viernes, 17 de abril de 2020

El Consejo de Ancianos de Obrador






JOSÉ MARTÍNEZ M.

El de Obrador es un gobierno de agudas contradicciones. Un día sí y otro también el Presidente incurre en incongruencias. Esa situación ha perturbado a sus críticos. Ya sabemos que el tabasqueño es de piel delgada lo cual lo hace alérgico a las críticas. Sus respuestas, invariablemente son tóxicas, correspondientes a un viejo refunfuñón. Alguna vez el poeta Gabriel Said escribió un texto memorable que tituló “AMLO Poeta”, donde hace un inventario de los insultos y desprecios de Obrador por sus críticos y opositores. En cambio le gusta la adulación y la fama. En ese ambiente se siente cómodo, quizás hubiera sido feliz como una estrella de Hollywood. Claro, en un papel de comediante, pero eso sí de malos chistes. Es un político que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Por sus complejos de inferioridad intelectual le aterran los escenarios internacionales. No le gusta que le disputen los reflectores. En las mañaneras invariablemente se hace acompañar por algunos de sus colaboradores pero la mayor parte del tiempo los tiene como floreros. Al “compañero Presidente”, como le llaman algunos trasnochados, no le agradan muchos los jóvenes, tal vez por eso integró su equipo de gobierno con una mayoría de personas de la senectud. Es una contradicción y una incongruencia que siendo así haya respaldado la decisión de privilegiar la vida de los jóvenes sobre los ancianos en el tema de la salud. Ya sabemos que su gobierno se maneja clientelarmente, lo que su administración atiende no son personas, son votos. Simples cifras. Es así que su discurso comenzó a perder credibilidad desde el arranque de su sexenio. El equipo de Verificado, un proyecto de comunicación especializado en el Fact Checking o verificación de hechos se ha dado a la tarea de registrar el discurso del presidente Obrador. Y así, en los primeros diez meses del gobierno de la llamada Cuarta Transformación concluyeron que más de la mitad de lo que habla el Presidente son mentiras. Verificado analiza y pone sobre la mesa el discurso de quienes tienen voz pública en el país. Desmenuzan palabra tras palabra y así verificar la veracidad de los servidores públicos, otorgando calificaciones a sus dichos basados en la metodología del fact-checking. Así, en el primer año de gobierno, verificaron que el 56 por ciento de lo que habla Obrador en “Las Mañaneras” es Falso o Engañoso. Esto importa por el estado de salud del Presidente. Sabemos que desde su campaña estuvo muy sometido a un estrés que lo llevó al hospital donde estuvo en riesgo su vida. Ha sido intervenido en varias ocasiones del corazón. Es hipertenso y es candidato riesgoso para padecer la infección del coronavirus por su constante exposición pública. Lo malo es que su equipo también está en riesgo por la edad. La mayoría de los integrantes de su gabinete son de la tercera edad. Basta señalar que Obrador es uno de los cinco presidentes más viejos que ha tenido el país en su historia desde la Independencia. Solamente ha habido dos presidentes mayores que él (José Ignacio Pavón, que contaba con 69 años al asumir el poder y Victoriano Huerta tenía 67 años). Obrador asumió su mandato a los 65 años, al igual que los hicieron en su momento a esa misma edad Juan N. Álvarez Hurtado y Valentín Gómez Farías. El asunto es que el gabinete de Obrador es el de más edad en la historia del país. La gran mayoría pertenecen a la tercera edad. Veamos: Manuel Bartlett Díaz, titular de la CFE, es el más viejo, tiene 84 años. Le sigue, Javier Jiménez Espriú, secretario de Comunicaciones, con 83 años, luego el Fiscal general Alejandro Gertz Manero, de 81 años. Después siguen Jorge Carlos Alcocer Varela, secretario de Salud, de 74 años; Víctor Toledo Manzur, titular de la Semarnart, 74 años; Olga Sánchez Cordero, de Gobernación, próxima a los 73 años; Víctor Manuel Villalobos Arámbula, de Agricultura, 70 años; Alfonso Romo Garza, Jefe de la Oficina presidencial, con 70 años; Miguel Torruco Marqués, de Turismo con 69 años; Con 66 años de edad están tres secretarios Esteban Moctezuma Barragán, de Educación, José Rafael Ojeda Durán, de Marina y Francisco Alfonso Durazo Montaño, secretario de Seguridad. Al rango de la senectud por edad pertenecen el canciller Marcelo Luis Ebrard Casaubón de 61 años y el general Luis Cresencio Sandoval González, titular de la Sedena, de 60 años. El consejero jurídico Julio Scherer Ibarra, también forma parte de este grupo de funcionarios de la tercera edad. Octavio Romero Oropeza, Pemex, 57 años; Norma Rocío Nahle García, Energía, 56 años; Graciela Márquez Colín, Economía, 1965, 55 años; Arturo Herrera Gutiérrez. Secretario de Hacienda y Crédito Público, Hacienda, 53 años; Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, Función Pública, 48 años; María Luisa Albores González, Bienestar, 44 años y Luisa María Alcalde Luján, Trabajo, 33 años. A la secretaria de Cultura Alejandra Frausto Guerrero, le avergüenza decir su edad. El tema de la edad tiene mucho que ver con las disposiciones del gobierno en materia de salud, toda vez que el equipo presidencial en su mayoría está compuesto por una especie de “consejo de ancianos”, que no tendrán derecho, como el Presidente, a un respirador en caso de resultar infectados por el coronavirus. ¿Obrador renunciará a un ventilador para cederlo a un joven con mayores expectativas de vida? ¿Harían lo mismo la mayoría de sus colaboradores? ¿Bartlett, por ejemplo? En un acto de congruencia y fuera de la politiquería, lo que debería hacer Obrador es declarar a su gabinete en estado de emergencia, no vaya a ser la de malas. Digo, yo no’más digo.

