lunes, 10 de agosto de 2020

El poder militar-financiero-mediático de EE UU decidirá si Trump o Biden

 


Carlos Ramírez

 

El principal error en la lectura política que tienen los medios mexicanos de las elecciones presidenciales radica en la caracterización de la disputa: la lucha Trump-Biden no representa una lucha entre intereses racistas y valores morales, sino entre dos formas de ejercer el poder imperial para mantener la hegemonía de los EE UU en la nueva configuración de bloques del poder mundial.

Muchos analistas siguen sin entender por qué Trump ganó las elecciones presidenciales del 2016 si representaba el puritanismo del siglo XVII y Hillary decía encarnar la primera posibilidad de que una mujer fuera presidenta del mayor imperio mundial. La realidad fue otra: Trump ofreció el regreso de los EE UU al papel de potencia mundial imperial en economía, finanzas y comercio y Hillary disfrazó su imperialismo detrás de las faldas rasgadas por la infidelidad de Bill Clinton.

Existe mucha ingenuidad en suponer que Biden será diferente a Trump; Obama le ganó a John McCain en el 2008 porque el poder militar-financiero-mediático necesitaba a un salvador del imperio y no a una figura de héroe de guerra. Trump derrotó a Hillary porque demostró que ella carecía de una oferta de consolidación imperial desde lo local. Y hoy Biden es un títere de un Obama de regreso a su discurso moral traicionado en sus ocho años de presidente.

La verdadera lucha en los EE UU encuentra a dos figuras en choque dialéctico: el Trump del puritanismo refundador nacionalista en raza y economía que sólo busca otros cuatro años personales sin elite y sin romper con el bloque dominante de poder y el Obama que también ya perdió la decencia política y ahora controla al Partido Demócrata sólo para abrirle la candidatura presidencial a su esposa Michelle en las elecciones de 2024, sin que ella represente una ideología, una definición de poder o una representación de clase.

Las dos posiciones en pugna se identifican en bloques de poder dominante: con Trump opera el Estado nacionalista racial del profundo país rural anti-Estado y con Obama-Biden asiste el establishment de intereses demócratas-republicanos que dominan la presidencia en función de sus intereses,

Sea Trump o Biden, la realidad es que las elecciones presidenciales en los EE UU han vencido el sistema representativo popular y los votos de los colegios electorales representan al verdadero gran bloque de poder estadunidense: el militar, el financiero y el mediático. Trump los representó en el 2016, en tanto que Hillary Clinton quiso construir otros grupos de poder. En los hechos, Trump no ha decepcionado a los tres poderes reales estadunidenses y Biden-Obama representan intereses particulares de pequeños grupos de poder elitistas.

La violencia de las guerras civiles moleculares --caracterización de H. M. Enzensberger-- ahora con el movimiento violento afroamericano, la alianza demócratas-hispanos, los antifa de la izquierda radical violenta, los okupa que están creando comunas de autogestión y el debilitamiento del movimiento obrero como clase capitalista al servicio del Partido Demócrata están ayudando al autoritarismo de Trump ante la tibieza de Biden-Obama.

El proceso electoral actual no presenta sorpresas, incluyendo la tendencia adelantada de Biden en las encuestas como ya había ocurrido por las mismas fechas hace cuatro años con Hillary. Inclusive, el The New York Times el día de las elecciones del 2016 le daba en las primeras horas una abrumadora mayoría de posibilidades a Hillary y tuvo que bajar los datos ante los votos de colegios electorales por Trump.

La clave de las elecciones estará en los tres debates tradicionales entre candidatos, porque Biden ha demostrado una incompetencia preocupante para discutir con Trump. Y otro dato importante radicará en la decepción del importante contingente --sobre todo jóvenes-- de la izquierda de Bernie Sanders sobre el hecho de que Biden represente la continuidad del conservadurismo.

En el 2016 Hillary perdió por no representar esa continuidad conservadora del establishment de los poderes militar-financiero-mediático, en tanto que Trump supo enarbolar la bandera de la ruptura del Estado a favor de la sociedad para garantizar la hegemonía de esos tres poderes reales como paso a consolidar un frente interno ablandado por las concesiones liberales que debilitaron el poder estadunidense.

