lunes, 15 de febrero de 2021

Contracolumna • FALSOS SÍMBOLOS DE LA PATRIA • LORENA CUÉLLAR, LA IMPOSTORA

 


JOSÉ MARTÍNEZ M.

La diputada Lorena Cuéllar –aspirante a la gubernatura de Tlaxcala– se siente la reencarnación del símbolo de la patria. Como en el espejo de Blanca Nieves se siente la más bonita y la más inteligente. Ya sabemos que se trata de una farsa y que recurre a promocionarse con fotografías de su añeja juventud para tratar de “vender” una imagen que no corresponde a su verdadera personalidad. Como en el cuento de marras ofrece manzanas envenenadas a todos aquellos incautos que “confían” en Morena, el partido de la corrupción.
No hace mucho, durante décadas una mujer tlaxcalteca de origen otomí y de una singular belleza, que trabajó como mesera en un bar, fue el “símbolo” de la Patria.
Fue la imagen de los libros de texto con la que numerosas generaciones de mexicanos estudiamos en las escuelas públicas.
Pero entre la imagen de María Victoria de los Reyes Dorantes Sosa –el nombre de la joven mujer que inmortalizó su belleza en la memoria colectiva de los mexicanos– y la de Lorena Cuéllar no hay la más mínima comparación. Es hasta una ofensa para la musa que inspiró a célebres artistas como Gerardo Murillo, mejor conocido como el “Dr. Atl”, Diego Rivera y Jorge González Camarena, éste último fue quien la inmortalizó en un lienzo, cuya imagen aparecía, año con año durante más de medio siglo, en las portadas de los libros de texto gratuitos.
En contraste, la imagen de Lorena Cuéllar aparece frente a los personajes más nefastos de Morena y sus aliados y uno que otro expriista. Entre ellos Gerardo Fernández Noroña, Mario Marín, mejor conocido como el gober precioso, Félix Salgado Macedonio, René Bejarano, Manuel Bartlett, Layda Sansores y un largo etcétera.
Todos estos conspicuos personajes de la llamada “cuarta transformación” –todo lo que signifique esa cosa– se sueñan en un lienzo al lado del presidente Obrador como falsos símbolos de nuestra historia.
Victoria Dorantes jamás militó en un partido político. Fue una mujer común que se ganaba la vida trabajando. Ni siquiera fue como esas mujeres de la Revolución a las que la actriz María Félix encarnó en sus películas, y a las que el cine se encargó de retratar como las “Adelitas”, vaya ni tampoco fue aprendiz de guerrillera y mucho menos una política como las de Morena que se sienten la reencarnación de la patria como Lorena Cuéllar. Victoria era la pareja de un modesto policía que trabajó como “guardespaldas” de un encumbrado político hidalguense. Ella era una muchacha común, una mesera de un bar a donde solían acudir algunos intelectuales, como el célebre Renato Leduc y renombrados artistas plásticos como los mencionados anteriormente.
En la pasada década de los sesentas el pintor Jorge González Camarena recibió la encomienda del ilustre poeta Jaime Torres Bodet –secretario de Educación Pública– de retratar a una mujer como el símbolo de la patria. Autor de las novelas de la Revolución El águila y la serpiente y La sombra del caudillo, el escritor Martín Luis Guzmán director fundador de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos y quien estaba bajo las órdenes de Torres Bodet, apresuró al pintor González Camarena en encontrar al símbolo que sintetizaría en una imagen a nuestra patria.
El símbolo que tanto se ansiaba en encontrar fue descubierto en un antro, donde Victoria Dorantes –la mujer de origen otomí– se ganaba la vida honradamente.
Nacida, hace ya un siglo, en la Hacienda de San Lucas Coaxamalucan, en el pequeño pueblo de Tetla, la joven mujer de una belleza mestiza con rasgos indígenas deslumbró a González Camarena quien hizo hasta lo imposible por convencerla para que posara como su modelo. Su esposo la respaldó plenamente, por desgracia un par de años después falleció.
A partir de entonces la imagen de Victoria Dorantes se convirtió en la compañía de millones de estudiantes de primaria. Niños que crecieron con ese símbolo de la patria y cuya imagen veían con devoción al abrir sus primeros libros educativos.
En cambio ahora, los niños y los jóvenes de Tlaxcala cuando leen los diarios impresos o digitales lo primero que ven son las notas escandalosas de una mujer envuelta en escándalos de corrupción, señalados por sus propios compañeros de partido quienes se refieren a ella como la “candidata impostora”. Lorena Cuéllar, la mujer tlaxcalteca perteneciente a una dinastía de caciques políticos que durante décadas se han apoderado del control político de Tlaxcala y que ella busca continuar por esa senda, aun pasando por encima de los cadáveres de sus compañeros de Morena.
Victoria Dorantes, la ciudadana común y corriente, que ha sido el mayor símbolo popular de la patria representada por la joven vestida de blanco, con la bandera de México y un libro entre sus manos, es recordada en Tlaxcala con devoción y nostalgia.
Ahora las falsas heroínas como Lorena Cuéllar y los falsos próceres como Andrés Manuel López Obrador se envuelven en la bandera de la corrupción como símbolos de la decadencia política que representa la llamada “cuarta transformación”.
Hoy las heroínas de la patria son Lorena Cuéllar, Beatriz Gutiérrez Müller, Claudia Sheinbaum, Dolores Padierna, Rosario Robles, Layda Sansores, Olga Sánchez Cordero, Rocío Nahle, Irma Eréndira Sandoval, Tatiana Clouthier, Layda Sansores, Citalli Hernández y Yeidckol Polenvnsky, entre otras.

