domingo, 19 de abril de 2020

Desafío de 4T: distribución de gasto o Estado de bienestar





Carlos Ramírez

@carlosramirezh


La centralización del discurso político de la estrategia económica y social del COVID-19 ha impedido el planteamiento político de la crisis, el efecto y sus secuelas. Lo que se haga o deje de hacer en estos cinco meses va a determinar el destino del sexenio de López Obrador.


El gobierno federal se enfrentó a un dilema existencial: salvar a la planta productiva y al empleo o atender a los aproximadamente 22 millones de mexicanos vulnerables. La estructura apretada de las finanzas públicas no da para más. La carga fiscal de alrededor 18% --contra 35% de los países de la OCDE-- padece el desequilibrio que representa que la mayor parte es de impuestos al consumo. Las empresas regatean el pago, no declaran o evaden, en tanto que el 57% de la población económicamente activa es informal y sólo atiende el impuesto del IVA.


El desafío de México desde la crisis de 1973 ha sido la crisis fiscal del Estado; es decir, el financiamiento de las políticas públicas. El presidente López Obrador ha denunciado la carga existente aún en el presupuesto federal de los pasivos de los bancos --Fobaproa e Ipab--, pero no ha iniciado ninguna iniciativa para reorganizar las deudas que dañan las finanzas públicas.


El gran reto de los gobiernos con objetivos sociales radica en el financiamiento del desarrollo o el financiamiento del asistencialismo, porque no alcanza para los dos. Sin reorganizar la estructura de los ingresos fiscales del Estado, esos gobiernos asistencialistas se enfilan a crisis de inflación-devaluación por el sobregiro del gasto o a la falta de apoyo a la empresa privada y con ello encaminarse hacia bajos crecimientos del PIB.


La crisis del coronavirus ha llevado al gobierno federal a decisiones de emergencia: reorganizar el gasto en función de prioridades sociales, aunque abandonando la protección de la planta productiva y el empleo. Pero una vez que pase la emergencia sanitaria, la reactivación de la economía de un hoyo de -8% a -10% de PIB en 2020 será lenta, a tropezones y sin planta productiva ni empleo. Los países que están protegiendo empresas y trabajadores tendrán en 2021 un PIB positivo.


El reto de la 4T no estará en decidirse a quien salvar, a cambio de abandonar a otro sector, sino en aprovechar la crisis sanitaria para plantear las grandes reformas del gasto público: el financiamiento fiscal sano del gasto federal, el financiamiento del papel del Estado como pivote del apoyo de la empresa privada para aumentar el desarrollo y, de manera muy importante, las aportaciones federales al gasto público de estados y municipios.


Si las organizaciones empresariales están armando acuerdos contra la crisis en sus diferentes niveles, bien podrían apoyar, por ejemplo, una Convención Nacional Hacendaria que lleve a decisiones legales para que las empresas no evadan o eluden el pago de impuestos. El Bloque de los ricos que está pululando alrededor del presidente López Obrador tienen deudas fiscales que se niegan a liquidar y que son urgentes ahora para financiar la emergencia sanitaria, y usan esa cercanía como exculpación de pecados fiscales.


Sin una gran reforma económica del Estado y sin aprovechar la crisis para iniciarla, la capacidad fiscal del Estado apenas servirá para apoyar a los pobres con poco dinero que no les alcanza para mitigar su marginación y tampoco será suficiente para encarar la inflación de bienes básicos.


Los gobiernos asistencialistas asumen la condición de populistas cuando sólo usan la riqueza vigente para desviarla hacia los marginados, pero tienen la oportunidad de construir verdaderos Estados de bienestar con reformas estructurales que amplíen los ingresos fiscales del Estado, incluyendo la parte del fisco que implica la modulación de la riqueza.





Son muchos más. La revista Eje Central publicó en su edición en circulación (https://www.ejecentral.com.mx/semanario-196/) que las cifras oficiales de infectados están ocultando la realidad y señaló que por cada enfermo reconocido hay 30 más, no 8 o 10 como se dijo de manera oficial. En total, hacia finales de la semana pasada existían más de 170 mil mexicanos enfermos y por ello potenciales diseminadores de la infección. Y cada infectado, dicen otros datos, hay hasta 3 contagiados. O sea, lo peor está por venir.


