JOSÉ MARTÍNEZ M.
lunes, 26 de octubre de 2020
Contracolumna • DULCE SILVA SUEÑA SER GOBERNADORA • MORENA BUSCA APODERARSE DE TLAXCALA
Y, sin embargo, Trump se mueve; Biden: ojeroso, cansado, sin agenda
Carlos Ramírez
El tercer
y último debate presidencial en la campaña en los EE. UU., luego de suspender
el segundo porque el demócrata Joe Biden lo quería virtual desde el sótano
de su casa, debió ser una sorpresa hasta para el propio Donald Trump
porque dejó la estridencia, acorraló a su adversario con datos de corrupción
familiar y hasta respetó a la conductora.
Biden arribó al debate sin municiones políticas, con una
imagen de político cansado, sin gestos, no fue una pose de estadista que
pudieron haberle aconsejado sus asesores, sino más bien reflejó el cansancio
de una nominación que en realidad no deseaba. Trump, en cambio, parecía
una fiera herida del primer debate, pero apostó a las reglas
institucionales que al final le beneficiaron.
Si no hay claridad sobre los efectos del último debate en
el ánimo de los electores, algunos indicios deben tonarse en cuanta: hasta
ahora parece que han votado por adelantado --y por miedo al contagio de
las aglomeraciones del día de los comicios-- 50 millones de estadunidenses, casi
un tercio de los casi 150 millones que se esperan en las urnas de los
250 millones del padrón electoral.
Los rezagados suelen ser los que esperan las últimas
expresiones de los candidatos y por tanto los aún indecisos. Muchos de
ellos, dijeron los analistas, eran votantes de Trump que estaban a la espera de
algún indicio positivo de su candidato o cambiaban el sentido de su voto.
A esos votantes debió de apelar Biden. Sin embargo, Trump se vio más
vivo, más animado, más a la ofensiva, en tanto que Biden estuvo todo el tiempo
contra las cuerdas. Cuando menos hubo cinco detalles que suelen
animar a la toma de decisiones del votante:
1.- El problema del black live mater no es de Trump,
sino de los alcaldes y gobernadores demócratas que han sido tolerantes
con la violencia de los afroamericanos; y luego el movimiento se tornó anarquista,
ideológico y destructivo, sin que los gobernantes lo encararan con las
fuerzas.
2.- La corrupción familiar de la familia de Biden, revelada por el
New York Post y censurada por Twitter, arrinconó a Biden en
expresiones sólo de negación, en tanto que el presidente le dijo que todo
estaba en la computadora de su hijo que tienen las autoridades. El hijo
de Biden cobró por reuniones de empresarios extranjeros con su padre
como vicepresidente.
3.- A la mitad del debate Trump se encontró con un
argumento genial que luego le machacó a Biden toda la segunda mitad:
prometes y prometes, pero fuiste ocho años vicepresidente y “no hiciste
nada”. Un argumento similar fue de Reagan para derrotar a Carter:
pregúntense ustedes si hoy están mejor que hace cuatro años, en medio de la
crisis petrolera, inflacionaria y de caos. Cuando Biden prometió, como Obama en
dos campañas, regularizar a los ilegales, Trump le volvió a remachar:
por qué no lo hiciste como vicepresidente; Biden sólo pudo culpar
a los senadores republicanos, y Trump no lo soltó: hubieras negociado.
4.- El tema racista careció de argumentación por parte de
Biden, a pesar de que tenía mucha tela de donde cortar; sin esfuerzos, no
pudo poner el tema de los supremacistas blancos violentos que entraron
en el primer debate. Biden se enredó con temas menores que fueron
desdeñados por Trump.
5.- En política exterior Biden dejó la imagen de halcón
cuando se quejó que Trump se había hecho amigo del líder de Corea del Norte, de
Putin y del jefe de China, pero Trump dijo que el camino no era la guerra, sino
la negociación y que Corea del Norte ya no era un peligro nuclear.
Los debates tienen efectos irregulares en el sentido del
voto, pero Biden necesitaba enganchar a Trump a conductas irracionales
como las del primer debate y Trump se salió de esa trampa de ring de
boxeo. Y con datos a veces no ciertos, Trump logró arrinconar a Biden en
temas ideológicos tachándolos de socialistas que suelen desanimar a
demócratas y puso al “socialista” Bernie Sanders y a la “socialista” Alexandria
Ocasio-Cortez, ambos demócratas, como los ideólogos del programa de
Biden.
