sábado, 13 de junio de 2020

Racismo en EE UU, pilar imperial y coartada liberal

Racismo en EE UU, pilar imperial y coartada liberal


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@carlosramirezh

Ante circunstancias violentas que explotan como expresiones de racismo, toda la sociedad estadounidense sale a protestar; pero en las relaciones sociales cotidianas, los EE UU se definen por el racismo. A pesar de leyes de igualdad social, en la sociedad estadounidense pasó de la esclavitud de la comunidad negra proveniente de Africa a la segregación de una raza.

El juego de palabras ayudará a entender la lógica de lo que se llama racismo. La esclavitud es la propiedad humana de una raza por otra, la segregación –según el Diccionario de la Real Academia Española– implica “separar y marginar a una persona o a un grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales”. Y el racismo es la “exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive” y que llega a niveles de ideología o doctrina.

Las victorias de las comunidades afroamericanas en los EE UU han tenido tres estaciones:

–El discurso de Gettysburg de Lincoln en 1863 en que fijó el concepto de igualdad de razas: “hace ochenta y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada en el principio de que todas las personas son creadas iguales”.

–Las leyes raciales de 1966 a 1968 en que se terminó la esclavitud y los afroamericanos lograron el mayor derecho social y humano: el de votar en igualdad de condiciones que sus ex amos.

–La presidencia 2009-2017 de Barack Obama como el primer presidente estadounidense de origen afroamericano interracial.

Pero estos tres avances tuvieron sus retrocesos:

–A la igualdad de razas se opuso la segregación: iguales, pero separados.

–El derecho al voto no logró la igualdad en los demás derechos, prevaleciendo el criterio de oportunidades de raza y no de competencia.

–Y el derecho al voto condujo a que se votara por el racista Donald Trump después de la presidencia del afroamericano Obama.

Lo malo en los últimos días ha sido la manipulación mediática de los grupos liberales demócratas para endosarle al republicano presidente Donald Trump la crisis por el asesinato de George Floyd a manos de policías estatales en el condado y un estado gobernado por demócratas. Con la politización electoral del caso Floyd se volvió a perder la perspectiva real del racismo en las policías estadunidenses.

La policía estadunidense en sus variantes de condados, estatales y federales forma parte de los mecanismos de control social. La afectación de minorías raciales en mayor medida que los delincuentes de raza anglosajona es apenas una parte de los indicios de racismo, pero no se tienen estudios de fondo para saber si en realidad es racismo o afectación por repudio de la raza afroamericana o por asumir la condición de color de piel como una definición social.

Alrededor de las protestas por el caso Floyd las redes difundieron un video interesante: un par de policías se acercó a un afroamericano que vestía camiseta roja y que tenía una barba descuidada. El tratamiento al ciudadano fue prefigurando un delincuente; cuando el agredido se resistió y comenzó a confrontar de palabra a los policías y a soltarse con movimientos bruscos, la reacción de seguridad aumentó de tensión y lo esposaron. Ya inmovilizado el detenido pidió que vieran su credencial en su cartera en el bolsillo derecho trasero de su pantalón y resultó que se trataba de un agente del FBI.

Existe una predisposición racial hacia los afroamericano e hispanos por su imagen y se da una variación en la intensidad policiaca. Pero ello no quiere decir que todos los anglosajones o no son detenidos o son tratados con mayor respeto. En realidad, todos los sospechosos son, para la policía, presuntos culpables y su perfil delictivo tiene que ver primero con su aspecto y después con su repudio a la policía. Pero del lado contrario existen datos duros que revelan la muerte de policías en operaciones de arresto: en el periodo enero-mayo de este año hubo 24 policías muertos por arma de fuego y más de 570 en el periodo 2009-2019.

El uso de la furia policiaca debe determinarse en función de la capacidad de violencia de la sociedad estadounidense, a lo que hay que agregar un componente importante de racismo sobre todo contra afroamericanos e hispanos.

El problema en lo general forma parte de la conciencia autoritaria y violenta de una sociedad estadounidense que ha construido su confort en invasiones militares agresivas. Los casos de abuso de fuerza de soldados en el extranjero violando códigos de guerra se apilan en las oficinas del Pentágono sin que haya instrucciones para controlar de manera más efectiva a soldados con armas.

La agresividad imperial en la conquista de otras naciones es producto del uso de la fuerza como mecanismo de control social interno. El grado de respeto a la ley en los EE UU que llega a sorprender a extranjeros no es otra cosa que la fuerza para mantener el orden social y de clase.