O acuerdo para nuevo modelo de desarrollo o PIB de 0% sexenal




Carlos Ramírez
indicadorpoliticomx@gmail.com

@carlosramirezh



Las leyes de la economía no entienden de liderazgos políticos o de justificaciones discursivas: a comienzos de febrero, antes de la parafernalia del COVID-19, el PIB de 2019 fue de -0.1% y la meta oficial para 2020 de 2% andaba en 0.7%... y bajando. El compromiso del Plan Nacional de Desarrollo fue de PIB anual de 2% en 2019 y 2020 para enfilar a la economía hacia una meta de 4% en 2021 y 4% en 2022

El problema, desde luego, no radicaba ni radica en las cifras; éstas son metas, no resultados. Sin embargo, el PIB es el principal indicador de la economía y se usa de referencia con otras variables para establecer el desarrollo, no sólo el crecimiento de la producción de bienes y servicios.

Al margen de las cifras posibles, las metas del PIB fijadas en el PND mostraban que la economía debía de pasar del 2% durante el ciclo neoliberal 1983-2018 a una tasa de 4% promedio anual en el sexenio 2019-2024. El dato mayor estaba en el reconocimiento de que era imposible regresar a la tasa promedio anual de 6% del periodo populista 1934-1982; inclusive, la meta de PIB promedio anual de 6% en 2023 y 2024 iba a ser imposible de alcanzar por la desarticulación en las principales variables macroeconómicas.

Esta larga introducción sirve para fijar el centro del debate económico actual: si la planta productiva y el empleo estaban en recesión antes del parón productivo obligado por la pandemia del coronavirus y la capacidad de producción estaba atada al techo de 2.5% porque arriba de esta cifra se desatarían las presiones inflacionarias-devaluatorias, entonces el fin de la crisis sanitaria regresará la economía productiva a su triste realidad: no más de 2% de PIB, cuando menos sin cambiar la planta productiva y el modelo de desarrollo y sin un Estado rector de la economía.

La población de 120 millones de personas, los 58 millones de población económicamente activa, los 33 millones de trabajadores en el sector informal y la incorporación de un millón 600 mil mexicanos por primera vez al año a la población económicamente activa requieren, como mínimo, una tasa promedio anual de PIB de 6%. La economía de 2% de PIB estaría atendiendo sólo a un tercio de los mexicanos, dejando a dos tercios fuera del desarrollo, del crecimiento y del bienestar.

Sin una propuesta de nuevo modelo de desarrollo, el regreso de México a la normalidad anterior al COVID-19 no debería ser una meta de ningún gobierno, ni de ningún sector productivo. Aquí es donde se ubica la propuesta de acuerdo que hasta ahora ningún grupo social, político o profesionista ha querido debatir. Inclusive, el pacto para disminuir el impacto productivo de la pandemia y para proteger la planta productiva y el empleo podría ser el inicio de un acuerdo para un nuevo modelo de desarrollo.

