaderos reprimiendo en el 60 estudiantil, los grupos de choque de los sótanos del Estado en 1971 con el halconazo, los golpes a maestros en el zócalo en 1977, la golpiza a campesinos en Atenco y ahora el asesinato de un ciudadano en Jalisco por no portar cubrebocas y la agresión a una adolescente en Ciudad de México por protestar contra ese asesinato.

Hoy están igual, que es decir peor.

Los gobiernos municipales y como apoyo los estatales van a tener trabajo extra con las protestas que vienen ante la agudización de la crisis de empleo y de la crisis productiva derivada del frenón productivo por la pandemia del coronavirus. Puede ser más grave la inacción, que los errores de represión por la falta de capacitación policiaca en administración de multitudes. No se trata de reprimir sino de aplicar el Estado de derecho.

2.- El caso de George Floyd en los EE UU entró ya en la zona de la vulgar politización por parte del candidato demócrata Joe Biden y de la disparatada líder legislativa demócrata Nancy Pelosi. El afroamericano asesinado por un policía de un gobierno estatal demócrata se convirtió en bandera electoral demócrata.

Con tal de ganar algunos puntos electorales, los dos están destruyendo el eje de dominación autoritaria del sistema estadunidense: la dureza policiaca como mecanismo de control social. Ante delincuentes y milicias conservadoras que tienen acceso libre a las armas, la decisión de atarle las manos a los policías dejaría a los ciudadanos a merced de delincuentes armados y radicales sin freno.

Las redes demócratas están difundiendo fake news, como el video de un afroamericano con camiseta roja que fue arrestado con agresividad por dos policías. El suceso se está situando en las marchas contra el asesinato de Floyd, pero en realidad ocurrió hace un año en otro escenario: una alerta a policías para arrestar a un individuo de las características del detenido; luego de esposarlo, los policías revisaron su identificación y no era el buscado. Enseguida lo soltaron. La segunda parte de la falsedad de la nota radica en el hecho de que no era agente del FBI, como se quiere hacer creer ahora.

La crisis política de los demócratas los está exponiendo a situaciones de rupturas de los consensos de dominación imperial: el retiro de tropas que prometió Obama en Berlín y que nunca cumplió, el asesinato de Osama bin Laden sin cumplir con los requerimientos legales, la escena del ultimo informe de Trump donde Nancy Pelosi destruyó hojas del informe como si fuera una vándala anarquista y la escena de Pelosi arrodillándose en honor de Floyd por un acto de violencia policiaca del sistema autoritario y de seguridad estadunidense y como crítica a las policías que cumplen con su deber y sus funciones que los legisladores les han aprobado.

Los demócratas de Estado quieren ganar votos medrando con las víctimas del autoritarismo de Estado.

 

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Política para dummies: La política es el uso de la fuerza por el camino de la razón.

 

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Contracolumna OBRADOR Y EL SÍNDROME DEL CANGREJO | PARTE 1