Ahora el congreso federal estadounidense prepara una nueva legislación para imponerle reglas a la policía, pero se van a encontrar con el peor de los mundos: la libertad de adquirir armas beneficia a la delincuencia y los policías suelen encontrar disparos a sus órdenes de arresto. Y ahí tendrán que decidir si se imponen controles a los policías, pero se dejan a los delincuentes con libertad en el uso de la fuerza letal.

Lo malo está en el hecho de que no habrá una verdadera reforma de control de la brutalidad policiaca, sino que sólo usarán a Floyd en la campaña presidencial contra Trump.


Contracolumna • UN PRESIDENTE CANALLA • ELECCIONES EN PELIGRO





JOSÉ MARTÍNEZ M.

Si los mexicanos no ponemos un freno a Obrador, el país será convertido en un Estado totalitario. Es mentira que la cuarta transformación esté inspirada en los episodios que han marcado nuestra historia. Podría sonar a una locura pero no es así. Respecto a las ideas de Obrador hay que tomar las cosas con seriedad, pues el proyecto político del tabasqueño y su caterva de fanáticos que colaboran con él, responde más a las bases ideológicas del tercer Reich. La terminología de sus discursos está más orientada al fascismo, de ahí su nacionalismo ramplón a estas alturas del siglo XXI cuando el mundo gira en torno a la globalización.
Hemos atestiguado la conducta despreciable de muchos de los colaboradores de Obrador, desde la exaltación de la violencia hasta la impunidad de sus actos de corrupción.
En los últimos días hemos estado presenciando una actitud canallesca del Presidente. Ha violado las más elementales disposiciones de la máxima autoridad de salud para reiniciar sus giras proselitistas bajo el disfraz de jornadas de trabajo. Mientras el país se encuentra en el llamado semáforo rojo y el número de víctimas de la pandemia va en ascenso, Obrador ha viajado por el país de extremo a extremo desafiando las medidas esenciales de la salud pública. Ha recibido, incluso, la amonestación de las máximas autoridades mundiales de la salud (OMS) para que el Presidente se abstenga de hacer llamados imprudentes a la población, en tanto los responsables sanitarios insisten en que la gente no salga a las calles y se mantengan en casa debido a la contingencia derivada del covid -19.
Esa conducta del presidente no es extraña para los mexicanos. Su palabra ha estado siempre por encima de todas las leyes. No fue una simple expresión aquella cuando se refirió a “mandar al diablo las instituciones”. Se ha llegado a lo más ruin y vulgar, como ocurrió en el caso del nombramiento del escritor e historiador Paco Ignacio Taibo quien se ufanó de la maniobra leguleya de su designación con la famosa frase de “se las metimos doblada”.
Hemos visto la pretensión de Obrador al tratar de concentrar todo el poder en sus manos e incluso ha insistido en varias ocasiones en controlar todos los aspectos de la vida de los mexicanos. Desde el uso de un solo par de zapatos y una muda de ropa indispensable hasta el consumo de los alimentos: arroz y frijol para todos, no solo las masas populares, pues, según él, está en contra de las comidas “exóticas”. Ha insistido también en que la gente “denuncie” a sus vecinos cuando noten un ascenso en su vida social.