 

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domingo, 9 de agosto de 2020

Pandemia y PIB posterior a 2020: llegó la hora del Estado estratégico

 



Carlos Ramírez

 

Si algo define el perfil de las decisiones del presidente López Obrador, con los vaivenes coyunturales, es la reconstrucción del Estado como eje del proyecto nacional. A lo largo de cuarenta años, desde el Plan Global de Desarrollo 1980-1982, el proyecto neoliberal salinista pasó del Estado social al Estado-mercado.

Las decisiones para darle una nueva centralidad al Estado dominan todas las medidas de la 4-T: la desarticulación de organismos autónomos y de espacios cedidos a parte de la sociedad civil organizada en facciones de activistas excluyentes --INE, salud, energía-- están apuntando a la reconstrucción del Estado como rector del desarrollo y del proyecto nacional.

El modelo teórico de reconstrucción del Estado como punto axial o punto eje tiene dos problemas prácticos: uno, la expansión del Estado vía gasto condujo a la crisis de 1976 y 1982 y dio la justificación para la llegada del neoliberalismo de mercado sin Estado; y dos, las crisis del Estado-gobierno y del Estado neoliberal se localiza en la incapacidad del mercado para suplir al Estado.

Echeverría expandió la acción social, popular y económica del Estado sin ampliar los ingresos y el colapso estalló por el déficit presupuestal; Salinas y el salinismo, en el proyecto neoliberal, retrotrajeron al Estado sin desarrollar o consolidar antes una modernización de la planta productiva para suplir al Estado con un mercado eficiente en la actividad económica para competir en el exterior.

Ahora el proyecto lopezobradorista centraliza la acción del Estado sólo en la protección de sectores vulnerables y en pocas obras de infraestructura, ambas sin capacidad multiplicadora de la demanda, y el PIB no sólo se ha desplomado, sino que no podrá crecer en la reactivación pospandemia más de 2% promedio anual, un tercio del 6% conseguido en el ciclo populista 1934-1982.

El Estado lopezobradorista ha funcionado con base en reacciones a situaciones de conflicto. Sus ataques a la estructura del Estado neoliberal de desarticulación de funciones del Estado para cederlas a grupos ineficaces y facciosos de la sociedad civil carecen de una propuesta central de reestructuración del Estado unitario. Todavía es temprano para saber si esas decisiones re-centralizadoras son buenas o malas, pero en el camino existe la preocupación de que los nuevos funcionarios del Estado ignoran el proyecto general, como se advierte en las pugnas entre secretarios del gabinete, ineficacia en la comunicación con el poder legislativo de mayoría del partido del presidente y la centralización presidencial no sólo de las decisiones, sino del funcionamiento de oficinas que están regresando a la estructura estatal.

La dimensión de la crisis neoliberal ilustrada con el fracaso del modelo de globalización económica para llegar sólo a un PIB promedio anual de 2% define el desafío de reconstruir el modelo del Estado como el pivote de la economía, del modelo de desarrollo y del proyecto nacional.

En términos de su Plan Nacional de Desarrollo, el pivote del proyecto lopezobradorista sería un PIB promedio anual de 4%. Pero esa meta exige un Estado como rector del desarrollo, como reformador de la planta productiva y como pivote de la inversión multiplicadora. Pero sin reforma fiscal y sin reorganización del gasto público, las posibilidades de salida de la crisis económica neoliberal y de la crisis de la pandemia serán menores a 2% promedio anual a lo largo de los próximos quince años.

La propuesta de la 4-T, para ser verídica, tiene que cumplir tres objetivos: aumentar los ingresos fiscales, usar el petróleo para el crecimiento económico y canalizar el presupuesto para modernizar la planta productiva. La meta sería aumentar los grados de competitividad de la economía y para ello necesita reorganizar todo el aparato social, educativo, científico, tecnológico, industrial y de financiamiento.

El dilema estará en regresar al viejo Estado social cardenista o en construir un Estado estratégico que busque aumentar la competitividad mexicana en los mercados.