sábado, 6 de febrero de 2021

Contracolumna EL DÍA QUE ATRAPARON A MARIO MARÍN




JOSÉ MARTÍNEZ M.


El día que lo iban a detener Mario Marín estaba tirado de panza al sol sobre un camastro en una vivienda de autoconstrucción en una colonia popular de Acapulco catalogada como de “alto riesgo”. Apenas unos días antes de su captura a unos cuantos metros de la vivienda apareció el cadáver de un individuo. En esa zona son comunes las ejecuciones. Las calles serpentean y en las noches son altamente peligrosas, pero en el día se puede disfrutar de la Bahía de Santa Lucía que se divisa desde ese lugar. Hacía calor y corría un viento imperceptible. Se sentía la humedad y Mario descansaba Junto a la alberca. Ahí en una mesita reposaba un daikiri de tamarindo recargado de coñac con el que se refrescaba. Su hermana Alicia Marín, una modesta profesora de educación básica y dueña de la casa había ordenado al personal de servicio que atendieran al “Señor”. Marín apenas tenía ocho días de haber encontrado refugio en ese lugar. La casa se encontraba abandonada y un par de mozos le daban mantenimiento. Marín huía como las presas de los cazadores pero los sabuesos de la policía desde mucho antes lo tenían ubicado, bien medidito, nada más estaban a la espera de la orden de cateo de un juez para invadir el domicilio y atraparlo. A su detención fue exhibido como un trofeo por las huestes del fiscal general Alejandro Gertz Manero el que tiempo atrás había ordenado que se emitiera la “ficha roja” del exgobernador quien estaba en la lista de los fugitivos más buscados. La cacería se extendió a todo el mundo. En lugares recónditos, como China, mucha gente desconocía dónde se ubica México pero sí sabían quién era Mario Marín al que simplemente referían como el “gobel plecioso”.
La casa ubicada en el número 22 de la Citlaltépetl de la colonia Cumbres de Figueroa –llamada así en “honor” del exgobernador Rubén Figueroa Figueroa, quien en realidad su verdadero nombre era Teodosio Eustolio pero como nunca le gustó como lo registraron sus padres, se autonombró “Rubén” y así se hizo llamar hasta su muerte–.
Ese día un ligero vientecillo hacia soportable la humedad que se transpiraba. La temperatura arañaba los 30 grados centígrados. Marín vestía un short y una playera con una gorra de beisbolista que combinaba con unas gafas de sol que le cubrían buena parte de su rostro.
Años atrás la vida de Marín dio un vuelco. Su rocambolesca trayectoria política acabó de sopetón. Fuera de toda broma, llegó a soñar con ser la reencarnación de Benito Juárez. Aquellos a los que les confiaba sus aspiraciones no sabían si reír o llorar.
A Marín le ocurrió lo que pasa a casi todos los políticos que se encumbran en el poder: se trastornan. Enloquecen.
El joven que se inició como inspector de mercados por uno de sus maestros, Guillermo Pacheco Pulido, ni en sus más remotos y delirantes sueños consideró que podría un día llegar a gobernar su estado natal. Pero sus sueños se cumplieron, lo malo es que se llegó a sentir intocable.
Ahora estaba ahí frente a su realidad. Acorralado y sin los guardias que le vigilaban el sueño y sin los amigos de siempre, Marín estaba consciente que tarde que temprano lo agarrarían en el mínimo de los descuidos. Después de las famosas grabaciones que lo imputaban junto con el empresario Kamel Nacif en la persecución contra la activista Lydia Cacho, comenzó a sufrir una pesadilla.
Marín había iniciado su polémico mandato en febrero de 2005. A finales de ese año estaba sumergido el escándalo que pondría fin a su carrera política. Al principio desdeñó los reclamos de Lydia Cacho, contrató a un equipo de abogados para atender su caso y recurrió a sus contactos en los más altos niveles del poder judicial. Todo el periodo de su gobierno fue de escándalo tras escándalo por el caso Cacho hasta llegar a enero de 2011 en que concluyó su gestión. A partir de entonces Marín fue abandonado por sus amigos y hasta por sus cómplices. Se convirtió en un apestado. Los últimos diez años de su vida fueron de litigios. Pero se le acabó la “buena suerte” y comenzó a andar a salto de mata, con la ayuda y complicidad de sus abogados.
La casa de Cumbres de Figueroa era una de sus últimas madrigueras. Años atrás cuando despachaba en la Casa Puebla ayudó a su hermana Lucía a terminar de construir y ampliar la vivienda.