JOSÉ MARTÍNEZ M.*
El presidente Obrador está jugando con fuego. Su ambición de poder amenaza al país con una crisis política. En lugar de convocar a una política conciliadora ha optado por la polarización. Ha dividido a la opinión pública en dos extremos opuestos. Su propuesta de una “cuarta transformación” no goza del consenso de los mexicanos. Pero Obrador está tan decidido en llevarla a cabo que no duda en recurrir al uso de la fuerza para imponer sus ideas.
La crisis sanitaria derivada de la pandemia del Covid -19 y la mala administración de su gobierno han propiciado una crisis económica sin precedentes. Su gobierno acusa severos problemas de gobernabilidad. Lo peor es que con su obsesión de caudillo ha propiciado la pérdida del equilibrio en los poderes del Estado. Mantiene un rígido control del Poder Legislativo y ha partidizado al Poder Judicial. Con su actitud busca a toda costa erigirse en el poder de los poderes.
A pesar de las diferencias políticas y sociales, México ha mantenido una estabilidad en los últimos 86 años. De Lázaro Cárdenas a Peña Nieto todos los gobernantes concluyeron, sin interrupción, sus mandatos sexenales. Pero sin que nadie se lo pidiera Obrador puso en el tapete de la discusión el tema de la revocación de su mandato como pretende llevarlo a cabo en una especie de referéndum en el año 2022. Aunque él ha dicho que gobernará por solo seis años, su ambición lo desborda y no hay duda de que pretenda perpetuarse.
Se equivoca, México no es una aldea. Somos una nación multicultural. Es un deber moral y político conservar la unidad de los mexicanos, sólo así protegeremos y preservaremos la soberanía republicana de la patria heredada por nuestros mayores.
A lo largo de la historia nuestro país ha pagado un alto costo por la inestabilidad política, que llevó incluso a la nación a una pérdida importante de nuestro territorio y a enfrentar invasiones y guerras con potencias extranjeras.
Antes del Porfiriato, cuya dictadura se prolongó por tres decenios, México vivió etapas cruentas. Entre 1821 y 1876 estuvimos en guerra civil los mexicanos. En esos 55 años nuestro territorio nacional fue cuatro veces mutilado, siete potencias extranjeras nos agredieron, se registraron 95 cambios de presidentes y tuvimos 10 constituciones.
Después afrontamos el proceso de la revolución mexicana para sacar del poder a Porfirio Díaz. En consecuencia el país se desangró por un lapso de casi una década.
Con Cárdenas inició el periodo de estabilidad del país., en tanto el PRI se mantuvo un poco más de siete décadas en el poder. La alternancia llevó al gobierno al Partido Acción Nacional, y después de una breve pausa del PRI, emergió Obrador con un proyecto populista sin declararse ideológicamente de izquierda, de acuerdo a su declaración de principios y estatutos al día de la elección en 2018.
Obrador ahora quiere dar un viraje y busca anclarse en el pasado de nuestra historia. De ahí es que recurre cotidianamente en su discurso a pasajes de la historia, que él mismo deforma a su conveniencia por su falta de conocimiento sin tener la autoridad moral para asumirse como un prócer.
El tabasqueño vive atrapado en el pasado y padece el síndrome del cangrejo. Su mirada está puesta en esa cosa que los venezolanos llaman la “revolución bolivariana”. Su partido, Morena, es un menjurje de ideologías que abonan en el populismo.
Mirar hacia Venezuela o Cuba sería una regresión de nuestra historia. Sin el consenso de los mexicanos Obrador hundiría al país en un estallido social. De ahí que las balandronadas de los supuestos “complots” para “derrocarlo” son meras fantasías.
No hay amenazas de un golpe de Estado, lo que sí hay son los golpes de pecho del propio Obrador para victimizarse incurriendo en un juego perverso del poder para involucrar a nuestras fuerzas armadas.
No se pueden hacer comparaciones entre el México actual y el México del pasado. Puede resultar peligroso para el país el que Obrador juegue con sus fantasías producto de su paranoia.
En los últimos años de su vida, el general Cárdenas vio cómo se fue diluyendo el cardenismo en el sector de las fuerzas armadas con la llegada del general Marcelino García Barragán. Durante los últimos diez años de su existencia Cárdenas se desempeñó hasta su muerte en 1969 como vocal ejecutivo de la Cuenca del Balsas. Apoyó a los jóvenes estudiantes del movimiento de 1968 y cuando en Cuba soplaban los aires del comunismo, Cárdenas recibió del alto mando castrense una orden: le prohibieron visitar Cuba.
Quedaban claro, desde entonces, las consignas principales que el Ejército tiene que ejercer y son: Defender la integridad de independencia de la Nación y Mantener la Constitución.
Obrador debe de entender que los militares son factores reales en el proceso de construcción de decisiones. Los promotores de incluir a México en el bloque de los países de la “revolución bolivariana” deben de saber que para nuestras fuerzas armadas la seguridad nacional no es la seguridad de una camarilla, de un partido en el poder, de un régimen determinado o de personas específicas, razón por la cual el ejército mexicano, reconociendo sus orígenes, debe sostener que la tarea no es ser instrumento, sino protagonista activo que responda a las complejas exigencias de la sociedad a quien debe su mayor empeño y de donde procede, y que hoy reclama como exigencia básica asegurar la transición a un México democrático, plural y con acceso a la riqueza social generada por el conjunto.
(Mañana continuaremos con el tema del papel, el poder y el contrapeso de las fuerzas armadas)
*José Martínez, periodista y escritor.

martes, 9 de junio de 2020

Seguridad estatal y municipal con convenios incumplidos desde 2008

Seguridad estatal y municipal con  convenios incumplidos desde 2008

Carlos Ramírez

 

En el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad de 2008, presidente de la república, gobernadores y alcaldes se comprometieron en un plazo de seis meses a dos años a limpiar sus cuerpos locales de seguridad, profesionalizar a su personal y abatir las cifras de delincuencia. Hoy la situación es peor.

Hubo entonces compromisos estrictos asumidos por las asociaciones de alcaldes: depurar y fortalecer las instituciones de seguridad y procuración de justicia, programa de procedimientos policiales, mejorar las condiciones de seguridad pública, programa para incorporar el componente social a la estrategia de seguridad, indicadores de evaluación y seguimiento y reasignación presupuestal para policías municipales.