 

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sábado, 8 de agosto de 2020

Contracolumna : 2021 Y EL VOTO DE CASTIGO 👎👎👎 💀💀💀 >> LOS MUERTOS TAMBIÉN VOTAN << 💀💀💀



JOSÉ MARTÍNEZ M.


Con un partido y un gobierno dividido, el presidente Obrador vive los peores días de su mandato. Todo parece indicar que en las próximas elecciones Morena y sus aliados recibirán un voto de castigo.
La gente está cansada, irritada, sin esperanzas. Pero el presidente tiene otra visión. Todavía al inicio de la pandemia se mostraba optimista y hasta proponía la creación de un amlometro para medir la felicidad.
“El pueblo está feliz, feliz”, festinaba. Y aún peor se refocilaba de la tragedia: “la pandemia nos cayó como anillo al dedo”.
Del triunfalismo ha pasado a la resignación. No hay lugar donde vaya que no sea impugnado, maltratado. Ya no digamos en las redes sociales en las que es severamente cuestionado.
Las redes son un barómetro para medir realmente el mal humor social. Caricaturas, memes, insultos, reclamos, etc… etc…
Ante la creciente irritación social, el discurso de Obrador ha perdido su resonancia, de aquella flama solo queda un pábilo carbonizado.
En el discurso el proyecto de la cuarta transformación sonaba atractivo pero en menos de dos años pasó al desencanto. Para su desgracia quedará en un suspiro.
Todos los políticos, sin excepción, terminan devorados por la soberbia. Obrador enloqueció y jamás imaginó llegar al poder con una victoria aplastante.
Ante el INE, la víspera de las pasadas elecciones presidenciales Morena presentó un padrón de 320 mil afiliados, un dato sumamente contrastante con el número de votos obtenidos en las urnas.
Lo anterior nos revela que Morena aportó directamente apenas 1 por ciento de los 30 millones de votos con los que fue electo Obrador.
Eso significa la enorme irritación social que imperaba en ese momento en contra del gobierno de Peña Nieto por el tema de la corrupción y la impunidad.
La gente no votó tanto por la propuesta de la cuarta transformación –vaya, ni siquiera los afiliados a Morena sabían en qué consistía esta–. Lo que explica el triunfo de Obrador fue el enojo social.
Fue la primera ocasión de unas elecciones con la participación de las redes sociales. La gente le dio un voto de castigo por igual al PRI y al PAN.
De un padrón electoral de 89 millones 332 mil electores, solo acudieron a las urnas 56 millones 611 mil, de los cuales 30 millones lo hicieron por Obrador y sus partidos de la alianza Juntos Haremos Historia (PT y Encuentro Social). Pero más de 26 millones de electores dividieron sus votos por PRI, PAN, PRD, Movimiento Ciudadano y Partido Verde.
No acudieron a las urnas 32 millones 721 mil electores. Es decir, un número superior a los que votaron por Obrador.
En las condiciones actuales del país, seguramente habrá millones de electores que saldrán a votar en contra de Obrador y su cuarta transformación.
Obrador ha sido la gran decepción. Simplemente no estaba preparado para gobernar. De nada le sirvieron los casi veinte años en los que se fogueó precisamente para llegar al poder.
Escribió numerosos libros con discursos, análisis y propuestas pero ningún plan de gobierno ajustado a la realidad del país.
La cuarta transformación proponía cambios estructurales para desmontar al Estado neoliberal implementado a lo largo de las últimas décadas.
Obrador confiaba en tener un plan de gobierno para el cambio y confiaba en tener el método y los hombres y la capacidad para lograrlo.
Pero hay un abismo enorme entre los discursos, las acciones y los cambios y las políticas públicas.
El papel del Estado en la economía ha sido mal planteado, la política de austeridad fue equivocada al grado de provocar un desajuste en la estructura del aparato gubernamental, la corrupción no ha sido combatida como se prometió, su manejo ha sido selectivo y peor aún el gobierno la promueve con sus políticas de adquisiciones y contratos, a ello habría que sumar el manejo de la crisis económica, el manejo de la seguridad y la educación tienen severos problemas de enfoques, no hay garantías al Estado de Derecho lo cual ha retraído la inversión, no hay transparencia, los derechos ciudadanos se vulneran al grado de socavar la autoridad de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el sistema de justicia es ineficaz lo que ha dado paso a la autodefensa ciudadana, la pobreza aumenta y la seguridad social se menoscaba, el derecho a la salud se ha reducido, etc… etc…
En fin, el resultado es el desastre. Las pugnas hacia el interior del equipo es gobierno es una simple manifestación de que las cosas van mal y de que van a empeorar con el transcurso de los próximos años.
Decenas y decenas de millones de mexicanos están desencantados.
El hartazgo social también vota.
Ya veremos el próximo año en las elecciones de medio gobierno de qué tamaño es el mal humor social de los ciudadanos.
Por ahora basta con sopesar la indignación de la gente con el mal manejo que se hizo desde el principio con la pandemia y el constante número de víctimas de la violencia que han convertido al país en un cementerio.
Ahora sí, habrá que esperar las próximas elecciones porque ahora sí, los muertos también votan.