El consenso productivo y de desarrollo posrevolucionario duró hasta 1970. El populismo 1971-1982 y el neoliberalismo 1983-2018 se aplicaron sin un modelo de desarrollo. El problema radicó en que todas las medidas de policía industrial, de comercio exterior y macroeconómicas eludieron el punto central de todo modelo de desarrollo: la modernización o reconversión de la planta productiva y la redefinición del papel rector del Estado.

El modelo posneoliberal lopezobradorista se centró sólo en la constitucionalización de las políticas asistencialistas, pero sin fijar el modelo de desarrollo y de creación de riqueza para repartir. Se ha tratado a secas del reparto del presupuesto, no de la modificación de la estructura de redistribución del ingreso.

La crisis del coronavirus será oportunidad para cambiar el modelo de desarrollo y el papel promotor del Estado o regresar a la comodidad del 2% de PIB promedio anual y a asignaciones asistencialistas improductivas.

modelo que condujo a una parte del Fobaproa en 1995 de pedir dinero prestado a su banco y regresarlo como capital, para aumentar sus acciones con dinero de los cuentahabientes. Ya se detectaron 450 millones de pesos.

Bartlett. El director de la CFE, Manuel Bartlett Díaz, está tratando a los consumidores como si fueran partidos y electores en una votación fraudulenta. Por obligación, muchos despachos de trabajo obedecieron el trabajo en casa, sus oficinas quedaron cerradas, no llegaron o llegaron los recibos de la luz, no se pudieron pagar y la CFE cortó el servicio de energía. Ahora, además, habrá que pagar físicamente y con castigo. El chiste se cuenta solo.

miércoles, 15 de abril de 2020

Virus: no revocación de mandato sino acuerdo plural contra crisis





La conferencia presidencial del martes 14 pudo haber marcado un punto de no-retorno en la confrontación derivada de la crisis de salud por el COVID-19 y habría mandado el mensaje de que no habrá acuerdos-pactos-consensos entre el presidente de la república y la sociedad civil.

En este sentido, la parte más aguda de la crisis sanitaria --las fases 4 y 5-- se darán en un escenario de mayor polarización político-social. Y lo más grave de ello radica en el hecho de que en Palacio Nacional están asumiendo el PIB negativo como de coyuntura y no hay los planes de reactivación.

En una vista panorámica de los efectos no-sanitarios del coronavirus se pueden apreciar cuando menos dos conjuntos de crisis que exigen sensibilidad y sobre todo consensos:

1.- Las crisis de salud, de desequilibrios presupuestales, de deterioros macroeconómicos, de recesión rumbo a depresión, de estructura de poder centralizada, de relaciones con los empresarios como bloque de poder y como factor de inversión privada, de PIB hundiéndose sin chaleco salvavidas ni flotadores, de seguridad nacional por las repercusiones del petróleo y de los acuerdos con los EE. UU., de autoridad presidencial en cuanto a liderazgo no basado en la fuerza coercitiva de las instituciones, de geopolítica por la urgencia de acuerdos multinacionales en materia de salud y del papel de China no como superpotencia sino como polo de dominación y hegemonía.

2.- Las crisis urgentes a atender con acuerdos-pactos-consensos tampoco están sido consideradas en Palacio Nacional: un acuerdo de reorganización total del sector salud, un plan anticrisis para salir del hoyo recesivo de -8% a -12% en 2020, un programa de reactivación económica para 2021 más allá del sobrestimado plan contracíclico, una política presupuestal limpiada de resabios que impiden su papel promotor del desarrollo, una propuesta formal y plural de nuevo modelo de desarrollo porque el existente se está destruyendo sin el apoyo a producción y empleo, entre otras.

Las salidas de las crisis ante caídas del PIB a cifras negativas en 1983, 1986, 1995, 2001, 2202 y 2009 fueron posibles porque los gobiernos aplicaron medidas de protección de la planta productiva y del empleo para impedir la destrucción de la relación oferta-demanda de bienes y servicios. En la crisis actual, sin embargo, la planta productiva y el empleo están siendo sacrificadas sin planes de protección y ayuda, por lo que la reactivación del crecimiento económico será lenta como para prever un escenario de PIB negativo en 2020, 2021 y 2022.