No hay que echar en saco roto la imposición que pretende de utilizar su propia terminología tanto para los indicadores económicos como para los aspectos en la calidad de vida. Por ejemplo, busca cambiar el concepto del PIB (Producto Interno Bruto) y el “bienestar” social por un nuevo índice para medir la “felicidad del pueblo”.
Su gobierno ha sobornado a algunos legisladores para eliminar a la oposición política en el Congreso, como ocurrió recientemente con el senador duranguense José Ramón Enríquez quien renunció al partido Movimiento Ciudadano para adherirse a las filas de Morena para alcanzar la mayoría calificada en la Comisión Permanente y de esa manera reformar las leyes y permitir que Obrador maneje el presupuesto de egresos a su antojo.
En el manejo perverso del poder se inscribe el tema de la violencia, como lo hemos percibido en varias partes del país (Jalisco, Ciudad de México, Baja California, etc). Se trata de una violencia inducida desde las altas esferas del gobierno para desestabilizar al país y justificar la intervención del gobierno federal en asuntos locales. Morena ha ido formando grupos de choque bajo el disfraz de “grupos de defensa” de la cuarta transformación.
El objetivo de los ideólogos y estrategas del gobierno de Obrador se encamina a tratar a toda costa de impedir la celebración de las próximas elecciones de medio gobierno en 2021.
De ahí la celebración que Obrador en una de sus “mañaneras” cuando se refirió a que la pandemia le había caído a su gobierno “como anillo al dedo”.
Nada justifica la obsesión desenfrenada de Obrador por continuar con sus giras en lo más alto de la pandemia. Se ha ocultado la verdad de las estadísticas, la manipulación de los datos es más que evidente. Hasta ahora el número de fallecidos asciende a acerca 17 mil y más de 140 mil contagiados. Y todavía faltan los subregistros de fallecidos y contagiados.
El corolario de la manipulación del gobierno fue sin duda la “aparición” de un “documento confidencial”, del que el propio Obrador y su vocero dijeron desconocer su origen y autenticidad, simplemente lo presentaron para generar un espectáculo mediático a partir de la “entrega” del mamotreto en las puertas de Palacio Nacional.
En ese documento se invoca a las más altas autoridades electorales (INE y Tribunal Electoral), lo mismo que a organismos empresariales, periodistas nacionales y extranjeros e intelectuales. Un manejo perverso que se revirtió contra el propio Obrador como una más de sus infinitas mentiras.
Conforme avancen los meses el gobierno y el partido de Obrador van hacer todo lo posible por provocar una crisis política y hasta propiciar un estallido social con tal de evitar ser sometidos al veredicto de las urnas.
Por eso lo dijo y lo subrayó Obrador: es tiempo de definiciones. “O se está a favor o en contra de la cuarta transformación”.
Lo mismo decía Carl Smith uno de los ideólogos de Hitler: “O estás conmigo o eres mi enemigo”.