Marín tenía vedado disfrutar del paraíso de Acapulco. Vivía en su propia prisión. Para él, era impensable caminar por la arenas de las playas. Su vida estaba acotada. Sufría un calvario. Añoraba sus días de poder y hasta maldecía y se arrepentía de haberse cruzado un día con Kamel Nacif, pero él ignoró la fama de pederasta con la que cargaba el empresario textilero.
En todo eso pensaba casi todos los días desde que comenzó a andar a salto de mata.
El miércoles 3 de febrero los mozos estaban pendientes de la comida que preparaban para su huésped. La mesa ya estaba puesta y Marín estaba en el camastro en un estado de somnolencia, entre el sueño y la vigilia como si estuviera a punto de perder la conciencia.
En los ochos días que estuvo ahí escondido, casi sin hablar con nadie, el sopor lo consumía, tenía una sensación de cansancio, de pesadez, con los sentidos embotados y hasta cierta torpeza en sus movimientos.
Cuando la policía allanó la casa dio un brinco, sorprendido por los agentes de investigación, ni siquiera tuvo tiempo de reclamar nada, con el corazón agitado y las mandíbulas apretadas de coraje, Marín pidió unos minutos para vestirse, ahí mismo le llevaron la ropa y unos zapatos. Los agentes lo trasladaron en una camioneta y más tarde lo llevaron al aeropuerto donde un avión de la Fiscalía General lo trasladaría a Cancún. La misma aeronave en la que se trasladó al Chapo Guzmán a Estados Unidos y la que también se usó para extraditar al exgobernador de Quintana Roo, Roberto Borge. Una aeronave Challenger 605.
Esa misma noche Marín arribo a Cancún a donde Lydia Cacho escribió Los demonios del Edén. La cárcel del Caribe es su nueva casa. La misma prisión donde vive –bueno es un decir– Jean Succar Kuri, el pederasta condenado a más de cien años de prisión y quien era uña y mugre de Kamel Nacif, el rey de la mezclilla, el personaje que solía apostar millones de dólares en Las Vegas y que sentía una pasión irrefrenable por las niñas.
Marín a quien la pandemia le había caído como anillo al dedo, aprovechó la coyuntura de la crisis sanitaria para ocultar su rostro y tratar de pasar desapercibido. Usaba el cubrebocas para taparse el rostro y de paso protegerse del Covid, combinaba las enormes gafas de sol para completar el disfraz que le permitía desplazarse entre la muchedumbre cada que se atrevía a dar un paseo en un franco desafío a sus perseguidores.
En Puebla todos los miembros de su primer círculo, familiares y colaboradores de su gobierno, fueron sometidos al escrutinio del espionaje telefónico. Se presumía que se encontraba escondido en alguna parte del territorio poblano o que podría encontrarse en Austria, en las latitudes de Europa, donde su hijo mayor posee millonarias propiedades. El junior Mario Marín García casado con Nadja Ludmer, de origen austriaco, fue señalado de llevar una vida ostentosa en la ciudad de Wels, Austria. Notas periodísticas dieron cuenta de las propiedades del junior por varios países de Europa.
El político poblano enfrenta los cargos de tortura y abuso de poder, entre otros. En la desgracia no está tan solo. Algunos de sus ex colaboradores y amigos siguen refiriéndose a Marín como el “señor gobernador”, otros lo recuerdan simplemente como “Mario”, mientras sus detractores se refieren al conspicuo personaje como el “gober precioso”.
Entre la Heroica Puebla de Zaragoza y el municipio de Benito Juárez –nombre oficial de Cancún– existe una distancia de 1,500 kilómetros. Ese fue el recorrido que hizo en automóvil Lydia Cacho el 16 de diciembre de 2005 cuando fue detenida y trasladada por agentes de la policía poblana. En el lapso de más de 20 horas Lydia dice que fue torturada sicológicamente con amenazas de echarla mar.
Habrá que esperar si se va a dar una confrontación entre la activista y el exgobernador. Lydia ha señalado a la secretaria de Gobernación y exministra de la Suprema Corte, Olga Sánchez Cordero de proteger a Marín. A su vez, Manuel Bartlett fue quien impulsó la carrera política de Marín.
En este show mediático, las únicas perdedoras son las víctimas de la pederastia quienes señalan a Lydia Cacho de beneficiarse económica y periodísticamente del escándalo.
Mientras tanto, Marín duerme en el Cereso de Cancún en la región 99, una de las zonas violentas y conflictivas. Es el “ilustre” personaje de esta cárcel que tiene un alarmante hacinamiento, como ocurre en casi todas las prisiones del país.
Es seguro su próximo traslado a una prisión de máxima seguridad, donde podría pasar los últimos años de su existencia.