Los efectos económicos, sociales y políticos del coronavirus no necesitan adelantar la votación para revocación de mandato, sino que exigen acuerdos plurales bajo la coordinación nacional del presidente de la república. Debatir inclusive la revocación profundizará las desavenencias entre gobierno y sociedad, gobierno y oposición y mexicanos en general y no abonará en las salidas de la crisis que necesitan de consensos plurales.

El problema con las críticas al presidente de la república no se localiza en su origen conservador o progresista, sino en entender si contienen razones atendibles o son propuestas superficiales. Y después, en encontrar el camino a acuerdos. Las cuando menos seis propuestas de la sociedad civil al presidente para acordar salidas a la crisis provienen de analistas de alto prestigio, funcionarios probados y expertos en escenarios alternativos.

El temor presidencial se percibe en la percepción de que esas propuestas buscarían la aniquilación de la 4-T, sin pensar que la 4-T es una política simbólica y no una propuesta de nuevo proyecto de nación. Y todas las propuestas al presidente parten, se desarrollan y concluyen con llamados urgentes a proteger la planta productiva y el empleo, un objetivo, por cierto, que debería de ser prioridad presidencial porque a López Obrador y a la 4-T no le conviene un escenario productivo de PIB negativo de uno a tres años, como mínimo.

La clave de la salida de la crisis estará en la reconstrucción de los puentes de acuerdos sociales dinamitados.

ACCENDO Banco. En medio del río revuelto, no faltan los pescadores que se pasan de listos. Las autoridades financieras ya detectaron que Accendo Banco, una institución nacida para las empresas, ha dejado huellas de irregularidades de uno de sus dueños: Javier Reyes acudió al viejo modelo que condujo a una parte del Fobaproa en 1995 de pedir dinero prestado a su banco y regresarlo como capital, para aumentar sus acciones con dinero de los cuentahabientes. Ya se detectaron 450 millones de pesos

martes, 14 de abril de 2020

Virus: nadie está atendido la crisis económica; TCL, lastre atado a EU



Carlos Ramírez
http://indicadorpolitico.mx
@carlosramirezh


Si los técnicos en economía son expertos en ocultar problemas y justificar crisis, el reciente informe “Políticas para combatir la pandemia” del Banco Interamericano de Desarrollo debiera encender los focos rojos de la crisis económica que viene y convertirse en lectura obligada por las autoridades hacendarias mexicanas… si aparecen en algún lado.


El reporte parte del criterio de que la crisis económica provocada por la pandemia del COVID-19 será peor de la de 2009. Y para México, el shock será más grave por su enorme dependencia de los EE. UU. y el mundo vía el Tratado de Comercio Libre. Por tanto, la posibilidad de México de salir de la crisis recesiva dependerá del PIB de los EE. UU. y China y de medidas de política de desarrollo internas.


En la fase 2 de la pandemia, el BID señala que el PIB de México en 2020 podría ser, en el escenario extremo que es muy viable, en -5.3%, previendo una baja fuerte del PIB de los EE. UU. y China. Frente a este escenario, el BID hace cuatro recomendaciones de política macroeconómica que en México no se están atendiendo y que podrían hundir más al PIB mexicano:


1.- Reducir la posibilidad de que se aumenten costos debido al cierre parcial forzoso de la economía.


2.- Apoyar a los bancos para que puedan seguir funcionando y ayudar a la economía.


3.- Ayudar a las empresas para que mantengan a los trabajadores en nómina y escapen a la liquidación.


4.- Compensar a los hogares que pierdan ingresos, especialmente a los pobres y vulnerables.


Las decisiones gubernamentales en México han sacado de la prioridad la política macroeconómica y se han centrado en el salvamento de las finanzas públicas para impedir el déficit presupuestal. Sin embargo, organismos financieros internacionales muy ortodoxos han aceptado la posibilidad de 4% de déficit presupuestal para usar ese dinero en programas de rescate.

Hasta ahora, sin embargo, los técnicos de Hacienda no han cambiado el chip del neoliberalismo a ultranza y se han aferrado al superávit gubernamental, en el entendido de que el viejo modelo populista de déficit en finanzas publicas se dilapidada en corrupción o en programas asistencialistas de compra de lealtades.