Once años después, en 2019, el secretario federal de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño, definió el “Modelo nacional de policía y justicia cívica” que se ha topado con el muro de resistencia de los intereses de gobernadores y alcaldes. El proyecto partió de una realidad; hacia 2018 la población mantenía un 48.2% de confianza en las policías municipales y 54.3% en las policías estatales.

La desconfianza en policías locales era parte del deteriorado ciclo de justicia local: de 33 millones de delitos, sólo se denunciaba el 10.4%, el 6.76% derivaba en investigaciones iniciadas y había un 0.4% de acusados a disposición del juez.

La seguridad y justicia a nivel local fue desdeñada en el pasado y en la actualidad son los gobernadores y alcaldes los que se resisten a profesionalizar sus cuerpos de seguridad y justicia. Por ello ocurren hecho como la complicidad de policías estatales y municipales con el crimen organizado, la poca capacitación para atender delitos más allá de los cívicos y abusos de uso de la fuerza ante manifestaciones sociales de protesta.

Hasta ahora, el nuevo modelo policial que involucra a cuerpos de los tres niveles de gobierno se ha centrado en supervisar el funcionamiento, pero sin pasar antes por la reordenación de los cuerpos de seguridad, la unificación de criterios legales, el equipamiento y, de manera principal, la capacitación de los policías para atender los diferentes grados de la inseguridad; los delitos que afectan al ciudadano y a sus propiedades, la violencia criminal, la impunidad, la baja confianza en la policía.

Las protestas sociales en Guadalajara y Ciudad de México que generaron respuestas agresivas y violentas de policías sin capacitación para enfrentar motines sociales improvisados o intencionales han vuelto a colocar a las fuerzas locales de seguridad en el ojo de la crisis de la seguridad. Los policías usan exceso de fuerza contra ciudadanos que protestan por asuntos sociales, pero se notan sumisas ante la penetración de bandas delictivas en comunidades sociales que debieran de ser protegidas por los cuerpos locales de seguridad y justicia.

El modelo policial nacional que involucra a las policías estatales y municipales consta del dieciocho comisiones de control, capacitación, medición de resultados, evaluación, atención de delitos más conflictivos y hasta de salarios policiales, pero por falta de colaboración de gobernadores y alcaldes no se han podido aplicar con diligencia, rapidez y resultados.

Una de las aportaciones del nuevo modelo policial ha sido cerrada a piedra y lodo por los propios policías: el desarrollo del modelo de consejero ciudadanos de la policía y de comités ciudadanos de seguridad, porque implicaría abrir las instituciones policiacas y de justicia a la supervisión y participación de los ciudadanos afectados por la inseguridad.

Si el nuevo modelo policial se aplicara en dos años, la calidad de la seguridad y justicia a nivel local impediría los abusos, cerraría las puertas a las bandas delictivas y elevaría la confianza ciudadana. Pero gobernadores, alcaldes y policías siguen  rechazando esa propuesta.

 

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BC, sucesión. Como nada más pudo tener dos apretados años de gobierno, al mandatario estatal Jaime Bonilla le urge colocar a su delfín en posición ventajosa de salida para la elección del 2021, aun violando las reglas de equidad. Pero a su preferido Mario Jesús Escobedo Carignan se le tienen ya expedientes de irregularidades que lindan en la corrupción, tráfico de influencias, abuso de autoridad y hasta de soborno por parte de la gasera Blue Propane. Como es usual, datos han sido radicados ya en la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda.

Política para dummies: La política es la sensibilidad para atender los problemas sociales y no callarlos a toletazo limpio.

 

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Contracolumna DIARIO DE UN LOCO





JOSÉ MARTÍNEZ M.