jueves, 6 de agosto de 2020

Medicinas y TV, agenda expropiatoria de la izquierda base del PRD y Morena

 

 

Carlos Ramírez

 

La creación de una empresa estatal comercializadora de medicinas para la salud pública y el uso pagado de las televisoras privadas para la transmisión de clases públicas de emergencia reabren la vieja agenda de la izquierda socialista: la nacionalización de la industria químico-farmacéutica y la expropiación de Televisa por ser instancias claves en la configuración del social del ciudadano.

Esas dos demandas estuvieron en las últimas propuestas del Partido Comunista Mexicano antes de solicitar su legalización en 1978 y, de hecho, quedaron como banderas en la oposición populista. Sin embargo, de manera paulatina fueron arriadas cuando el PCM cedió su registro legal a los priístas de la Corriente Crítica de Cuauhtémoc Cárdenas para fundar el PRD con las metas del neo/pos cardenismo y no del socialismo de izquierda.

Inclusive, las dos demandas expropiatorias fueron propuesta de la primera campaña legal del PCM con registro legal en 1979 y la primera presidencial como PSUM en 1982. El funcionamiento privado de la producción y comercialización de medicinas y de las televisoras como forjadoras del pensamiento social habían sido, inclusive, cuestionadas por grupos priístas progresistas o por funcionarios del gobierno.

Lo que pueda hacer la nueva empresa estatal comercializadora de la 4-T tendrá que someterse a los dictados del oligopolio de las medicinas y el Estado sólo usará pagando el espacio público concesionado a las televisoras privadas para uso comercial. La emergencia medicinal por el coronavirus y la necesidad de mantener funcionando el sistema educativo sin presencia en las escuelas ha vuelto a poner en la mesa de debates el funcionamiento privado o utilitario de funciones privadas concesionadas por el Estado.

En el sexenio de Echeverría hubo iniciativas para aumentar el control público sobre los negocios privados que tenían que ver con la salud pública --física y mental-- de los mexicanos. Echeverría se quejó que la televisión destruía por las noches el esfuerzo educativo de las mañanas. Y el poder de las farmacéuticas impedía regulaciones que bajaran los precios y que aumentaran las disponibilidades de medicinas indispensables para la salud pública.

A lo largo de veinte meses el actual gobierno federal no ha podido romper el bloque de poder y sus influencias políticas de la industria farmacéutica, sobre todo porque muchos políticos del PRI se convirtieron en empresarios del sector y con ello fortalecieron su fuerza contra instituciones políticas donde todavía hay una representación del PRI. La Secretaría de Salud está dirigida por funcionarios que ignoran las funciones vitales del Estado con la salud de los mexicanos y sólo miden la comercialización social der las medicinas en función de presupuestos viables de corto plazo.

La televisión ha sido cuestionada por la 4-T, pero a la hora de las decisiones siempre se atraviesan las complicidades del poder o la debilidad de clase del nuevo grupo gobernante. Sin embargo, el gobierno actual no ha podido construir una televisión pública con penetración social como para marginar los recursos de la televisión privada, ni una industria de las medicinas.