jueves, 4 de febrero de 2021

Contracolumna LORENA CUÉLLAR Y SU TRAICIÓN AL GOBER PRECIOSO


JOSÉ MARTÍNEZ M.

Nada más se supo de la detención del exgobernador Mario Marín y cundió el pánico en el cuarto de guerra de Lorena Cuéllar –la polémica candidata de Morena al gobierno de Tlaxcala–.
Durante muchos años la relación de Lorena Cuéllar con el gober precioso estuvo a partir un piñón. Hoy la candidata de Morena reniega de su macabro pasado como si su amistad con el político poblano fueran “pelillos a la mar”.
Marín –por su soberbia y altanería– terminó en los desechos de la política. Lorena Cuéllar finge demencia y cuando lanza la piedra, esconde la mano. Esa es la escuela de Morena donde todos los expriistas se sienten “purificados”, a sabiendas que son peores, aun así renieguen de su oscuro pasado.
Cierto. Nadie derramó ni siquiera una lágrima por Mario Marín del que ahora sus viejos correligionarios como Lorena Cuéllar hacen leña del árbol caído como si fuera un apestado.
El vaso comunicante entre Cuéllar y Marín fue el inefable Víctor Cánovas, un mercenario al igual que la candidata de Morena, quienes son capaces de traicionarse a sí mismos. Su paso por diferentes partidos es una prueba irrefutable de su ambición y de su pragmatismo. Son capaces de estar con Dios y con el diablo.
Todo mundo lo sabe, Víctor Cánovas es uno de los principales operadores de Cuéllar. La “ética” de Cánovas y de Cuéllar se rige bajo el “principio” de “ladrón que roba a ladrón”.
Ese refrán popular es la imagen simbólica de la doctrina política de Lorena Cuéllar.
La candidata de Morena recurre a la manipulación mediática –sobornos de por medio a sus “periodistas” de cabecera– para atizar la leña de la guerra sucia que se ha venido cocinando a fuego lento desde Palacio Nacional con miras a las próximas elecciones.
Hace seis años Cánovas fue expulsado del Instituto Electoral del Estado de Puebla por violar la ley electoral. Su salida se dio de una manera disfrazada bajo el pretexto de una “renuncia”.
En marzo de 2014 se difundió una fotografía donde Cánovas, entonces del PRI, donde aparecía en una reunión de panistas que refrendaron su apoyo a favor del panista Gustavo Madero Muñoz, la cual se realizó en el municipio de Huamantla el 21 de marzo de ese año. Entonces se dio a conocer una grabación de esa reunión donde Cánovas reconoció que recibía “instrucciones” del gobernador Rafael Moreno Valle.
A partir de entonces se consolidó la relación de Cánovas y Lorena Cuéllar. Ambos comenzaron a actuar como auténticos mercenarios.
La señora Cuéllar salió del PRI por la puerta de atrás en 2010 cuando pretendía competir por la candidatura al gobierno estatal, seis años después (2016) contendió como candidata del PRD en alianza con el PT. Ahora, esta última vez se hizo de la candidatura con trampas y falsas encuestas, dividiendo a su nuevo partido de Morena, pero siempre de la mano de Víctor Cánovas.