viernes, 12 de junio de 2020

Contracolumna UN PRESIDENTE PARANOICO PARTE 2




JOSÉ MARTÍNEZ M.*

En nuestra historia política no se recuerda el caso de un personaje tan jactancioso como el presidente Obrador. No obstante que su gobierno y su partido son un desastre, el tabasqueño presume y alardea de sí mismo y de sus “cualidades”. No puede contener su vanidad y arrogancia. Es irrefrenable su deseo por exhibirse como un hombre incorruptible, aunque su entorno esté lleno de corruptos. A esta condición algunos le llaman “umbo centrismo” y su definición consiste en la incapacidad para ver más allá del propio ombligo.
Obrador reúne todos los rasgos de las personas paranoicas. Por ejemplo, cuando presentan las “pruebas” de algún hecho en el que se sienten víctimas, en la realidad no parecen creíbles.
Los paranoicos son obstinados, intolerantes, mantienen una racionalidad fría y una rigidez psicológica, así como un desprecio del otro. En el paranoico predomina la desconfianza que se manifiesta en un temor exagerado de la agresividad ajena y tienen la sensación de ser una víctima de la maldad del otro; son suspicaces y celosos.
La inseguridad de Obrador, no sólo demuestra su incapacidad para hacer frente a los grandes problemas del país. Eso explica, en buena medida, su inclinación por hacerse la víctima de supuestos golpes de Estado.
Ha recurrido al escándalo mediático para “denunciar” los supuestos complots en su contra. La primera vez que se habló de un supuesto “golpe de Estado” fue en 2006 cuando Felipe Calderón le ganó la elección por una mínima diferencia de votos de 0.1% (Calderón obtuvo 35.91% y Obrador 35.29%). Fue cuando Obrador se proclamó como “presidente legítimo”.
Ahí comenzó su delirio. Incluso esos trastornos aun no los ha superado.
Cuando Obrador arribó al poder el semblante le cambió pero no desapareció el trauma. Un año después tras su aplastante triunfo de las elecciones de 2018, el director del Canal 6 de Julio, Carlos Mendoza, “camarada” del vocero obradorista Jesús Ramírez Cuevas, realizó el documental “En Nombre de la libertad, 4ta transformación y Ultraderecha” para denunciar un supuesto “golpe de Estado blando” contra el gobierno de Obrador, cuyo argumento fue responsabilizar a las “campañas” en las redes sociales, como supuestas protestas convocadas por organismos financiados “probablemente” por Estados Unidos, así como “noticias falsas” para derrocar al tabasqueño.
Obrador sabe que no goza del consenso de los mexicanos y le preocupa sobremanera el comportamiento de las fuerzas armadas. El gran ridículo que sufrieron los militares se dio con la captura y liberación del narcotraficante Ovidio Guzmán, el afamado hijo del Chapo Guzmán. Un asunto que terminó en un espectáculo ruin que daño la imagen de los soldados mexicanos.
Días después de esos hechos, se dio el discurso del general Carlos Gaytán en el que hizo saber el sentir de las fuerzas armadas.
En un desayuno de la cúpula militar –donde estuvo presente el secretario de la Defensa Luis Crescencio Sandoval– se envío un mensaje al presidente Obrador quien parece no entender la importancia de las instituciones. El discurso del general Gaytán fue avalado con aplausos unánimes. Dijo Gaytán: “Nos preocupa el México de hoy. Nos sentimos agraviados y ofendidos como soldados”.
En ese discurso se mencionó las situaciones que afectan al México actual: el divisionismo, cuando menciona el general Gaytán: “Pero es imposible olvidar las experiencias del pasado, porque en los eventos donde existió la unidad nacional, el país pudo ver sus aspiraciones satisfechas y se construyeron los objetivos nacionales. En aquellos eventos donde dicho valor estuvo ausente, se perdieron territorio y soberanía, el pueblo resultó lastimado, la economía entró en crisis, y el país tuvo que emprender su recuperación, casi desde cero… Actualmente vivimos en una sociedad polarizada políticamente, porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda, que acumularon durante años un gran resentimiento”.
Es cierto cómo dijo otro general (Enrique Cervantes Aguirre) en su momento ante el presidente Zedillo: "Los militares no son fuerza económica, no se desempeñan como factor político ni como árbitro social".
Obrador ha cometido muchos errores respecto a las fuerzas armadas. Primero, como candidato responsabilizó al ejército de ser los autores de la masacre del 2 de octubre del 68, señaló también que los soldados fueron parte y cómplices de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, los responsabilizó de varias masacres en la lucha contra el narco y de una manera deningrante desapareció al Estado Mayor Presidencial en medio de descalificaciones.
Es evidente el viraje de Obrador respecto a las fuerzas armadas. Ahora comparte con ellos el poder y les ha asignado múltiples tareas, desde la construcción del nuevo aeropuerto, participarán en el tren maya, les ha entregado el mando único en la Guardia Nacional para encargarse de la seguridad pública y se les ha encargado la construcción de cientos de sucursales del llamado Banco del Bienestar, entre otras múltiples tareas.
Y para echarse a la bolsa al ejército, decidió acampar en las instalaciones militares durante la gira anti-sanitaria en busca de la promoción del voto con miras a las próximas elecciones.
¿Qué pretende Obrador? ¿Qué insinúa?
Recordemos que los seductores son perversos. Cuando actúan mal o piensan atacar, antes que todo buscan protegerse.
Es muy difícil engañar a nuestras fuerzas armadas. El falso complot para presuntamente derrocarlo con la BOA (Bloque Opositor Amplio), es una más de sus mentiras. Fue un montaje para distraer la atención de los malos resultados de su gobierno. Y con ello busca que las fuerzas armadas sean sus aliadas en su ambición por mantenerse en el poder más allá de su periodo constitucional, de acuerdo a su proyecto “bolivariano”.

*José Martínez M. Periodista y escritor.