Política para dummies: La política es el espacio para las decisiones radicales, no para explicar los pretextos.

sábado, 18 de abril de 2020

viernes, 17 de abril de 2020

Obrador, Dios en el poder




JOSÉ MARTÍNEZ M.



Invariablemente cuando abordo algún tema referente al presidente Obrador, ¡zas! irrumpen como por arte de magia los guardianes de las redes sociales de la cuarta transformación. Su función consiste en exorcizar a los críticos que registran los hechos negativos de todo el personal adherido a Morena y que cumplen alguna responsabilidad pública. Entre muchos de estos torquemadas hay algunos periodistas que se encuentran metamorfoseados en una especie de ángeles caídos que ven a Obrador como un Dios, aunque en la mayoría de los casos operan grupos clandestinos de hordas obradoristas vinculados a las oficinas de comunicación social del gobierno, muchos directamente dependientes de Palacio Nacional desde donde parten las instrucciones para vapulear a quienes critican al tabasqueño. Hay algunos que de inmediato ingresan a los blogs o a las páginas del Facebook para descalificar, insultar o hasta amedrentrar. No me sorprende que entre ellos se encuentren algunos “académicos” identificados políticamente con eso que llaman “cuarta transformación” y que solo es una simple frase de propaganda. Estos artífices de las “benditas” redes sociales actúan de manera mezquina. Nunca en mi vida he comulgado con ningún partido político, así que no tengo ninguna excusa para construir una oda al obradorismo. He sido un ferviente crítico de todos los partidos y sus líderes, hasta he escrito libros sobre conspicuos personajes del sistema político y admito que a lo largo de un poco más de cuatro décadas por cuestiones profesionales he sostenido alguna relación con algunos de éstos sin importarme su filiación política. A propósito, hace unos días leí con mucha atención un artículo de Arturo Pérez-Reverte donde relató su mala experiencia con las redes sociales a partir de la convivencia abierta con el público con motivo de lo que hacen ciertas figuras públicas durante el encierro provocado por la pandemia del coronavirus. En su artículo titulado “Decepcionando al personal”, Reverte, un periodista y escritor muy querido y respetado con más de cinco décadas en el oficio, cuenta que en sus conversaciones por Twitter afloró de pronto el sectarismo y la mala leche. Y no de los personajes con los que conversó, pues todos estuvieron impecables, “sino de algunos tuiteros que, al verlos aparecer allí, se lanzaron a controlar con quién podía yo hablar por teléfono y con quién no –narra Reverte–. Fue interesante, aunque no inesperada, la visceralidad sectaria con que algunos comunicantes me reprocharon que diese voz, incluso para decir qué película estaban viendo, a alguien de derechas, a alguien de izquierdas, a alguien cuya catadura moral o intelectual cuestionaban. A un rojo, un fascista, cualquiera que no encajara en gustos o ideas. Hasta a José María García le reprocharon tener pasta y ser bajito”. Prosigue Reverte: “Pero lo que más me llamó la atención no fue eso, sino el latiguillo que a veces surge cuando en un artículo o tuiteo hago referencia a lo que un indignado no comparte: me ha decepcionado usted, o –aquí se pasa mucho al tuteo– me has decepcionado, Reverte. Llevo leyéndote toda la vida, tengo todos tus libros, pero al mencionar a ese rojo, a ese fascista, a esa tortillera, a ese corrupto, a ése cuyo mundo no comparto, se me ha caído un mito”. Vaya, eso es exactamente lo que también ocurre en nuestras “benditas” redes sociales. Lo peor en nuestro caso, es que el presidente Obrador es el que se encarga de alimentar el odio de los internautas contra sus críticos a quienes atacan a través de bots y tuits. Hace poco el Presidente se refirió a los periodistas como “buitres” por las críticas en su “estrategia” por el coronavirus. Pero el carroñero es él. Ha insultado hasta el cansancio a los periodistas, regularmente los llama “fífis” o “conservadores”. Él es el único que posee la verdad, el que tiene la piedra filosofal, el indestructible, etc, etc… pero no va a destruir la carrera de muchos periodistas e intelectuales con una simple ocurrencia o una descalificación. Obrador se siente a gusto con su bola de aduladores de los que se rodea día a día en sus mañaneras, que más que comunicadores de las redes sociales, actúan como gendarmes, ahí están los ejemplos de un tal polizonte Olvera y otros secuaces como lord molécula y un tal Serrano, el primero hasta pidió investigar a una famosa activista por organizar el movimiento de un día sin mujeres. Todos los de esta runfla actúan como alguaciles porque jamás serán periodistas. Lástima que algunos viejos periodistas se encuentren activos como propagandistas subordinados al gobierno de Obrador bajo el cosmético de periodistas “democráticos”. Tiene razón Reverte: “Y si después de medio siglo contándolo a alguien se le cae un mito por un tuit de 280 caracteres, lo tengo claro: que enrolle cuidadosamente el mito, se lo introduzca en el ojete y se vaya a hacer puñetas”.