Para Enrique Krauze con mi respeto y admiración

Cada vez que el presidente Obrador se sube al templete de las mañaneras para dar sus habituales “cátedras”, me llega a la mente el escritor ucraniano Nikolai Gogol.
Precursor de la novela moderna. Gogol es el autor del cuento Diario de un loco. Aunque han pasado ya casi dos siglos de la existencia de este escritor, en todo el mundo se le sigue recordando.
Obrador sueña con trascender. Su gran deseo es ser comparado a los grandes personajes de nuestra historia. Quizás sea el último caudillo de la historia mexicana. En pleno siglo XXI vive atrapado en el pasado. Las próximas generaciones tal vez lo recuerden, como nosotros lo hacemos ahora con los trenes de vapor que perdieron su importancia y actualidad.
Un político, por ilustre que sea, no debe vestirse con el alma de la provincia, porque reduce su horizonte hasta la provincia y se obliga al pintoresquismo, que es singularidad menor y obligadamente cómica. Así es obrador, un político para el que no existe el ancho mundo. (“la mejor política externa es la política interna”, suele decir). “Cuidado. La provincia es incurable”, decía el malvado e inteligente escritor Hugo Argüelles.
En su pequeño mundo Obrador libra una batalla contra los científicos y los intelectuales. Los desprecia.
Cuando dejó la Macuspana –su tierra natal donde su vida transcurría entre los pantanos de la región del Usumacinta–, fue abrigado por dos conspicuos personajes: Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas. Su fama de agitador social y “líder natural” atrajo las miradas de ambos personajes quienes vieron en él un potencial de votos para la causa el entonces incipiente Partido de la Revolución Democrática, partido que con el paso de los años sucumbió por las pugnas internas de sus tribus y al que Obrador contribuyó a su demolición.
Muñoz Ledo lo acogió y apadrinó. Cárdenas se instauró como el primer líder del PRD, lo secundó Muñoz Ledo quien a su vez heredó la estafeta del partido a Obrador en 1996. Con el partido en sus manos Obrador maniobró para hacerse jefe de gobierno de la ciudad de México en el 2000. Ahí comenzó su delirante ambición por el poder.
Fue así que el tabasqueño se dio tiempo para alternar con algunos intelectuales, los que de inmediato percibieron la megalomanía de Obrador.
Fue así que el personaje que había dejado los pantanos del Usumacinta, emergía como un moderno Prometeo hasta llegar a rivalizar por el poder con Dios. Un iluminado que se siente un redentor y que muchas veces se ha visto en el espejo de Jesucristo. De ese tamaño.
Pero resultó que ese personaje se convertiría más bien en un Frankenstein que se ha revelado para imponer su moral científica y su pensamiento totalizador: “O estás conmigo o eres mi enemigo… defínete”.
Proclive a los insultos y descalificaciones, Obrador se ha lanzado contra el historiador Enrique Krauze, uno de sus más feroces críticos. Ya antes lo hizo contra el Premio Nobel Mario Vargas Llosa.
Los intelectuales siempre han visto a Obrador con desconfianza. Por ejemplo, el historiador Adolfo Gilly –con una gran trayectoria en la izquierda– lo mismo que Octavio Rodríguez Araujo vieron desde el principio al tabasqueño como un falso profeta. Por eso desde el principio de la cuarta transformación pintaron su raya, por algo que tiene un tufo a fascismo.
Lo mismo ha ocurrido con Héctor Aguilar Camín y Jesús Silva Herzog, dos intelectuales que han hecho trizas la toga de Obrador para mostrarlo desnudo en su pensamiento ideológico.
Desde el poder Obrador busca hacer un ajuste de cuentas. Su discurso se basa en actitudes paradójicas, las mentiras, el sarcasmo, la burla y el desprecio.
Entre incoherencias busca revalorizarse. Sabe que no tiene argumentos y convoca a sus más cercanos para alinear su discurso con la pretensión de establecer un dominio mediático.
A Obrador le parece legítimo rebajar a quien haga falta con tal de adquirir una fuerte autoestima. Con mucha facilidad falsea la realidad. Una y otra vez lo hemos visto refunfuñar desdiciéndose “yo nunca he dicho esto”, se justifica para tratar de tapar los mensajes oscuros que luego se niega a esclarecer.
Lo peor es que habla de todo como si fuera un sabio para dar largas a los asuntos y luego de mentir directamente utiliza un conjunto de insinuaciones y silencios con el propósito de crear malos entendidos para después explotarlos en su propio beneficio.
Y dígase lo que se diga siempre encuentra la manera de tener la razón. Pero esta vez su forma insidiosa de manejarse ha topado con pared.
Krauze lo ha exhibido como un incompetente e ignorante. Cuando Obrador habla de si se está a favor o en contra de la cuarta transformación, Krauze lo remite al discurso del odio de Carl Smith uno de los ideólogos del nazismo.
Ya lo sabemos, el odio que el político perverso proyecta sobre sus adversarios es un medio de protegerse de trastornos que podrían ser mayores, es decir, sicóticos.
La violencia verbal de Obrador es una violencia enmascarada, íntima y cerrada. Un político megalómano al que vemos todos los días desde un caleidoscopio, en un juego de espejos que se repite y se multiplica, que no deja de estar formado por el vacío.
Un político que le gusta colocarse en una posición de referencia entre el bien y el mal y la verdad.
Ni a aún en la peor crisis de la historia del país, como lo es la crisis sanitaria que ha puesto por los suelos a la economía, ni siquiera Obrador acepta su responsabilidad y anda en busca de falsos culpables, pues todo lo que anda mal es siempre culpa de los demás.
Sí, estoy convencido de que Obrador es un personaje perfecto para una historia como las de Nikolai Gogol.