Hoy se trata de evitar el crack del sistema productivo por el quiebre parcial y en muchos casos definitivo de cadenas productivas por el desamparo en que han quedado cientos de miles de micro, pequeñas y medianas empresas que están articuladas a las grandes. De mantenerse el criterio mexicano de no malgastar dinero en empresas pequeñas, el impacto económico del coronavirus será más bajo del -5.3% estimado por el BID para México, con la circunstancia agravante de que el hundimiento sería de dos o tres años si no se atiende la desarticulación productiva.

Uno de los avisos importantes que presenta el reporte del BID debería alertar el uso de mecanismos tradicionales: los contracíclicos de inversiones emergentes o el estímulo contracíclico a la demanda vía inyección de dinero artificial son “menos pertinentes”. La crisis, aclara el BID, es de “choque de oferta como de demanda”, es decir, se distorsionó todo el proceso productivo. “Las empresas y los hogares probablemente sufrirán un estrés financiero importante”. Al final, el impacto del virus “reducirá tanto la oferta como la demanda”.

En su reporte, el BID hace hincapié en la prioridad de mantener funcionando las cadenas de producción con apoyos a las empresas intermediarias. Y hacia ahí deben de enfocarse medidas anticrisis de los bancos centrales, a fin de mantener operando el sistema productivo. Por ello recomienda que “los bancos centrales (Banxico en el caso de México) pueden ayudar a mitigar la magnitud de este choque reduciendo los tipos de interés y suministrando liquidez para mantener alternas las cadenas de suministro y reducir al mínimo la pérdida de empleo y las quiebras”.

Enfocada la política hacendaria a salvar las finanzas públicas y los programas prioritarios del presidente de la república, la economía está registrando quiebra de cadenas productivas y de suministro y generando con ello desempleo permanente, lo que ha llevado a que las organizaciones empresariales ha tratar de salir al rescate de esas micro, pequeñas y medianas empresas.

El riesgo económico del coronavirus sigue latente: “repercusiones en el equilibrio fiscal y presión sobre monedas y otros indicadores monetarios y financieros”, además de otros análisis de especialistas que revelan visos de quiebra masiva de empresas, desempleo crónico y extenso y una recuperación productiva lenta y de largo plazo con PIB limitado cuando menos durante cinco años.



Política para dummies: La política es la acción pública para resolver, no para justificar y eludir.


lunes, 13 de abril de 2020

Gatell, 15 minutos de fama





JOSÉ MARTÍNEZ M.  


Hugo López - Gatell es el político de moda. Ha borrado del escenario al Ministro de las Buenas Intenciones, Marcelo Ebrard. Los demás miembros del gabinete presidencial son simples floreros. El presidente Obrador lo rescató del ostracismo y lo puso al frente del reality show. Es la estrella del “espectáculo de la realidad”. Lo malo es que Gatell es peor que una película de Juan Orol. Tiene a su cargo el programa vespertino del Informe Diario por el Coronavirus. Este funcionario es la revelación de la Cuarta Transformación. Obrador lo vio como un diamante bruto al que podría manejar dócilmente como una marioneta. Por eso no fue extraño que otro de los “intelectuales”, bueno es un decir, del círculo cercano al Presidente haya dicho que Obrador es todo un “científico”. 
Nos referimos a John Ackerman el inefable esposo de la secretaria de la Función Pública Irma Eréndira Sandoval, la misma funcionaria que juró y perjuró que Manuel Bartlett es el más honesto y leal de los colaboradores del Presidente. Ackerman afirmó en un programa de televisión con la dramaturga Sabina Berman (quien tiene a cargo las fábulas de Palacio) que tanto el secretario de Salud, su eminencia Jorge Alcocer y el propio Gatell sólo reciben y acatan las instrucciones del presidente Obrador frente a los estragos del coronavirus. Como sea, pero Gatell es la sensación en el equipo presidencial. Este epidemiólogo vive sus 15 minutos de fama. Donde quiera que se encuentre el mismísimo Andy Warhol se debe  estar revolcando de envidia. Gatell saltó a la fama por sus respuestas estúpidas como las que ocurren generalmente en los certámenes de belleza.

 El 16 de marzo el funcionario dijo sin rubor que “casi sería mejor que (el Presidente) padeciera coronavirus, porque lo más probable es que él en lo individual, como la mayoría de las personas, se va a recuperar espontáneamente y va a quedar inmune y entonces ya nadie tendría esta inquietud sobre él”. Y aún hay más como diría el clásico. Agregó: “La fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio, en términos de una persona, un individuo que pudiera contagiar a otros. 