jueves, 11 de junio de 2020

2021 + 2022 = 2024: polarización para construcción de bloques de poder



Carlos Ramírez

Sea cierta en su totalidad o a medias o producto de los sótanos del poder, al final de cuentas la organización BOA (Bloque Opositor Amplio) está reflejando una nueva realidad política: la disputa por el Estado a partir de la construcción de hegemonías o alianzas de grupos dominantes para apoderarse de los mecanismos para imprimirle dirección política a la nación.
En los hechos históricos, México nunca ha tenido partidos políticos reales y funcionales, por lo que la lucha electoral ha sido producto de dominios de las élites. La coalición priísta mantuvo el control del aparato de poder de 1929 a 2018, pasando por acuerdos con el PAN de 2000 al 2012.
La candidatura de López Obrador no fue disidente ni de alternativa, sino de cambio de élite y de reacomodo de prioridades sociales. Por eso la coalición lopezobradorista se mantiene de expriístas, poscardenistas, disidentes. El único grupo realmente disidente-alternativo es el que configuran unos pocos militantes del disuelto Partido Comunista Mexicano y su propuesta socialista.
Sin contar a los comunistas, todos los grupos y corrientes vienen del venero del proyecto histórico de la Revolución Mexicana, aún, inclusive los neoliberales salinistas. En todo caso, sólo varía el enlistado de prioridades sociales y estabilizadoras.
El escenario de aparición del BOA es el mismo que existió en 1994 con el modelo del choque de trenes por el zapatismo, el salinismo y la élite liberal intelectual (varios de ellos en la lista real o apócrifa o funcional del Bloque) y que alertaba la necesidad de un espacio de compensación para una presidencia de emergencia. Ya fuera que Salinas lo hubiera impulsado o se hubiera forjado en el análisis de sus miembros, el Grupo San Angel no representó a ningún partido político y dio funcionalidad a una élite intelectual-política que buscó construir una nueva alianza de poder o grupo hegemónico.
Sea real o no, el documento BOA agrupa a organizaciones, políticos, funcionarios, periodistas e intelectuales que de manera pública han expresado su critica a López Obrador y de un modo otro ha comenzado a influir en el voto contra de Morena en el 2021 y por la revocación del mandato presidencial (si procede, pese a carencia de reglas). Tres nombres saltaron hoy porque fueron piezas promotoras del Grupo San Angel-1994: Héctor Aguilar Camín, Jorge G. Castañeda y Enrique Krauze. Castañeda reapareció a finales de 1995 alertando sobre el derrocamiento de Zedillo por la crisis económica, luego de una reunión con Carlos Salinas de Gortari en Irlanda.
Al no existir un partido político real --no sólo de membrete, y se incluye al PAN mediático sin estructura nacional--, los opositores y críticos a López Obrador están construyendo un bloque de poder que pueda derivar en una hegemonía o alianza operativa electoral. Del lado contrario sólo aparece López Obrador y su mañanera como fuerza de poder construyendo una hegemonía popular de masas de votantes, sin que este grupo sea formalmente un bloque de poder.
El agrupamiento de nombres y organizaciones que aparecen en el documento del BOA --repito: aún siendo fabricado en los sótanos del poder-- revela lo ya conocido: una fuerte confluencia de poderes sociales con intereses antilopezobradoristas que constituyen no sólo un bloque de poder, sino que alcanza por su diversidad y representatividad de clase y de grupos dominantes a constituir una hegemonía.
Las luchas electorales de 2021 y de 2024 serán, pues, de hegemonías, sin clases sociales organizadas en partidos o grupos políticos. La disputa es por el modelo de Estado, la reorganización de la institución presidencial y la apertura de los poderes a la sociedad civil. No se trata de dos modelos diferentes, sino del mismo en dos variantes: el Estado priísta abierto o el Estado priísta de presidencia unitaria y centralista. Pero mientras el modelo lopezobradorista aparece claro por la figura dominante del presidente, la de los enlistados en el BOA es numerosa por la ausencia de un liderazgo único, aunque con la posibilidad, como se ha visto en las reacciones al documento, de que pueda salir una figura personal fuerte que vaya encarando desde ahora y de manera pública a López Obrador para centralizar esa hegemonía.

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Política para dummies: La política, nos ha enseñado Maquiavelo, es la lucha conductista del poder.

@carlosramirezh

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Policías, guardianes del régimen; ¿represión o Estado de derecho?

 

Carlos Ramírez

 

1.- La jefa de gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quiso ser irónica el martes al explicar la marcha violenta del lunes y sobre todo justificar la inacción policiaca, sólo que con una mueca y no con una sonrisa: “ayer se quedaron con las ganas de ver a un policía reprimiendo”.

Y así fue: los policías no intervinieron en dos ocasiones ante los desmanes de los grupos violentos. Pero el saldo de la inacción policiaca del lunes fue alto: 10,200 comercios afectados y pérdidas por 70 millones de pesos en la zona del Centro Histórico. Sin embargo, esos comercios han pagado sus impuestos para obtener seguridad y sólo han recibido un “ni modo, alguien tiene que pagar”.

El problema no radica en la inacción policiaca. Para ello, entonces habría que disolver a los cuerpos policiacos y que cada comercio contrate seguridad privada. Sheinbaum desapareció el cuerpo de granaderos y trasladó en automático esas labores a grupos especiales de policías con funciones de… granaderos.