El Consejo de Ancianos de Obrador






JOSÉ MARTÍNEZ M.

El de Obrador es un gobierno de agudas contradicciones. Un día sí y otro también el Presidente incurre en incongruencias. Esa situación ha perturbado a sus críticos. Ya sabemos que el tabasqueño es de piel delgada lo cual lo hace alérgico a las críticas. Sus respuestas, invariablemente son tóxicas, correspondientes a un viejo refunfuñón. Alguna vez el poeta Gabriel Said escribió un texto memorable que tituló “AMLO Poeta”, donde hace un inventario de los insultos y desprecios de Obrador por sus críticos y opositores. En cambio le gusta la adulación y la fama. En ese ambiente se siente cómodo, quizás hubiera sido feliz como una estrella de Hollywood. Claro, en un papel de comediante, pero eso sí de malos chistes. Es un político que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Por sus complejos de inferioridad intelectual le aterran los escenarios internacionales. No le gusta que le disputen los reflectores. En las mañaneras invariablemente se hace acompañar por algunos de sus colaboradores pero la mayor parte del tiempo los tiene como floreros. Al “compañero Presidente”, como le llaman algunos trasnochados, no le agradan muchos los jóvenes, tal vez por eso integró su equipo de gobierno con una mayoría de personas de la senectud. Es una contradicción y una incongruencia que siendo así haya respaldado la decisión de privilegiar la vida de los jóvenes sobre los ancianos en el tema de la salud. Ya sabemos que su gobierno se maneja clientelarmente, lo que su administración atiende no son personas, son votos. Simples cifras. Es así que su discurso comenzó a perder credibilidad desde el arranque de su sexenio. El equipo de Verificado, un proyecto de comunicación especializado en el Fact Checking o verificación de hechos se ha dado a la tarea de registrar el discurso del presidente Obrador. Y así, en los primeros diez meses del gobierno de la llamada Cuarta Transformación concluyeron que más de la mitad de lo que habla el Presidente son mentiras. Verificado analiza y pone sobre la mesa el discurso de quienes tienen voz pública en el país. Desmenuzan palabra tras palabra y así verificar la veracidad de los servidores públicos, otorgando calificaciones a sus dichos basados en la metodología del fact-checking. Así, en el primer año de gobierno, verificaron que el 56 por ciento de lo que habla Obrador en “Las Mañaneras” es Falso o Engañoso. Esto importa por el estado de salud del Presidente. Sabemos que desde su campaña estuvo muy sometido a un estrés que lo llevó al hospital donde estuvo en riesgo su vida. Ha sido intervenido en varias ocasiones del corazón. Es hipertenso y es candidato riesgoso para padecer la infección del coronavirus por su constante exposición pública. Lo malo es que su equipo también está en riesgo por la edad. La mayoría de los integrantes de su gabinete son de la tercera edad. Basta señalar que Obrador es uno de los cinco presidentes más viejos que ha tenido el país en su historia desde la Independencia. Solamente ha habido dos presidentes mayores que él (José Ignacio Pavón, que contaba con 69 años al asumir el poder y Victoriano Huerta tenía 67 años). Obrador asumió su mandato a los 65 años, al igual que los hicieron en su momento a esa misma edad Juan N. Álvarez Hurtado y Valentín Gómez Farías. El asunto es que el gabinete de Obrador es el de más edad en la historia del país. La gran mayoría pertenecen a la tercera edad. Veamos: Manuel Bartlett Díaz, titular de la CFE, es el más viejo, tiene 84 años. Le sigue, Javier Jiménez Espriú, secretario de Comunicaciones, con 83 años, luego el Fiscal general Alejandro Gertz Manero, de 81 años. Después siguen Jorge Carlos Alcocer Varela, secretario de Salud, de 74 años; Víctor Toledo Manzur, titular de la Semarnart, 74 años; Olga Sánchez Cordero, de Gobernación, próxima a los 73 años; Víctor Manuel Villalobos Arámbula, de Agricultura, 70 años; Alfonso Romo Garza, Jefe de la Oficina presidencial, con 70 años; Miguel Torruco Marqués, de Turismo con 69 años; Con 66 años de edad están tres secretarios Esteban Moctezuma Barragán, de Educación, José Rafael Ojeda Durán, de Marina y Francisco Alfonso Durazo Montaño, secretario de Seguridad. Al rango de la senectud por edad pertenecen el canciller Marcelo Luis Ebrard Casaubón de 61 años y el general Luis Cresencio Sandoval González, titular de la Sedena, de 60 años. El consejero jurídico Julio Scherer Ibarra, también forma parte de este grupo de funcionarios de la tercera edad. Octavio Romero Oropeza, Pemex, 57 años; Norma Rocío Nahle García, Energía, 56 años; Graciela Márquez Colín, Economía, 1965, 55 años; Arturo Herrera Gutiérrez. Secretario de Hacienda y Crédito Público, Hacienda, 53 años; Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, Función Pública, 48 años; María Luisa Albores González, Bienestar, 44 años y Luisa María Alcalde Luján, Trabajo, 33 años. A la secretaria de Cultura Alejandra Frausto Guerrero, le avergüenza decir su edad. El tema de la edad tiene mucho que ver con las disposiciones del gobierno en materia de salud, toda vez que el equipo presidencial en su mayoría está compuesto por una especie de “consejo de ancianos”, que no tendrán derecho, como el Presidente, a un respirador en caso de resultar infectados por el coronavirus. ¿Obrador renunciará a un ventilador para cederlo a un joven con mayores expectativas de vida? ¿Harían lo mismo la mayoría de sus colaboradores? ¿Bartlett, por ejemplo? En un acto de congruencia y fuera de la politiquería, lo que debería hacer Obrador es declarar a su gabinete en estado de emergencia, no vaya a ser la de malas. Digo, yo no’más digo.