El presidente tiene la misma probabilidad de contagiar que tiene usted o que tengo yo, y usted también hace recorridos, giras y está en la sociedad. El presidente no es una fuerza de contagio. Entonces, no, no tiene por qué ser la persona que contagie a las masas; o al revés, como lo dije antes, o al revés”. Ni Cantinflas fue tan viral como éste epidemiólogo cuyos dichos se volvieron célebres en todo el mundo. Eso se llama “carisma”. Según los sondeos Gatell es la celebridad del momento, le ha robado los reflectores a Obrador. Vendría como “anillo al dedo”, un aforismo de Monsiváis: “Lo primero que hago en las mañanas es leer las encuestas. Si no me favorecen, pido otras encuestas; si insisten en decepcionarme, llamo a un adivino”. Ni duda cabe, si en estos momentos de crisis se llevaran a cabo unas elecciones, Gatell sería el Presidente. Ya sabemos que la Cuarta Transformación es puro surrealismo. 

Lo malo es que André Bretón ya no está para certificar la ubicuidad de este emblemático personaje del obradorismo. Lo peor para Gatell es que no sabe que “un carisma nada más sustentado en la mercadotecnia dura poquísimo, casi nada”. (Monsiváis dixit). Gatell ya lo sabe. Con Calderón terminó peor que un torero en una mala faena. La corrida agotó sus tiempos y el animal se le fue vivo al corral. En el gobierno  de Calderón fue el flamante director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud desde donde tuvo a cargo la crisis del AH1N1 en 2009, consistente en un brote de neumonía atípica durante marzo y principios de abril de ese año. No aportó información correcta y mezcló casos confirmados con casos por confirmar, lo que condujo a tomar decisiones equivocadas. Por tal motivo se tuvieron que tomar medidas radicales para contener la epidemia. Gatell fue relegado a tareas menores y siguió cobrando su sueldo sin chistar. Ahora es la estrella de la película de la Cuarta Transformación al que todos los obradoristas saludan con reverencia. Dice Gatell que el Consejo de Salubridad General determinó dar prioridad con los “ventiladores” a los pacientes jóvenes sobre los adultos mayores, o de aquellos que tengan una enfermedad crónica como diabetes e hipertensión. Es una medida selectiva totalmente malthusiana. Para Gatell esa disposición “es una adaptación de preceptos éticos fundamentales". Supongamos que Obrador se contagie del coronavirus, entonces no tendrá derecho a un ventilador porque es hipertenso, como él mismo lo ha declarado (https://www.jornada.com.mx/2020/04/11/politica/007n3pol). 

Según Gatell la orden es que durante la asignación de recursos escasos de medicina crítica NO deberán tomarse en cuenta la “afiliación política, religión, ser cabeza de familia, valor social percibido, nacionalidad o estatus migratorio, género, raza, preferencia sexual, discapacidad” del paciente. Si va hacer así, esperemos que Obrador sea congruente por una vez en su vida y se cuide y no ponga en riesgo la vida de los demás. Que quede claro, nadie es inmune ni indestructible. Por favor que Obrador ya le baje tres rayitas a su soberbia.

Efecto del virus: nuevo modelo de desarrollo o neoliberalismo







Carlos Ramirez

http://indicadorpolitico.mx
indicadorpoliticomx@gmail.com
@carlosramirezh

Los estrategas de la Cuarta Transformación debieran estar preocupados porque el impacto de la pandemia del COVID-19 en el sistema económico productivo sólo tiene dos opciones de corto plazo: la construcción de un nuevo modelo de desarrollo o la restauración del neoliberalismo porque es el único modelo que tiene los mecanismos estabilizadores.

El escenario está puesto con el registro de las expectativas del PIB para 2020: de -8% a -10%. Se trataría de una crisis inédita: la de 1977 fue de inflación devaluación que se estabilizó con las Cartas de Intención con el FMI; la de 1983 y 1986 fue por desorden en finanzas públicas e inflación fuera de control, la de 1995 fue producto del alza de tasas de interés bancarias y el impacto demoledor en bienes muebles e inmuebles de deudores de la banca y la de 2009 fue resultado del crack en empresas especuladoras de los EE.UU. 