El inefable Cánovas quien de ser un achichincle de Moreno Valle pasó a convertirse en un “asesor estrella” de un gobernador de Tlaxcala.
En ese sexenio abundaron los escándalos y los excesos de corrupción. En esos años se hizo público el caso del empresario poblano David Taylor Torres, dueño de Painco quien operaba con Cánovas y el padrinazgo de políticos en el poder en Tlaxcala para realizar pingües negocios a costa del erario público.
La presencia de Víctor Cánovas en el equipo de Lorena Cuéllar no es ninguna novedad. Es un especialista en el trabajo sucio de recaudar “fondos” para las campañas de sus clientes. Los recursos privados para las campañas luego son recompensados con dineros públicos. Cánovas les promete a los “inversionistas” ganancias millonarias y de paso asegura fondos para su propio peculio.
Lorena Cuéllar quien por tercera ocasión busca hacerse de la gubernatura de Tlaxcala, está dispuesta a todo.
Para ella son esenciales las tareas de Cánovas quien antes fue operador financiero de los gobernadores Rafael Moreno Valle en Puebla y otros más de Tlaxcala.
Cánovas se ha reunido con más de un centenar de “inversionistas”, muchos de ellos de Puebla para tratar de convencerlos de que “inviertan” en la campaña de Lorena Cuéllar, a quien se refiere como la “futura gobernadora” y quien les asegura “ganancias en los próximos seis años, mediante contratos en obra pública, los mismo en ventas y adquisiciones y otros negocios al amparo del poder.
No muchos confían en las malas maniobras de Canovas –quien tiene la plena autorización de Lorena Cuéllar para negociar en su nombre–.
El malogrado Ludivino Mora Tejada quien fuera un operador político de los gobernadores Melquiades Morales y Mario Marín, se refería a Víctor Cánovas como un “traidor”, “un hombre peligroso, altamente desleal y nada confiable”.
Dice el refrán que “Dios los cría y ellos se juntan”, Cuéllar y Cánovas, tal para cual.
La captura de Mario Marín ha comenzado a destapar el cochinero de Lorena Cuéllar.
En Puebla el gobernador Miguel Barbosa busca colgarse una medalla con la detención de Marín y busca la oportunidad de cobrar algunas facturas pendientes con Lorena Cuéllar aliada del senador Alejandro Armenta Mier.
Lorena Cuéllar es la promotora de Armenta Mier como “gobernador sustituto” de Barbosa en caso de que éste renuncie por motivos de “salud” o por fallecimiento, dado su grave estado de salud.
Los poblanos Armenta Mier y Tony Gali son aliados de Lorena Cuéllar con quienes tiene comprometidos varios negocios.
Aún ni siquiera comienzan las campañas y Lorena Cuéllar ya está repartiendo los recursos públicos de Tlaxcala como un botín.
Mientras tanto, que el gober preciso se chingue.
Nadie derramó una lágrima por Marín y Cuéllar, como muchos otros de su estirpe hoy reniegan de su relación con el exgobernador poblano.
Bisnes son bisnes, eso lo sabe muy bien Víctor Cánovas, el tenebroso operador financiero de la tlaxcalteca Lorena Cuéllar.