El saldo quedó claro: Biden no pudo darle la puntilla
a Trump y Trump mostró que Biden había fracasado con su agenda como ocho
años como vicepresidente de Obama.
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Política para dummies:
La policía es el arte de la confrontación, y de eso sabe más Trump que Dormilón
Biden.
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viernes, 23 de octubre de 2020
Contracolumna • PUEBLA – BARBOSA GOBIERNO RAPAZ • CORRUPCIÓN DEL AUDITOR SUPERIOR
JOSÉ MARTÍNEZ M.
Bárcena vs. Ebrard por línea de diplomacia estratégica ante EU
Carlos Ramírez
En las últimas horas se desató una guerra
burocrática por el control de la línea estratégica de la política exterior y de
seguridad nacional mexicana hacia los EE. UU. en la coyuntura de los intereses
de geopolíticos de la Casa Blanca ante las elecciones del 3 de noviembre.
Además de reacomodos de grupos de poder en el gobierno
mexicano, el trasfondo real es la visión nacionalista del presidente
López Obrador que desarrolla el canciller Marcelo Ebrard y los intereses de Washington
y la comunidad de servicios de inteligencia de la Casa Blanca que parecen estar
detrás de la embajadora de México en Washington, Martha Bárcena.
El campo de acción ha sido el caso Cienfuegos. Ebrard se
movió con excesivo cuidado y en función de los estilos pausados del
presidente de la república, en tanto que la embajadora ha dado por supuestos
los cargos y ha pedido un aumento en la “colaboración” mexicana
en materia de seguridad que hasta ahora no sólo ha beneficiado a Washington,
sino que le ha dado carta blanca para desarrollar operativos de espionaje
en México. En el caso Cienfuegos ha sido evidente: las agencias de inteligencia
de los EE. UU. espiaron a mexicanos dentro de México.
En este sentido, el caso Cienfuegos ha llevado al debate justo el
tema de la colaboración, que para funcionarios como Bárcena
quieren ser colaboracionismo en función de los intereses los EE.
UU. y sin respetar la soberanía mexicana y los intereses nacionales de
instituciones como las fuerzas armadas. Para las agencias estadunidenses,
“cooperación” quiere decir subordinación, en tanto que el presidente
López Obrador y algunos mandos militares plantean la exigencia de que México
desarrolle sus propias estrategias y políticas.
El punto clave radica en lo que Kissinger, en los sesenta, señaló
como la definición de las políticas exteriores: los “intereses
nacionales”. Y resulta que los intereses nacionales de los EE. UU. no
son los mismos que los intereses nacionales de México. El caso Cienfuegos debe entenderse
como una forma de presión de los EE. UU. para obligar a México a regresar
a la guerra criminal contra el narcotráfico que sembró al país de muertos, en
tanto que el presidente López Obrador está comprometido con el modelo de
construcción de la paz que implica enfoques contrarios a los
estadunidenses.
El asunto Cienfuegos ha puesto al descubierto los dos
enfoques contradictorios en materia de seguridad nacional y soberanía mexicana
frente a la seguridad nacional y la soberanía extendida imperial
de la Casa Blanca. El enfoque de la embajadora Bárcena no pone en
entredicho los intereses perversos de la estrategia de seguridad estadunidense
y justifica las acciones de espionaje, operativos de la DEA dentro de
México que violan los acuerdos y la soberanía mexicana y aconseja atender
las preocupaciones estadunidenses.
Ebrard, en cambio, se ha ajustado al enfoque nacional del
presidente López Obrador y su estilo a veces incomprendido de trato con el
presidente Trump para eludir confrontaciones inútiles con el imperio. Ebrard
operó por instrucciones presidenciales la visita de López Obrador a Trump en
Washington y la embajadora Bárcena se dedicó a bombardearla.