lunes, 8 de junio de 2020

Policías locales con el crimen y contra la sociedad; urge aplicar Plan Durazo

Policías locales con el crimen y contra  la sociedad; urge aplicar Plan Durazo

 

Carlos Ramírez

 

En agosto de 2008 se firmó un Acuerdo Nacional de Seguridad que establecía la necesidad urgente de capacitar a policías estatales y municipales para combatir a un crimen organizado que se había colado precisamente cooptando a esos niveles policiacos.

En marzo de 2019, al aprobarse la reforma constitucional de la Guardia Nacional, el artículo Séptimo Transitorio estableció exigencias urgentes para poner orden en las policías estatales y municipales porque por ahí se seguía colando el crimen organizado.

Y aún no se cumplen esos compromisos que tienen que ver con la seguridad estatal y municipal ante la delincuencia en sus diferentes niveles y ahora los cuerpos locales de seguridad aparecieron reprimiendo protestas sociales como no se veía desde los tiempos del PRI en mandos nacionales y estatales.

En las áreas de seguridad y orden en las calles, las policías estatales y municipales aparecen con grandes márgenes de autonomía relativa del mando político central. O gobernadores y alcaldes son cómplices de los comportamientos de sus fuerzas de seguridad o han descuidado la supervisión y los policías se mueven por su cuenta… y por sus intereses.

En materia de seguridad, el Séptimo Transitorio de 2019 fue muy claro:

“Los Ejecutivos de las entidades federativas presentarán ante el Consejo Nacional de Seguridad Pública, en un plazo que no podrá exceder de 180 días a partir de la entrada en vigor del presente Decreto, el diagnóstico y el programa para el fortalecimiento del estado de fuerza y las capacidades institucionales de sus respectivos cuerpos policiales estatales y municipales".

Sin ninguna justificación jurídica o razonable, esos informes no se han presentado o algunos se entregaron con información parcial. En la estructura local, el control de policías por gobernadores y alcaldes es un instrumento de poder político sobre sus núcleos sociales.

El otro mandato constitucional del Séptimo Transitorio tampoco se ha cumplido:

“Un año después de haberse emitido el programa referido, el Ejecutivo local enviará anualmente a la Legislatura de la entidad federativa correspondiente y al Consejo Nacional de Seguridad Pública, la evaluación integral del mismo con el informe sobre los avances en los objetivos señalados y su cumplimiento en un horizonte de seis años. Los resultados de la evaluación serán considerados para el ajuste del programa y su calendario de ejecución, por los órganos correspondientes".

Después de doce años de colapso de seguridad, ahora la crisis que está llegando de inestabilidad social en las calles ante protestas pivoteadas por grupos de choque anarquistas y no ha habido decisión para someter a control a las fuerzas locales de seguridad. El gobernador jalisciense Enrique Alfaro podría tener razón en acusar a grupos provocadores de Morena, pero las policías de su estado están fuera de su control.

Y ante las protestas sociales que van a ir aumentando de intensidad y fuerza, como se vio en Jalisco y Ciudad de México, las fuerzas policiales municipales han sido dotadas de equipamiento represivo, pero no han sido capacitadas en control y administración de movilizaciones masivas. Los reglamentos para el uso de la fuerza que existen a nivel municipal, estatal y federal son letra muerta, sobre todo en sus artículos que señalan la negociación antes que la represión.

La salida intermedia del mando único se quedó en el mero control de las policías estatales y municipales, sin capacidad ni entrenamiento de esos mandos únicos en materia de criminalidad y protestas sociales. Las policías municipales siguen en el ojo de la crisis de seguridad porque han quedado subordinadas a las células del crimen organizado, además de que no se ha resuelto la capacitación requerida para entender las nuevas reglas y políticas de seguridad federal y tampoco recibido el equipo de trabajo. Jefes policiacos en Guanajuato, Chihuahua, Colima, Michoacán y Guerrero, entre otros estados, aparecen en el centro de denuncias por complicidad con grupos delictivos.

Lo que queda es la aplicación urgente de los programas de capacitación y control de policías locales que ha presentado el secretario federal de Seguridad, Alfonso Durazo Montaño, que se han ido posponiendo en Palacio por presiones de gobernadores.

 

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Política para dummies: La política es lo policiaco con mano suave.

 

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