O acuerdo para nuevo modelo de desarrollo o PIB de 0% sexenal




Carlos Ramírez
indicadorpoliticomx@gmail.com

@carlosramirezh



Las leyes de la economía no entienden de liderazgos políticos o de justificaciones discursivas: a comienzos de febrero, antes de la parafernalia del COVID-19, el PIB de 2019 fue de -0.1% y la meta oficial para 2020 de 2% andaba en 0.7%... y bajando. El compromiso del Plan Nacional de Desarrollo fue de PIB anual de 2% en 2019 y 2020 para enfilar a la economía hacia una meta de 4% en 2021 y 4% en 2022

El problema, desde luego, no radicaba ni radica en las cifras; éstas son metas, no resultados. Sin embargo, el PIB es el principal indicador de la economía y se usa de referencia con otras variables para establecer el desarrollo, no sólo el crecimiento de la producción de bienes y servicios.

Al margen de las cifras posibles, las metas del PIB fijadas en el PND mostraban que la economía debía de pasar del 2% durante el ciclo neoliberal 1983-2018 a una tasa de 4% promedio anual en el sexenio 2019-2024. El dato mayor estaba en el reconocimiento de que era imposible regresar a la tasa promedio anual de 6% del periodo populista 1934-1982; inclusive, la meta de PIB promedio anual de 6% en 2023 y 2024 iba a ser imposible de alcanzar por la desarticulación en las principales variables macroeconómicas.