El cargo de secretario de Relaciones Exteriores ha pasado,
en los tiempos del PRI y el PAN, por la embajada de México en Washington porque
ahí se asumen las presiones e intereses estadunidenses. Ebrard viene del
equipo central de López Obrador desde el 2000, fue sucesor
designado en la jefatura de gobierno del DF y tiene asignadas tareas adicionales
a las relaciones exteriores por el grado de confianza presidencial, además de
mantener aceitadas relaciones con los grupos de Trump y del demócrata
Joe Biden.
Por esas razones se da la disputa por la cancillería
mexicana.
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TV Indicador. Domingo 23 a las 10.30
de la mañana habrá mesa de “Comunicación y Política” de Samuel Schmidt y Carlos
Ramírez con el politólogo Víctor Alarcón sobre el tema de la crisis en el
sistema de partidos, vía zoom. Inscripciones con Ana Karina Sánchez en anakarinasl@hotmail.com y en WhatsApp
55-1058-6460.
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Política para dummies:
La política es el juego palaciego de intereses.
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miércoles, 21 de octubre de 2020
Contracolumna • PEMEX, BOTÍN DE OCTAVIO OROPEZA • OBRADOR, Y SUS SUEÑOS GUAJIROS
JOSÉ MARTÍNEZ M.
“…el día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo”. El otoño del patriarca. Gabriel García Márquez.
–Vamos a ser una potencia económica, prometió el presidente Obrador.
Palabras sin convicción, promesa al fin como otras tantas en tantos
años. No es lo mismo ver el país desde la llanura que desde las alturas
del poder. (https://www.youtube.com/watch?v=06JoszvqYXY)
Tiempo atrás el presidente López Portillo prometió lo mismo. Desde el
púlpito ofreció que nos preparáramos para “administrar la abundancia”.
Obrador aún fue más allá: prometió que en materia de salud en su
gobierno estaríamos mejor que los países escandinavos. Noruega era el
modelo a seguir, pero nuestra realidad está en los casi noventa mil
muertos por la pandemia, en los niños con cáncer sin tratamientos…
Promesas van promesas vienen y Obrador actúa peor que sus antecesores.
Ni Vicente Fox en el mejor minuto de su lucidez se atrevió a tanto. ¿De
qué sirvieron tantos años revoloteando sobre los putrefactos restos del
viejo sistema político?
Obrador, el mesías tropical, el hombre de los pantanos de la Macuspana es un personaje garciamarquiano.
En El otoño del patriarca, dice el mítico personaje: “cuando yo me
muera volverán los políticos a repartirse esta vaina como en los tiempos
de los godos, ya lo verán, decía, se volverán a repartir todo entre los
curas, los gringos y los ricos, y nada para los pobres, por supuesto,
porque ésos estarán siempre tan jodidos que el día en que la mierda
tenga algún valor los pobres nacerán sin culo, ya lo verán, decía,
citando a alguien de sus tiempos de gloria”.
Nuestro patriarca ha
repartido el país a sus aliados, a los empresarios de siempre, a los
políticos de siempre y a los gringos como siempre. Es la “tradición”. En
México los políticos en el poder cada seis años se reparten el país.
Administran las instituciones como feudos. Pemex es un ejemplo de ello.
Nombró al frente de la compañía a Octavio Romero Oropeza, uno de sus
mejores amigos. Oropeza no sólo es un tipo incompetente sino además
corrupto. Como todos los que han pasado por ese puesto, se ha rodeado de
amigos y familiares. La “Cuatro – Te” es más de lo mismo.
Rubén
Gómez, el cocinero argentino de la casa presidencial Olivos, fue un
hombre que durante años dio de desayunar, comer y cenar a invariables de
presidentes. Vio entrar y salir a muchos de éstos conspicuos personajes
de la política, incluidos algunos dictadores. Inamovible e
imperturbable dijo:
–Cambian los menús, cambian los presidentes… Lo que nunca cambia son los invitados.
En México –como en muchos otros gobiernos del mundo– ocurre lo mismo.
Los barones del dinero, los dueños de los monopolios, los consejeros
áulicos son parte de la escenografía de la cuarta transformación. Por el
bien de México, primero los pobres fue un simple slogan de campaña. La
realidad es otra. Lo escribió García Márquez: “… el día en que la mierda
tenga algún valor los pobres nacerán sin culo…”
Lo malo es que
nuestro caso el Palacio presidencial se ha transformado en un manicomio.