Uno de los principales redactores y promotores de la agenda presidencial del Partido Comunista en 1978-1981 fue el dirigente de la Juventud Comunista del PCM y pivote del partido, Pablo Gómez Álvarez, quien ha hecho carrera legislativa representando al PCM, al PRD y ahora a Morena. Y con él una corriente del viejo PCM ha tratado de ir imponiendo algunos puntos de la agenda, aunque casi sin éxito porque el PRD era de expriístas y ahora Morena también y además carece de una propuesta programática de la izquierda ideológica.

Las condiciones para la nacionalización de la industria químico-farmacéutica y la expropiación de Televisa nunca han estado en la agenda del PRD o Morena, pero en los sobrevivientes del viejo PCM que andan pululando en las goteras de la política populista. La crisis en el abasto social de medicinas y la dependencia del régimen de la condescendencia de Televisa, TV Azteca y los nuevos oligopolios mediáticos cuando menos exigiría una reforma para obligarlos a apoyar labores sociales del Estado.

 

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Contracolumna * OBRADOR, DIOS EN EL PODER * LA 4T UNA SIMPLE FANTASÍA

 JOSÉ MARTÍNEZ M.


– ¡Que pase el desgraciado!
El de Obrador es un gobierno de mentiras, de incongruencias, de ocurrencias.
Está peor que un talk show de Laura.
Y pensar que decían que Fox estaba loco.
Lo ha dicho Giuseppe Amara “la Presidencia no está diseñada para la salud mental”.
Lo dijeron Zapata y Villa, la silla presidencial “está embrujada”; en otras palabras quisieron decir que el que se sienta ahí se vuelve loco.
Tenían razón.
Ahora lo ha confirmado y archireconfirmado Víctor Manuel Toledo integrante del equipo presidencial.
Dice Toledo –titular de la Semarnat– que el gobierno de la cuarta transformación está lleno de contradicciones y que los miembros del gabinete presidencial están en permanente lucha por el poder.
Es evidente que entre los colaboradores del presidente Obrador no hay sintonía. Por eso el primero en renunciar al equipo fue Carlos Urzúa quien puso en evidencia que Obrador es un pésimo director de orquesta.
En su carta de renuncia (9/07/19) el exsecretario de Hacienda escribió los motivos:
“… Discrepancias en materia económica hubo muchas. Algunas de ellas porque en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento. Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o izquierda. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco.
“Aunado a ello, me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés.
“Por los motivos anteriores, me veo orillado a renunciar a mi cargo”.
¡Zas!
Un año después (17/07/20) se dio la renuncia de Javier Jiménez Espriú a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes:
"El motivo que le he expresado personalmente es mi diferendo por su decisión de política pública de trasladar al ámbito militar de la Secretaria de Marina, las funciones eminentemente civiles de los puertos, de la Marina Mercantes y de la formación de marinos mercantes, que han estado a cargo de la SCT desde 1970.
“Lamento profundamente no haber tenido éxito en transmitirle mi convicción y mi preocupación sobre la grave trascendencia que considero tiene medida para el presente y el futuro de México, tanto en lo económico como en lo político”.
Recontra ¡Zas!
Desde el inicio había el presagio de futuras tormentas, por esa simple razón Tatiana Clouthier coordinadora de la campaña presidencial de Obrador, prefirió no aceptar el encargo de una subsecretaría de Gobernación. Optó por quedarse con su diputación federal y esperar a competir por la gubernatura de Nuevo León.
En el equipo de Obrador nadie tiene voz ni voto. Solo sus chicharrones truenan.
El único que sobresale en el equipo presidencial es Hugo López Gatell, un subalterno del titular de la Secretaría de Salud, y ya vemos los funestos resultados de su gestión. Y se mantiene firme en el cargo pese a las decenas de miles de muertos por la pandemia.
Gatell es una simple marioneta del presidente y en cualquier momento puede terminar como chivo expiatorio.
Tenía mucha razón el presidente López Mateos cuando le dijo a su sucesor Gustavo Díaz Ordaz: “En México el Presidente tiene todas las dichas, salvos dos desgracias. Una de ellas es que todos te dicen que eres un dios. La otra es que terminan convenciéndote”.
Obrador, tan se siente dios en el poder que piensa en su inmortalidad. Lo ha dicho sin ambages: “Quiero pasar a la historia como el mejor presidente de México”.
Se siente un elegido que sueña con estar en un lienzo como un retrato de Dorian Gray con un rostro eterno que no envejezca con el tiempo y libre de pecados.
Lo malo es que el tabasqueño no entiende y es inconsciente de que su paso por el poder es efímero.
Obrador es un político obsesionado con la historia. La acomoda a sus intereses, a sus caprichos, a sus ideales pero en los hechos actúa en contra de la historia, en contra del sentido común y en contra de la ética.
No hay duda Obrador es un presidente perturbado.
En realidad se encuentra aislado en su propio mundo. Es el solitario de Palacio. Un presidente sobre el que reina la desconfianza y la temerosidad. De ahí su irritabilidad.
Se siente único, por eso no piensa, ni habla ni siente ni actúa como los demás. Es dios en el poder. Defiende sus canicas como un niño envidioso por eso de a poco lo han ido dejando solo en el juego.
Un hombre que está dispuesto a ser el Presidente hasta que sobreviva el último mexicano.
Pobre de Obrador.
Pobre de México.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Las opciones anticrisis que no se atendieron y el costo social pagado