Las fuerzas de seguridad estatales tienen ya reglas, protocolos y leyes para el uso de la fuerza, pero ninguno de los policías destinados a esas labores siquiera las ha ojeado. Lo más grave le toca a alcaldes y gobernadores: no han capacitado a sus fuerzas de seguridad en las calles para respetar derechos humanos, negociar con movimientos sociales y contener protestas violentas.

Más grave aun: las fuerzas policiacas no aprenden siquiera de sus propios errores: los granaderos reprimiendo en el 60 estudiantil, los grupos de choque de los sótanos del Estado en 1971 con el halconazo, los golpes a maestros en el zócalo en 1977, la golpiza a campesinos en Atenco y ahora el asesinato de un ciudadano en Jalisco por no portar cubrebocas y la agresión a una adolescente en Ciudad de México por protestar contra ese asesinato.

Hoy están igual, que es decir peor.

Los gobiernos municipales y como apoyo los estatales van a tener trabajo extra con las protestas que vienen ante la agudización de la crisis de empleo y de la crisis productiva derivada del frenón productivo por la pandemia del coronavirus. Puede ser más grave la inacción, que los errores de represión por la falta de capacitación policiaca en administración de multitudes. No se trata de reprimir sino de aplicar el Estado de derecho.

2.- El caso de George Floyd en los EE UU entró ya en la zona de la vulgar politización por parte del candidato demócrata Joe Biden y de la disparatada líder legislativa demócrata Nancy Pelosi. El afroamericano asesinado por un policía de un gobierno estatal demócrata se convirtió en bandera electoral demócrata.

Con tal de ganar algunos puntos electorales, los dos están destruyendo el eje de dominación autoritaria del sistema estadunidense: la dureza policiaca como mecanismo de control social. Ante delincuentes y milicias conservadoras que tienen acceso libre a las armas, la decisión de atarle las manos a los policías dejaría a los ciudadanos a merced de delincuentes armados y radicales sin freno.

Las redes demócratas están difundiendo fake news, como el video de un afroamericano con camiseta roja que fue arrestado con agresividad por dos policías. El suceso se está situando en las marchas contra el asesinato de Floyd, pero en realidad ocurrió hace un año en otro escenario: una alerta a policías para arrestar a un individuo de las características del detenido; luego de esposarlo, los policías revisaron su identificación y no era el buscado. Enseguida lo soltaron. La segunda parte de la falsedad de la nota radica en el hecho de que no era agente del FBI, como se quiere hacer creer ahora.

La crisis política de los demócratas los está exponiendo a situaciones de rupturas de los consensos de dominación imperial: el retiro de tropas que prometió Obama en Berlín y que nunca cumplió, el asesinato de Osama bin Laden sin cumplir con los requerimientos legales, la escena del ultimo informe de Trump donde Nancy Pelosi destruyó hojas del informe como si fuera una vándala anarquista y la escena de Pelosi arrodillándose en honor de Floyd por un acto de violencia policiaca del sistema autoritario y de seguridad estadunidense y como crítica a las policías que cumplen con su deber y sus funciones que los legisladores les han aprobado.

Los demócratas de Estado quieren ganar votos medrando con las víctimas del autoritarismo de Estado.

 

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Política para dummies: La política es el uso de la fuerza por el camino de la razón.

 

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Contracolumna OBRADOR Y EL SÍNDROME DEL CANGREJO | PARTE 1