Se han inventado nuevos símbolos como parte del envilecimiento de la
política donde un hombre en su rencor y necesidad de venganza reina
sobre los destinos del país. Nos ha dividido y pretende enfrentarnos
unos contra otros con inusitada violencia.
En el fondo permea la frustración, esa experta en hallar culpables, pero nunca es uno mismo.
Hace unos días se le rindió tributo a la memoria del general Lázaro
Cárdenas, el presidente que junto con Benito Juárez son los más
admirados y aclamados por los mexicanos. Cárdenas trascendió por la
expropiación petrolera. Sin duda, su mayor mérito.
¿Pero de qué sirvió su legado?
Obrador pensó acaso que el petróleo sería la palanca para impulsar a México como una potencia mundial, tal y como lo prometió.
Pemex fue el símbolo de la riqueza del país, ahora es un lastre, un símbolo de la corrupción.
Directores y líderes sindicales se enriquecieron por igual, si acaso
algunos de ellos pisaron la cárcel, otros terminaron cobijados por el
poder.
México sigue los pasos de Venezuela. Durante la dictadura
Chávez-Maduro el país sudamericano dilapidó en 15 años la riqueza que
les llevó más de un siglo construir. En el lapso 1999-2014, Venezuela
recibió 960 mil 589 millones de dólares (casi un billón de dólares). De
la bonanza pasaron a la pobreza.
El mal manejo de los fondos
públicos derrumbó las expectativas del modelo socialista. Empresas
expropiadas en nombre de la revolución, otras nacionalizadas y otras
creadas fueron financieramente insostenibles. Se subsidió a países de
América Latina y el Caribe con la venta de petróleo a precios
preferenciales.
Para los venezolanos la riqueza del petróleo
resultó un falso espejismo. La corrupción devoró al país. Igual en
México el petróleo resultó una maldición.
Emilio Lozoya hizo de
Pemex un botín. El exfuncionario goza de privilegios en su proceso.
Desde que llegó extraditado al país fue recibido como un rockstar. No
importa que él como sus antecesores haya lucrado con la riqueza del
país. Hubo quien utilizó los recursos de la petrolera para costear
cirugías plásticas para toda la familia, otros para negociar con los
embarques del oro negro y los menos para adquirir mansiones y obras de
arte y acumular fortunas bancarias en dólares y euros. Jorge Díaz
Serrano, Rogelio Montemayor y Emilio Lozoya lucen impunes en la galería
de ejecutivos de la compañía.
Joaquín Hernández Galicia “La Quina” y
Carlos Romero Deschamps son las figuras más representativas de la
corrupción sindical, pero hubo otros líderes en el olvido de la justicia
pero no de la memoria colectiva.
¿Quién se acuerda del Pemexgate para financiar la campaña presidencial del PRI en el 2000?
Veinte años después, todo sigue igual.
El gatopardismo de la cuarta transformación es más de lo mismo, aunque
Obrador diga que no son iguales a los priistas y panistas.
Ahora
Octavio Romero Oropeza ha hecho de Pemex su botín. El casi ingeniero
agrónomo cosecha la siembra de su lealtad a su amigo el presidente
Obrador.
“Diosito, no te pido que des, sino que me pongas donde haya”.
Amigos, hermanos, primos, todos caben en la cartera del director de Pemex.
Cómo transformar al país en una potencia económica sobre los escombros de Pemex donde la corrupción ha hecho nido.
Cierto, la principal empresa del gobierno es la más endeuda del mundo,
con más de 105 mil millones de dólares, algo así como el 9 por ciento
del Producto Interno Bruto. La producción ha caído 50 por ciento, cuesta
más caro producir que importar y aún peor el colapso de los precios
internacionales tienen a Pemex en punto de quiebre.
México se ha convertido en un país importador neto de hidrocarburos. ¿Cuándo dejaremos de hacerlo?
Transformar a un país en una potencia extranjera no se hace de la noche
a la mañana como prometió Obrador. Ni siquiera Dios que hizo el mundo
en seis días pudo haberlo logrado, porque al séptimo terminó agotado.
Sí. García Márquez tenía razón: “…el día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo”.