Carlos Ramírez

 

En julio, ya en ruta de salida forzada de la pandemia por el deterioro productivo, el vicegobernador del Banco de México Gerardo Esquivel publicó un texto para dar su punto de vista sobre “Los impactos económicos de la pandemia en México”, aunque en el fondo para alertar sobre los altos costos sociales pagados por mantener la ortodoxia hacendaria.

Esquivel era una pieza clave del grupo económico de la 4-T antes y durante la campaña electoral, pero fue desplazado de subsecretario de Hacienda al Banco de México por sus opiniones heterodoxas sobre política, desarrollo y economía. Puede decirse que Esquivel se acercó a una propuesta real de modelo de desarrollo posneoliberal, pero careció de autonomía como subsecretario de Egresos de Hacienda.

No es, pues, un enemigo de la 4-T; al contrario, pudiera decirse que es de los pocos cuadros que tiene un proyecto alternativo a la estrategia neoliberal salinista 1979-2018. De ahí la importancia de su texto que se presenta como “impactos económicos”, pero enfatiza el agravamiento social por la falta de decisión del Estado para atenuar la pobreza adicional provocada por las decisiones gubernamentales ante la pandemia.

Además del efecto negativo en el PIB, el desplome del consumo y el choque laboral por el frenón de la actividad económica que se están confirmando con las cifras oficiales, Esquivel lanzó la primera advertencia del costo social adicional:

Se anticipa un aumento importante en las tasas de pobreza total y extrema en el país. Según diversas estimaciones, alrededor de 9 millones de mexicanos podrían pasar a ser considerados como pobres y un número similar podría caer en situación de pobreza extrema (dieciocho millones en total). Este efecto podría llevarnos a alcanzar las tasas de pobreza más elevadas en lo que va del siglo. A la larga, éste será́ quizá́ el impacto más duradero y doloroso de esta crisis y el que requiere una atención de carácter más inmediato.

La clave de las propuestas de programa de apoyo emergente ante la crisis de Esquivel radicó en la protección de las fuentes de empleo y de los trabajadores. Esquivel delineó cinco decisiones de Estado con cargo a la política económica y presupuestal:

1) Un seguro de desempleo de emergencia que pudiera beneficiar al poco más de un millón de trabajadores formales que han perdido su empleo; 2) un programa de protección a la nómina que ayudara a las empresas a sostener un mayor número de empleos formales; 3) el diferimiento en el pago de contribuciones sociales a micro, pequeñas y medianas empresas; 4) un programa especial de apoyo para el pago de rentas u otros costos fijos (para restaurantes u otros negocios especialmente afectados por la pandemia); y 5) un programa que le otorgara un apoyo mínimo a los trabajadores informales que hubieran perdido temporalmente su fuente de ingresos.