Esta larga introducción sirve para fijar el centro del debate económico actual: si la planta productiva y el empleo estaban en recesión antes del parón productivo obligado por la pandemia del coronavirus y la capacidad de producción estaba atada al techo de 2.5% porque arriba de esta cifra se desatarían las presiones inflacionarias-devaluatorias, entonces el fin de la crisis sanitaria regresará la economía productiva a su triste realidad: no más de 2% de PIB, cuando menos sin cambiar la planta productiva y el modelo de desarrollo y sin un Estado rector de la economía.

La población de 120 millones de personas, los 58 millones de población económicamente activa, los 33 millones de trabajadores en el sector informal y la incorporación de un millón 600 mil mexicanos por primera vez al año a la población económicamente activa requieren, como mínimo, una tasa promedio anual de PIB de 6%. La economía de 2% de PIB estaría atendiendo sólo a un tercio de los mexicanos, dejando a dos tercios fuera del desarrollo, del crecimiento y del bienestar.

Sin una propuesta de nuevo modelo de desarrollo, el regreso de México a la normalidad anterior al COVID-19 no debería ser una meta de ningún gobierno, ni de ningún sector productivo. Aquí es donde se ubica la propuesta de acuerdo que hasta ahora ningún grupo social, político o profesionista ha querido debatir. Inclusive, el pacto para disminuir el impacto productivo de la pandemia y para proteger la planta productiva y el empleo podría ser el inicio de un acuerdo para un nuevo modelo de desarrollo.

El consenso productivo y de desarrollo posrevolucionario duró hasta 1970. El populismo 1971-1982 y el neoliberalismo 1983-2018 se aplicaron sin un modelo de desarrollo. El problema radicó en que todas las medidas de policía industrial, de comercio exterior y macroeconómicas eludieron el punto central de todo modelo de desarrollo: la modernización o reconversión de la planta productiva y la redefinición del papel rector del Estado.

El modelo posneoliberal lopezobradorista se centró sólo en la constitucionalización de las políticas asistencialistas, pero sin fijar el modelo de desarrollo y de creación de riqueza para repartir. Se ha tratado a secas del reparto del presupuesto, no de la modificación de la estructura de redistribución del ingreso.

La crisis del coronavirus será oportunidad para cambiar el modelo de desarrollo y el papel promotor del Estado o regresar a la comodidad del 2% de PIB promedio anual y a asignaciones asistencialistas improductivas.

modelo que condujo a una parte del Fobaproa en 1995 de pedir dinero prestado a su banco y regresarlo como capital, para aumentar sus acciones con dinero de los cuentahabientes. Ya se detectaron 450 millones de pesos.

Bartlett. El director de la CFE, Manuel Bartlett Díaz, está tratando a los consumidores como si fueran partidos y electores en una votación fraudulenta. Por obligación, muchos despachos de trabajo obedecieron el trabajo en casa, sus oficinas quedaron cerradas, no llegaron o llegaron los recibos de la luz, no se pudieron pagar y la CFE cortó el servicio de energía. Ahora, además, habrá que pagar físicamente y con castigo. El chiste se cuenta solo.

miércoles, 15 de abril de 2020

Virus: no revocación de mandato sino acuerdo plural contra crisis





La conferencia presidencial del martes 14 pudo haber marcado un punto de no-retorno en la confrontación derivada de la crisis de salud por el COVID-19 y habría mandado el mensaje de que no habrá acuerdos-pactos-consensos entre el presidente de la república y la sociedad civil.

En este sentido, la parte más aguda de la crisis sanitaria --las fases 4 y 5-- se darán en un escenario de mayor polarización político-social. Y lo más grave de ello radica en el hecho de que en Palacio Nacional están asumiendo el PIB negativo como de coyuntura y no hay los planes de reactivación.