DEA: crisis y desorden en la comunidad de inteligencia y seguridad nacional de EU
Carlos Ramírez
Como no se había visto
desde la crisis del caso Enrique Camarena Salazar en 1985, la agencia
antinarcóticos de los EE. UU. (DEA, por sus siglas en inglés) ha asumido una autonomía de acción que ha comprometido
la estrategia de inteligencia y seguridad nacional civil y militar de la Casa
Blanca. El operativo contra el general Salvador Cienfuegos Zepeda se salió de la lógica de la estructurada
comunidad de los servicios de inteligencia de la Casa Blanca.
En 1985 la DEA realizó su propia
investigación, se alió a la CIA en México y al embajador John Gavin y determinó responsables del secuestro,
tortura y asesinato del agente antinarcóticos, aunque por entonces sospechoso
de colaborar con los narcos. Además
de abrir juicios latentes en Los
Angeles contra funcionarios mexicanos que van a ser arrestados apenas pisen suelo estadunidense, la DEA secuestró en
México al doctor Alvarez Machain como responsable
de las torturas, lo llevó en secreto a los EE. UU. y lo encarceló, aunque
después un juez determinó ilegalidades
y fue regresado a México.
El paquete de información del caso Cienfuegos ha sido integrado por la DEA, pero lo
importante es que la DEA es una de las dieciséis
agencias de inteligencia que existen en el gobierno estadunidense y que se coordinan, de manera supuesta, por la
Dirección de Inteligencia Nacional que depende del presidente Trump. De esa
oficina, sólo la DEA es la que se mueve con autonomía e impunidad con sus propias agendas, sin cumplir con los requisitos de coordinación que establece la
National Intelligence Strategy 2019 de los EE. UU.
El problema radica en el desorden,
desconfianzas, insubordinaciones y autonomía funcionales de las agencias, ante
la falta de una dirección de Estado
de la Casa Blanca. Hasta ahora, en menos de cuatro años de gobierno, Trump ha
tenido nada menos que cinco
directores de Inteligencia Nacional --un cargo creado como consecuencia de los
ataques islámicos del 9/11 de 2001 y la falta de una coordinación entre
agencias--, dos de ellos corridos
--en lenguaje mexicano-- por la furia presidencial porque estaban investigando
la injerencia rusa en las elecciones
presidenciales de 2016 y posible en 2020,
En un reportaje
publicado por Robert Draper en The New
York Times Magazine el 9 de agosto pasado se revelan los berrinches,
ironías, descuidos y formas que operan las agencias de inteligencia engañando al presidente Trump para que
firme directrices sin saber y autorice operativos que no entiende. Por primera
vez los EE. UU. carecen de un sólido
escudo de inteligencia y seguridad nacional civil y militar por la incapacidad del presidente Trump para
entender la seguridad nacional.
En un acto sin precedente y violatorio
de las reglas democráticas, el 24 de septiembre 489 funcionarios y exfuncionarios civiles y militares del área de
inteligencia y seguridad nacional acusaron
al presidente Trump de incompetencia
en el tema y pidieron votar por el candidato demócrata Joe Biden, aunque con la
intención secreta de regresar a los
tiempos de la seguridad nacional imperial que somete, asesina, derroca y manipula gobiernos
extranjeros.
En este contexto la DEA lanzó su propio operativo contra el ejército mexicano y lo hizo muy al
estilo Trump: atrabancado, sin
procedimientos legales, manipulando pruebas y tribunales e interviniendo en asuntos internos en otros países y rompiendo compromisos de colaboración
de seguridad nacional e inteligencia militar.
Como en 1985, la DEA desarticula
las relaciones bilaterales México-EE. UU. para ayudar a la campaña de Trump.
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EE. UU. a catorce días
de las elecciones. De acuerdo con un resumen de
encuestas de Real Clear Politics, la brecha en estados decisivos se estrecha porque Trump ha subido y Biden
ha bajado; está en 4.1 puntos de
diferencia, con un margen de error de 2.5 puntos. Trump está en mejor posición
que en el 2016 contra Hillary Clinton.
Y el más desesperado
por la persistencia de Trump y la pasividad
de Dormilón Biden es el expresidente
Obama, quien usa videos para atacar
a su antecesor, el mismo que llegó como repudio
a la presidencia obamista.
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La política la determina el que toma la iniciativa, porque los de adelante
corren mucho y los de atrás se quedaran.