JOSÉ MARTÍNEZ M.*
El presidente Obrador está jugando con fuego. Su ambición de poder amenaza al país con una crisis política. En lugar de convocar a una política conciliadora ha optado por la polarización. Ha dividido a la opinión pública en dos extremos opuestos. Su propuesta de una “cuarta transformación” no goza del consenso de los mexicanos. Pero Obrador está tan decidido en llevarla a cabo que no duda en recurrir al uso de la fuerza para imponer sus ideas.
La crisis sanitaria derivada de la pandemia del Covid -19 y la mala administración de su gobierno han propiciado una crisis económica sin precedentes. Su gobierno acusa severos problemas de gobernabilidad. Lo peor es que con su obsesión de caudillo ha propiciado la pérdida del equilibrio en los poderes del Estado. Mantiene un rígido control del Poder Legislativo y ha partidizado al Poder Judicial. Con su actitud busca a toda costa erigirse en el poder de los poderes.
A pesar de las diferencias políticas y sociales, México ha mantenido una estabilidad en los últimos 86 años. De Lázaro Cárdenas a Peña Nieto todos los gobernantes concluyeron, sin interrupción, sus mandatos sexenales. Pero sin que nadie se lo pidiera Obrador puso en el tapete de la discusión el tema de la revocación de su mandato como pretende llevarlo a cabo en una especie de referéndum en el año 2022. Aunque él ha dicho que gobernará por solo seis años, su ambición lo desborda y no hay duda de que pretenda perpetuarse.
Se equivoca, México no es una aldea. Somos una nación multicultural. Es un deber moral y político conservar la unidad de los mexicanos, sólo así protegeremos y preservaremos la soberanía republicana de la patria heredada por nuestros mayores.
A lo largo de la historia nuestro país ha pagado un alto costo por la inestabilidad política, que llevó incluso a la nación a una pérdida importante de nuestro territorio y a enfrentar invasiones y guerras con potencias extranjeras.
Antes del Porfiriato, cuya dictadura se prolongó por tres decenios, México vivió etapas cruentas. Entre 1821 y 1876 estuvimos en guerra civil los mexicanos. En esos 55 años nuestro territorio nacional fue cuatro veces mutilado, siete potencias extranjeras nos agredieron, se registraron 95 cambios de presidentes y tuvimos 10 constituciones.
Después afrontamos el proceso de la revolución mexicana para sacar del poder a Porfirio Díaz. En consecuencia el país se desangró por un lapso de casi una década.
Con Cárdenas inició el periodo de estabilidad del país., en tanto el PRI se mantuvo un poco más de siete décadas en el poder. La alternancia llevó al gobierno al Partido Acción Nacional, y después de una breve pausa del PRI, emergió Obrador con un proyecto populista sin declararse ideológicamente de izquierda, de acuerdo a su declaración de principios y estatutos al día de la elección en 2018.
Obrador ahora quiere dar un viraje y busca anclarse en el pasado de nuestra historia. De ahí es que recurre cotidianamente en su discurso a pasajes de la historia, que él mismo deforma a su conveniencia por su falta de conocimiento sin tener la autoridad moral para asumirse como un prócer.
El tabasqueño vive atrapado en el pasado y padece el síndrome del cangrejo. Su mirada está puesta en esa cosa que los venezolanos llaman la “revolución bolivariana”. Su partido, Morena, es un menjurje de ideologías que abonan en el populismo.
Mirar hacia Venezuela o Cuba sería una regresión de nuestra historia. Sin el consenso de los mexicanos Obrador hundiría al país en un estallido social. De ahí que las balandronadas de los supuestos “complots” para “derrocarlo” son meras fantasías.
No hay amenazas de un golpe de Estado, lo que sí hay son los golpes de pecho del propio Obrador para victimizarse incurriendo en un juego perverso del poder para involucrar a nuestras fuerzas armadas.
No se pueden hacer comparaciones entre el México actual y el México del pasado. Puede resultar peligroso para el país el que Obrador juegue con sus fantasías producto de su paranoia.
En los últimos años de su vida, el general Cárdenas vio cómo se fue diluyendo el cardenismo en el sector de las fuerzas armadas con la llegada del general Marcelino García Barragán. Durante los últimos diez años de su existencia Cárdenas se desempeñó hasta su muerte en 1969 como vocal ejecutivo de la Cuenca del Balsas. Apoyó a los jóvenes estudiantes del movimiento de 1968 y cuando en Cuba soplaban los aires del comunismo, Cárdenas recibió del alto mando castrense una orden: le prohibieron visitar Cuba.
Quedaban claro, desde entonces, las consignas principales que el Ejército tiene que ejercer y son: Defender la integridad de independencia de la Nación y Mantener la Constitución.
Obrador debe de entender que los militares son factores reales en el proceso de construcción de decisiones. Los promotores de incluir a México en el bloque de los países de la “revolución bolivariana” deben de saber que para nuestras fuerzas armadas la seguridad nacional no es la seguridad de una camarilla, de un partido en el poder, de un régimen determinado o de personas específicas, razón por la cual el ejército mexicano, reconociendo sus orígenes, debe sostener que la tarea no es ser instrumento, sino protagonista activo que responda a las complejas exigencias de la sociedad a quien debe su mayor empeño y de donde procede, y que hoy reclama como exigencia básica asegurar la transición a un México democrático, plural y con acceso a la riqueza social generada por el conjunto.
(Mañana continuaremos con el tema del papel, el poder y el contrapeso de las fuerzas armadas)
*José Martínez, periodista y escritor.

martes, 9 de junio de 2020

Seguridad estatal y municipal con convenios incumplidos desde 2008

Seguridad estatal y municipal con  convenios incumplidos desde 2008

Carlos Ramírez

 

En el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad de 2008, presidente de la república, gobernadores y alcaldes se comprometieron en un plazo de seis meses a dos años a limpiar sus cuerpos locales de seguridad, profesionalizar a su personal y abatir las cifras de delincuencia. Hoy la situación es peor.