Las únicas salidas de esas crisis estuvieron en las puertas que tenían el letrero de neoliberalismo. Y no fue muy complicado abrir esas rutas de salida porque los gobiernos de López Portillo, De la Madrid, Zedillo y Calderón se movían dentro del pensamiento neoliberal. Por lo tanto, fue cuestión de consolidar ajustes ortodoxos para enfriar las crisis y retomar el camino. La crisis económica y productiva provocada por el COVID-19 trastoca el modelo de construcción de una 4-T posneoliberal. 

El parón económico está rompiendo la estructura productiva media, pequeña y micro del sistema económico; los despidos y cierre de empresas tardarán cuando menos dos años en reactivarse; y el peor efecto estará en las cadenas productivas atadas a las exportaciones dentro del Tratado de Comercio Libre. Si las crisis son oportunidades, entonces la del COVID-19 está presentando al gobierno de López Obrador la gran posibilidad positiva de construir otro modelo de desarrollo diferente al mixto de populismoneoliberalismo 1934-2018. 

Sin embargo, su alianza estratégica con los grandes capitales monopólicos no abona nada en la expectativa del nuevo modelo de desarrollo requerido. La plutocracia que apoya al presidente de la república en estos momentos de crisis carece de influencia en el sistema productivo: Carlos Slim es beneficiario de la privatización de empresas públicas que hizo Carlos Salinas y sobre todo de la ex paraestatal Telmex, Germán Larrea sólo explota minas, Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego especulan con las señales televisivas y Salinas Pliego es un abusivo abonero masivo y Alberto Bailleres es un comerciante de tiendas de lujo. En los hechos, ninguno de ellos influye en el modo de producción industrial o agropecuario, ni determina las relaciones sociales de producción. 

Antes del impacto económico del coronavirus, México estaba fracasando en el aprovechamiento del Tratado en la configuración y fortalecimiento de empresas intermediarias: el componente nacional en la exportación vía el TCL había bajado de 45% en el 2001 a 37% en el 2018, lo que estaría avisando que México regresaba a la república maquiladora basada en la explotación de la mano de obra barata. Los empresarios que casi viven en Palacio Nacional apoyando al presidente de la república forman parte del Club de los Ricos de la revista Forbes, pero sin incidencia en las relaciones sociales de producción. Esos empresarios son los responsables asociados al modelo de desarrollo que mantiene la estructura más desigual de distribución de la riqueza; 80% de mexicanos viviendo en condiciones de restricciones de todo tipo, en tanto que sólo el 20% de personas nada en el bienestar de su riqueza especulativa. 

La crisis económica y productiva por el parón de actividades va a desarticular las precarias cadenas de producción, distribución y consumo y afectará a los ejes centrales del sistema productivo: empresarios y trabajadores. Los marxistas que pululan alrededor de la 4-T lo saben con precisión. Y por el daño a cientos de miles de micro, pequeños y medianos empresarios, la reactivación será imposible en el corto plazo. Ahí es donde se localizan las expectativas pesimistas de PIB negativo cuando menos en tres años. En las crisis anteriores hubo una salida rápida con un año de PIB negativo porque los gobiernos buscaron proteger la planta productiva y mantener parte del empleo que generaba demanda. 

Hoy no. Las empresas van a quebrar por falta de apoyo estatal, millones de trabajadores perderán sus empleos formales porque no existen mecanismos oficiales para mantener su demanda mínima y por ello la demanda efectiva que sostiene la relación producción-consumo estará rota por cuando menos dos años. Este escenario plantea el dilema posterior al virus: o nuevo modelo de desarrollo o tardar tres años en restaurar el anterior para seguir igual que al cierre de 2019.

Rescatar al PIB del crack sexenal, no salvar banqueros como en 1995


                                                     
Carlos Ramirez
http://indicadorpolitico.mx
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@carlosramirezh
Los estudiosos de la historia económica tienen claro que la estrategia anticrisis de Roosevelt de los treinta por el crack bursátil de la Bolsa de Nueva York fue para salvar al capitalismo, no para crear una política social. El new deal o nuevo trato sentó las bases más sólidas del capitalismo imperialista.

La estrategia de defender primero a los pobres no es mala, tiene mucho contenido social y tranquiliza las conciencias hasta de los más conservadores, pero en situaciones de crisis por escasez de presupuesto llevaría el modelo Balzac de la piel de zapa: cobijar a los más pobres, pero con el costo de empobrecer a los que quedarían descobijados en situación de una cobija estrecha.