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martes, 20 de octubre de 2020
Coahuila e Hidalgo, atípicos para PRI; pero ayudó el caos en Morena
Carlos Ramírez
La resistencia a la
evolución política en Hidalgo y Coahuila ha obedecido a la existencia de cacicazgos políticos priístas locales,
pero en medio de una incapacidad del PRD para extenderse en esas zonas y justo
en el centro del caos en el partido
Morena por la rebatinga de la presidencia y secretaría general.
En el PRI no hay
secretos ni formulas mágicas: el cacicazgo de los Moreira en Coahuila y de las familias priístas en los últimos
cincuenta años en Hidalgo es similar
al que existe en el Grupo Atlacomulco
que domina el Estado de México, donde el PRI ha sido zarandeado con severidad,
pero no han logrado tumbarlo.
El resultado electoral local en Coahuila e Hidalgo era previsible por esas razones; las
expectativas electorales de Morena en algunas encuestas reflejaban sólo eso:
expectativas; a la hora del voto, los viejos mecanismos de compra de sufragios y de movilización de votantes por la estructura
territorial del viejo PRI dieron los resultados
esperados.
A pesar de las cifras priístas, Coahuila e Hidalgo no prefiguran el regreso del PRI en las
elecciones federales legislativas de junio del 2021 ni en la casi imposible
victoria en gubernaturas. Y centrado en una lucha de facciones en Ciudad de
México, las dirigencias anterior y actual de Morena se han olvidado de las plazas locales, no han construido estructura territorial y tampoco han sabido aprovechar el peso político favorable del
presidente López Obrador.
Más por incapacidad de las élites que por intención presidencial,
Morena puede decirse que no existe
en algunas entidades, aunque en votaciones federales o de gobernador vaya a ganar con candidatos visibles. El PRI,
en cambio, no saldrá de algunas
--repito: sólo algunas-- plazas locales donde existen estructuras caciquiles
políticas de los grupos dominantes. La clave
en las organizaciones partidistas no es el discurso, ni la cercanía
presidencial, ni el gasto social desordenado, sino la existencia de estructuras
territoriales de organización. Los
Moreira en Coahuila y la élite hidalguense --el gobernador Omar Fayad es una pieza menor en la estructura-- han
logrado sostener al PRI como redes
de poder con conexiones directas con el electorado.
El PRI nacional quiere colgarse
la medallita de los resultados
electorales legislativos y municipales locales, pero en realidad nada hizo la dirigencia federal del
partido. Y tampoco existen
condiciones para señalar que Coahuila e Hidalgo anuncien el regreso
del PRI al poder. En las quince gubernaturas en disputa para junio de 2020 el
PRI carece de expectativas en alguna
y en realidad los escenarios estarían beneficiando a Morena como partido aun sin considerar nombres de candidatos.
En los hechos, el PRI perdió
su estructura territorial desde los tiempos del Pronasol de Carlos Salinas de
Gortari como presidente y Luis Donaldo Colosio como líder del PRI, salvo los
casos en los que los gobernadores priístas se negaron a sustituir sus seccionales por los comités Pronasol.
Morena no ha construido estructuras
territoriales en los estados de la república, pero sí ha sabido aprovechar la imagen del presidente
López Obrador.
Coahuila e Hidalgo han sido un laboratorio político para el PRI y un aviso para que Morena ponga
orden interno y no llegue a junio
del 2021 con el caos actual.
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EE. UU. a quince días de
las elecciones. Aunque muchos dan ya por
derrotado a Donald Trump, en realidad los resultados siguen siendo inciertos.
El cálculo del establishment liberal se basa en el voto popular, pero nadie
asegura las tendencias de los 538
votos de colegios electorales que eligen presidente. Por lo pronto, el gran
debate al cierre del proceso se localiza en la prensa liberal que ha entrado en
la zona de histeria informativa para
insultar a Trump, para censurar informaciones negativas sobre Joe Biden y para
pedir de manera directa el voto contra la reelección. De nueva cuenta, en la
guerra política en los EE. UU. la primera víctima
será la verdad y los grandes medios favorables a Biden ya perdieron credibilidad.
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Política para dummies:
La política debe saber leer la realidad.
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