La lógica económica de Esquivel radicó en la defensa de la planta productiva para proteger el empleo y evitar el cierre de fuentes de trabajo y el aumento del desempleo con trabajadores del sector formal e inclusive los del sector informal que no pudieron salir a las calles a vender. Como no hubo ese apoyo, hoy las cifras de quiebra de empresas, de salida de trabajadores de la población económicamente activa, de aumento del desempleo formal, de crisis en el sector laboral informal y de aumento de pobreza que se resumen en la cifra prevista de PIB anual de -9% a -12%.

A la vista de lo previsible de la crisis productiva del, 2020, el escenario a atender es el de mediano plazo de 2021 a 2025 y de largo plazo de 2025 a 2030. El documento de Esquivel fue circulado en la segunda quincena de julio y los datos oficiales de agosto confirman el costo económico y productivo del frenón económico. El gran desafío radica en reconstruir la política económica, la estrategia de desarrollo y los diseños presupuestales para saber si el país podría recuperar lo perdido o comenzará la contabilidad del desarrollo a partir del hoyo recesivo de 2020.

 

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Contracolumna • OBRADOR Y UN PAÍS SIN FUTURO • EDUCACIÓN, EL GRAN FRACASO





JOSÉ MARTÍNEZ M.

De veras no tienen madre.
Vivimos en el país de las maravillas, donde todo es posible. En las películas de animación la mayoría de personajes no tienen padres. Así, como los personajes de las películas de fantasía, nuestros políticos viven en una situación de orfandad.
Mientras a nuestros gobernantes el país se les deshace entre las manos, al amanecer, el presidente todos los días toca la lira. 
Los refranes son sabios. “Nunca digas de esta agua no beberé”.
Pues sí. 
Televisa –y lo dijo muy claro “El Tigre” Azcárraga– hace televisión para los jodidos. Y vaya que lo dijo un soldado del PRI.
Ahora, con la cuarta transformación Televisa ha pasado a convertirse en el pilar de la educación. 
Frente a los estragos de la pandemia, no es el Estado el que resuelve los problemas, los “salvadores de la patria” ahora son sus antiguos enemigos.
Para el presidente Obrador “gobernar no tiene ciencia”. Claro, está acostumbrado a hacer cirugías con machete. Con la cuarta transformación hemos atestiguado el menosprecio por ciencia, la educación y la cultura.
En este mismo espacio hemos subrayado que la educación y un proyecto de nación van íntimamente de la mano. 
Como país tenemos muchas facturas pendientes por pagar. Una lista de esos pendientes incluye: niños bien alimentados; padres comprometidos con el proceso educativo; profesores bien formados, evaluados y remunerados en todos los niveles.
Carajo. La pandemia nos está demostrando que nuestros políticos son unos analfabetas.
De poco sirve un plan de gobierno que diga a dónde quiero llegar como país si no tengo cómo ejecutarlo con las personas educadas para ello.
Se ha demostrado el analfabetismo de los funcionarios del más alto nivel. Una secretaria de Economía que es incapaz de leer correctamente una cifra numérica. 
Tenemos un secretario de Educación tan gris como el asfalto, acostumbrado a los eventos rimbombantes pero ajeno a la más elemental pedagogía.
El gobierno de Obrador ha cometido errores garrafales en materia de educación. De la mano de los legisladores de Morena se empecinaron en dar marcha atrás a la reforma educativa, y lo logaron. 
En lo político pagaron los favores a La Maestra por la contribución de sus huestes a la campaña de Obrador. 
En materia de libros de texto recortaron el presupuesto a la Conaliteg y un número indeterminado de niños de educación básica lo resintieron, pues debido a la política de austeridad la Secretaría de Hacienda ordenó para el ciclo escolar 2019-2020 se dejaran de imprimir 40 millones de libros de texto gratuitos, de los 220 millones que se requieren.