En una vista panorámica de los efectos no-sanitarios del coronavirus se pueden apreciar cuando menos dos conjuntos de crisis que exigen sensibilidad y sobre todo consensos:

1.- Las crisis de salud, de desequilibrios presupuestales, de deterioros macroeconómicos, de recesión rumbo a depresión, de estructura de poder centralizada, de relaciones con los empresarios como bloque de poder y como factor de inversión privada, de PIB hundiéndose sin chaleco salvavidas ni flotadores, de seguridad nacional por las repercusiones del petróleo y de los acuerdos con los EE. UU., de autoridad presidencial en cuanto a liderazgo no basado en la fuerza coercitiva de las instituciones, de geopolítica por la urgencia de acuerdos multinacionales en materia de salud y del papel de China no como superpotencia sino como polo de dominación y hegemonía.

2.- Las crisis urgentes a atender con acuerdos-pactos-consensos tampoco están sido consideradas en Palacio Nacional: un acuerdo de reorganización total del sector salud, un plan anticrisis para salir del hoyo recesivo de -8% a -12% en 2020, un programa de reactivación económica para 2021 más allá del sobrestimado plan contracíclico, una política presupuestal limpiada de resabios que impiden su papel promotor del desarrollo, una propuesta formal y plural de nuevo modelo de desarrollo porque el existente se está destruyendo sin el apoyo a producción y empleo, entre otras.

Las salidas de las crisis ante caídas del PIB a cifras negativas en 1983, 1986, 1995, 2001, 2202 y 2009 fueron posibles porque los gobiernos aplicaron medidas de protección de la planta productiva y del empleo para impedir la destrucción de la relación oferta-demanda de bienes y servicios. En la crisis actual, sin embargo, la planta productiva y el empleo están siendo sacrificadas sin planes de protección y ayuda, por lo que la reactivación del crecimiento económico será lenta como para prever un escenario de PIB negativo en 2020, 2021 y 2022.

Los efectos económicos, sociales y políticos del coronavirus no necesitan adelantar la votación para revocación de mandato, sino que exigen acuerdos plurales bajo la coordinación nacional del presidente de la república. Debatir inclusive la revocación profundizará las desavenencias entre gobierno y sociedad, gobierno y oposición y mexicanos en general y no abonará en las salidas de la crisis que necesitan de consensos plurales.

El problema con las críticas al presidente de la república no se localiza en su origen conservador o progresista, sino en entender si contienen razones atendibles o son propuestas superficiales. Y después, en encontrar el camino a acuerdos. Las cuando menos seis propuestas de la sociedad civil al presidente para acordar salidas a la crisis provienen de analistas de alto prestigio, funcionarios probados y expertos en escenarios alternativos.

El temor presidencial se percibe en la percepción de que esas propuestas buscarían la aniquilación de la 4-T, sin pensar que la 4-T es una política simbólica y no una propuesta de nuevo proyecto de nación. Y todas las propuestas al presidente parten, se desarrollan y concluyen con llamados urgentes a proteger la planta productiva y el empleo, un objetivo, por cierto, que debería de ser prioridad presidencial porque a López Obrador y a la 4-T no le conviene un escenario productivo de PIB negativo de uno a tres años, como mínimo.

La clave de la salida de la crisis estará en la reconstrucción de los puentes de acuerdos sociales dinamitados.

ACCENDO Banco. En medio del río revuelto, no faltan los pescadores que se pasan de listos. Las autoridades financieras ya detectaron que Accendo Banco, una institución nacida para las empresas, ha dejado huellas de irregularidades de uno de sus dueños: Javier Reyes acudió al viejo modelo que condujo a una parte del Fobaproa en 1995 de pedir dinero prestado a su banco y regresarlo como capital, para aumentar sus acciones con dinero de los cuentahabientes. Ya se detectaron 450 millones de pesos

martes, 14 de abril de 2020

Virus: nadie está atendido la crisis económica; TCL, lastre atado a EU



Carlos Ramírez
http://indicadorpolitico.mx
@carlosramirezh


Si los técnicos en economía son expertos en ocultar problemas y justificar crisis, el reciente informe “Políticas para combatir la pandemia” del Banco Interamericano de Desarrollo debiera encender los focos rojos de la crisis económica que viene y convertirse en lectura obligada por las autoridades hacendarias mexicanas… si aparecen en algún lado.