El modelo social del presidente López Obrador es muy simple de entender: su primera decisión anticrisis fue para proteger a los sectores más vulnerables: ancianos, mujeres, jóvenes, niñas y niños –improductivos– y algunos grupos agropecuarios. Pero en una situación de economía cero, lo que gana un sector lo pierde otro.

El uso de los escasos presupuestos sociales para los beneficiarios del asistencialismo del Estado descuidó a los trabajadores que están perdiendo salarios y muchos hasta sus empleos y a las micro, pequeñas y medianas empresas generan el 72% del empleo y 5l 52% del PIB.

En programas anticrisis no hay gobernantes felices. Ahí es donde se tiene que aplicar la astucia del gobernante: reconocer lo inevitable de los sacrificios en un sector social para proteger a otro, de tal manera que el resultado beneficie al sector productivo laboral porque se convierte en multiplicador de riqueza. Si se protegiera a trabajadores y empresas en esta crisis del parón económico y productivo, la economía podría reanudar su actividad en el corto plazo y por tanto se dinamizaría el pago de impuestos que financian el gasto social. En cambio, si se permite el cierre de empresas y el aumento del desempleo y del subempleo en el sector informal, el ingreso fiscal sería menor.

La economía es una ciencia de pesos y contrapesos. El paquete anticrisis de 1995, por ejemplo, condujo al Fobaproa; sin embargo, la alternativa era la del quiebre de bancos y el colapso del sistema financiero. Lo malo, sin embargo, fue que el rescate de la banca se ha extendido en momentos en que los bancos tuvieron utilidades extraordinarias.

Los dilemas en economía oscilan entre la viabilidad y el desastre en situaciones en que se carecen de opciones drásticas. Salvar a los pobres siempre tranquiliza conciencias, pero al negar de apoyo al sistema económico –empresas y trabajadores– se estaría condenando a la economía a crecimientos económicos negativos en el mediano plazo. El paquete anticrisis de 1995 centró el colapso con un PIB de -6.3%, pero con una capacidad casi inmediata de recuperación: 6.7 en 1996, 6.85 en 1997, 5.16% en 1998, 2.785 en 1999 y 4.94% en 2000, para un promedio anual sexenal de 3.26%.

Apenas en el primer cuatrimestre del año se perfila un PIB anual de -8% o menos. El dilema del gobierno radica en diseñar una política anticrisis de protección a la planta productiva, con subsidios a las empresas y a los trabajadores. El parón económico fue inevitable para romper la cadena de contagios del virus Covid-19 hasta ahora durante un mes, pero posiblemente uno o dos más. Sin apoyo gubernamental, las empresas no sólo han suspendido actividades económicas, sino que muchas están ya cerrando de manera definitiva sus actividades. Las micro, pequeñas y medianas empresas carecen de fondos de emergencia para no producir y seguir pagando salarios de sus trabajadores.

La reactivación económica hacia el último trimestre del año se dará con la panta productiva que sobreviva, sin duda las empresas de los empresarios de la mafia del poder que se alinearon al gobierno lopezobradorista, pero sin los cientos de miles de unidades productivas que tuvieron que desaparecer y sin los cientos de miles de trabajadores que perdieron sus puestos de trabajo, sobre todo en el sector servicios. El daño mayor del parón económico sin apoyo del gobierno federal estará en la desarticulación de cadenas productivas y económicas.

El rescate del Fobaproa fue inevitable para impedir la quiebra del sistema financiero, pero al gobierno de Zedillo le falló la fase de la recuperación de los créditos. En los EE. UU. Obama destinó cientos de miles de millones de dólares para rescatar empresas, pero se quedó con paquetes accionarios que obligaron a las empresas a ir restituyendo lo recibido. Por ello el Fobaproa sigue pesando en el presupuesto de gasto después de 25 años: ningún gobierno priísta, panista y ahora morenista ha obligado a los bancos a asumir esas pérdidas.

La negativa gubernamental para proteger a empresas y trabajadores de la crisis del parón productivo del Covid-19 costará un PIB negativo de cuando menos tres años y bajo en los próximos diez años.

Política para dummies: La política siempre busca el camino del menor daño, no del mayor.