Hubo entonces compromisos estrictos asumidos por las asociaciones de alcaldes: depurar y fortalecer las instituciones de seguridad y procuración de justicia, programa de procedimientos policiales, mejorar las condiciones de seguridad pública, programa para incorporar el componente social a la estrategia de seguridad, indicadores de evaluación y seguimiento y reasignación presupuestal para policías municipales.

Once años después, en 2019, el secretario federal de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño, definió el “Modelo nacional de policía y justicia cívica” que se ha topado con el muro de resistencia de los intereses de gobernadores y alcaldes. El proyecto partió de una realidad; hacia 2018 la población mantenía un 48.2% de confianza en las policías municipales y 54.3% en las policías estatales.

La desconfianza en policías locales era parte del deteriorado ciclo de justicia local: de 33 millones de delitos, sólo se denunciaba el 10.4%, el 6.76% derivaba en investigaciones iniciadas y había un 0.4% de acusados a disposición del juez.

La seguridad y justicia a nivel local fue desdeñada en el pasado y en la actualidad son los gobernadores y alcaldes los que se resisten a profesionalizar sus cuerpos de seguridad y justicia. Por ello ocurren hecho como la complicidad de policías estatales y municipales con el crimen organizado, la poca capacitación para atender delitos más allá de los cívicos y abusos de uso de la fuerza ante manifestaciones sociales de protesta.

Hasta ahora, el nuevo modelo policial que involucra a cuerpos de los tres niveles de gobierno se ha centrado en supervisar el funcionamiento, pero sin pasar antes por la reordenación de los cuerpos de seguridad, la unificación de criterios legales, el equipamiento y, de manera principal, la capacitación de los policías para atender los diferentes grados de la inseguridad; los delitos que afectan al ciudadano y a sus propiedades, la violencia criminal, la impunidad, la baja confianza en la policía.

Las protestas sociales en Guadalajara y Ciudad de México que generaron respuestas agresivas y violentas de policías sin capacitación para enfrentar motines sociales improvisados o intencionales han vuelto a colocar a las fuerzas locales de seguridad en el ojo de la crisis de la seguridad. Los policías usan exceso de fuerza contra ciudadanos que protestan por asuntos sociales, pero se notan sumisas ante la penetración de bandas delictivas en comunidades sociales que debieran de ser protegidas por los cuerpos locales de seguridad y justicia.

El modelo policial nacional que involucra a las policías estatales y municipales consta del dieciocho comisiones de control, capacitación, medición de resultados, evaluación, atención de delitos más conflictivos y hasta de salarios policiales, pero por falta de colaboración de gobernadores y alcaldes no se han podido aplicar con diligencia, rapidez y resultados.

Una de las aportaciones del nuevo modelo policial ha sido cerrada a piedra y lodo por los propios policías: el desarrollo del modelo de consejero ciudadanos de la policía y de comités ciudadanos de seguridad, porque implicaría abrir las instituciones policiacas y de justicia a la supervisión y participación de los ciudadanos afectados por la inseguridad.

Si el nuevo modelo policial se aplicara en dos años, la calidad de la seguridad y justicia a nivel local impediría los abusos, cerraría las puertas a las bandas delictivas y elevaría la confianza ciudadana. Pero gobernadores, alcaldes y policías siguen  rechazando esa propuesta.

 

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BC, sucesión. Como nada más pudo tener dos apretados años de gobierno, al mandatario estatal Jaime Bonilla le urge colocar a su delfín en posición ventajosa de salida para la elección del 2021, aun violando las reglas de equidad. Pero a su preferido Mario Jesús Escobedo Carignan se le tienen ya expedientes de irregularidades que lindan en la corrupción, tráfico de influencias, abuso de autoridad y hasta de soborno por parte de la gasera Blue Propane. Como es usual, datos han sido radicados ya en la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda.

Política para dummies: La política es la sensibilidad para atender los problemas sociales y no callarlos a toletazo limpio.

 

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@carlosramirezh

 

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