El reporte parte del criterio de que la crisis económica provocada por la pandemia del COVID-19 será peor de la de 2009. Y para México, el shock será más grave por su enorme dependencia de los EE. UU. y el mundo vía el Tratado de Comercio Libre. Por tanto, la posibilidad de México de salir de la crisis recesiva dependerá del PIB de los EE. UU. y China y de medidas de política de desarrollo internas.


En la fase 2 de la pandemia, el BID señala que el PIB de México en 2020 podría ser, en el escenario extremo que es muy viable, en -5.3%, previendo una baja fuerte del PIB de los EE. UU. y China. Frente a este escenario, el BID hace cuatro recomendaciones de política macroeconómica que en México no se están atendiendo y que podrían hundir más al PIB mexicano:


1.- Reducir la posibilidad de que se aumenten costos debido al cierre parcial forzoso de la economía.


2.- Apoyar a los bancos para que puedan seguir funcionando y ayudar a la economía.


3.- Ayudar a las empresas para que mantengan a los trabajadores en nómina y escapen a la liquidación.


4.- Compensar a los hogares que pierdan ingresos, especialmente a los pobres y vulnerables.


Las decisiones gubernamentales en México han sacado de la prioridad la política macroeconómica y se han centrado en el salvamento de las finanzas públicas para impedir el déficit presupuestal. Sin embargo, organismos financieros internacionales muy ortodoxos han aceptado la posibilidad de 4% de déficit presupuestal para usar ese dinero en programas de rescate.

Hasta ahora, sin embargo, los técnicos de Hacienda no han cambiado el chip del neoliberalismo a ultranza y se han aferrado al superávit gubernamental, en el entendido de que el viejo modelo populista de déficit en finanzas publicas se dilapidada en corrupción o en programas asistencialistas de compra de lealtades.

Hoy se trata de evitar el crack del sistema productivo por el quiebre parcial y en muchos casos definitivo de cadenas productivas por el desamparo en que han quedado cientos de miles de micro, pequeñas y medianas empresas que están articuladas a las grandes. De mantenerse el criterio mexicano de no malgastar dinero en empresas pequeñas, el impacto económico del coronavirus será más bajo del -5.3% estimado por el BID para México, con la circunstancia agravante de que el hundimiento sería de dos o tres años si no se atiende la desarticulación productiva.

Uno de los avisos importantes que presenta el reporte del BID debería alertar el uso de mecanismos tradicionales: los contracíclicos de inversiones emergentes o el estímulo contracíclico a la demanda vía inyección de dinero artificial son “menos pertinentes”. La crisis, aclara el BID, es de “choque de oferta como de demanda”, es decir, se distorsionó todo el proceso productivo. “Las empresas y los hogares probablemente sufrirán un estrés financiero importante”. Al final, el impacto del virus “reducirá tanto la oferta como la demanda”.

En su reporte, el BID hace hincapié en la prioridad de mantener funcionando las cadenas de producción con apoyos a las empresas intermediarias. Y hacia ahí deben de enfocarse medidas anticrisis de los bancos centrales, a fin de mantener operando el sistema productivo. Por ello recomienda que “los bancos centrales (Banxico en el caso de México) pueden ayudar a mitigar la magnitud de este choque reduciendo los tipos de interés y suministrando liquidez para mantener alternas las cadenas de suministro y reducir al mínimo la pérdida de empleo y las quiebras”.

Enfocada la política hacendaria a salvar las finanzas públicas y los programas prioritarios del presidente de la república, la economía está registrando quiebra de cadenas productivas y de suministro y generando con ello desempleo permanente, lo que ha llevado a que las organizaciones empresariales ha tratar de salir al rescate de esas micro, pequeñas y medianas empresas.

El riesgo económico del coronavirus sigue latente: “repercusiones en el equilibrio fiscal y presión sobre monedas y otros indicadores monetarios y financieros”, además de otros análisis de especialistas que revelan visos de quiebra masiva de empresas, desempleo crónico y extenso y una recuperación productiva lenta y de largo plazo con PIB limitado cuando menos durante cinco años.



Política para dummies: La política es la acción pública para resolver, no para justificar y eludir.