En lugar de fortalecer la educación se ha actuado en sentido contrario sin importar en alto costo social que ello representa en un país donde la mitad de su población piensa con su estómago, que vive con su desnudez y siente con su miseria, razones para que muchos emigren de sus pueblos a la capital o muchos salgan del país por la falta de educación y de oportunidades.
Y ya no hablemos de la deserción escolar en el nivel medio superior.
Ahora la televisión, cuyos principios están más orientados a la diversión y el entretenimiento, suple a la Secretaría de Educación con el pacto firmado por el gobierno de Obrador y las principales televisoras. Al final se trata de un negocio más para los concesionarios. 
En los primeros meses de su gobierno Obrador se comprometió a crear una empresa pública de telecomunicaciones operada por la Comisión federal de Electricidad para brindar Internet a millones de hogares carentes de este elemental servicio ante el incumplimiento de Teléfonos de México de violar el compromiso social establecido en su contrato de licitación.
Pero el la empresa bajo la responsabilidad de la CFE es una quimera. Es un sueño producto de la imaginación del presidente Obrador. 
Una empresa de la dimensión como la pretendida por Obrador y Bartlett no es por decirlo coloquialmente, “enchílame está gorda”. Requiere de una infraestructura tecnológica de avanzada, aun cuando la CFE disponga de una red de 50 mil kilómetros de fibra óptica que ya tiene instalada.
Si fuera tan fácil ¿por qué no la han echado a andar después de un año de haberla anunciado?
Lo que la pandemia nos está demostrando, es el enorme rezago del país en amplios sectores, el de la educación es uno de ellos y está asociado a otros. 
Para cumplir con un proyecto educativo acorde a la nueva normalidad, requiere de un clúster. Es decir, el funcionamiento de un grupo de empresas y dependencias gubernamentales interrelacionadas para trabajar estratégicamente con un mismo objetivo. Se trata de un conjunto de acciones, no de ocurrencias ni de discursos prosopopéyicos.
Ahora nuestros geniales funcionarios de la cuarta transformación se dan cuenta que no todo es verborrea. 
Para empezar no todos los hogares disponen del servicio de Internet. Según cifras oficiales 44 por ciento de los hogares mexicanos no tienen computadoras.
De acuerdo al Instituto Federal de Telecomunicaciones y el Inegi 56.4 por ciento de los hogares tienen conexión fija o móvil a Internet.
La Encuesta Nacional de Disponibilidad de tecnologías de la Información en los Hogares (Endutih) 2019, el 76 por ciento de quienes viven en la ciudades son usuarios de la Red y en las comunidades rurales apenas 48 por ciento.
Los datos de Endutih nos revelan las diferencias en los estratos sociales. En los hogares pobres 23 por ciento de los usuarios tienen de 12 a 17 años, mientras que en las familias más ricas la mayoría de los usuarios son adultos de entre 35 y 44 años. En tanto en los hogares de mayor poder socioeconómico los niños de 6 a 11 años tienen un acceso restringido a Internet.
Ahora bien, en México no todos los hogares tienen televisión.
En la pasada administración de Peña Nieto se llevó a cabo el programa de Transición a la Televisión Digital Terrestre con el propósito de actualizar las señales analógicas por señales digitales.
Se suponía que el objetivo era contribuir al desarrollo social y propiciar el acceso del país a la sociedad de la información y el conocimiento.
¿Acaso el gobierno de Obrador tomó en cuenta este factor? Parece que no.
En esencia se pretendía llevar las ventajas de la televisión digital a las familias de más escasos recursos en todo el país, pero los verdaderos beneficiarios fueron un puñado de funcionarios que hicieron un gran negocio con este este programa que fue usado más clientelarmente con fines políticos que social y educativamente.
Ahí hay una enorme veta para investigar actos de corrupción.
Lo malo, es que el gobierno de la cuarta transformación no tiene un verdadero proyecto de país y lo peor es que está inmerso en la corrupción y aún más ha terminado aliándose con sus adversarios a los que antes calificaba de “mafiosos”, en los que ha depositado ahora la educación en sustitución de la SEP.