miércoles, 3 de febrero de 2021

Contracolumna • CAZADOR DE NAZIS Y DICTADORES • MIGUEL JULIO RODRÍGUEZ VILLAFAÑE


JOSÉ MARTÍNEZ M.

Miguel Julio Rodríguez Villafañe es uno de mis amigos que ha sido determinante en el oficio del periodismo. Con su amistad y la de otros amigos, me he construido a lo largo de los años. Siempre me aferro y trato de ser fiel a los amigos de verdad, a los viejos amigos. Son ellos los primeros críticos de mi trabajo y a los que correspondo con sentimientos de verdadera gratitud.
Por sus hechos, por su forma de vida, por sus principios irrenunciables, Miguel Julio no es un hombre común.
Desde hace tres decenios Miguel Julio vive modestamente. Él es de Córdoba, Argentina donde se gana la vida como Profesor de Derecho Constitucional. Es doctor en Derecho y Ciencias Sociales, ensayista y periodista.
He tenido el privilegio de compartir con él en algunos foros académicos de España y de algunos países de Latinoamérica sobre temas de derecho a la información y la libertad de expresión.
Aunque nos separan algo así como 7 mil kilómetros de distancia, nos une una cosa en común: el periodismo. Cuando nos encontramos en cualquier lugar charlamos como si el tiempo y la distancia no existieran.
Mi amigo fue ¬Juez Federal Nº 1 de Córdoba y como magistrado del poder judicial detuvo personalmente al criminal nazi Josef Franz Leo Schwammberger, uno de los cinco criminales de guerra más buscados del mundo.
Schwammberger se ocultó en Argentina. Muy joven se integró las SS y fue sindicado como criminal de guerra. Fue comandante de tres campos de concentración en la zona de Cracovia entre 1942 y 1944 donde mataba por odio, aburrimiento y placer.
En 1949 se fue a esconder a la Argentina. A pesar de la orden de su captura internacional había logrado permanecer prófugo durante casi cuatro décadas. En 1987 fue detenido en Huerta Grande, Córdoba. Tres años más tarde fue extraditado para ser juzgado por sus horrendos crímenes.
Cuando Miguel Julio lo detuvo, el nazi vivía en el barrio La Cumbre de La Plata junto a su esposa y sus dos hijos. Trabajaba en Petroquímica Sudamericana y se había nacionalizado como argentino unos años antes, en 1965, obteniendo de esa manera una Libreta de Enrolamiento cuyo número era 7.603.354 y en la que figuraba su nombre real.
Simon Wiesenthal, el cazador de nazis, lo denunció. Dijo que había sido jefe de custodia en los guetos de Kzwadow y Szamensol y comandante de los campos de Mieles y Przensyl
El mismo año en que había obtenido su nacionalización y su documento de identidad argentina, en Alemania, Simon Wiesenthal, el cazador de nazis, denunció que Schwammberger vivía en Argentina.
No obstante los crímenes cometidos por Schwammberger, los militares argentinos lo protegieron durante muchos años.
Por esa razón, Miguel Julio se negó a firmar la ley de indulto en el gobierno del presidente Saúl Menen. Fue el único 
 que se negó a firmar dicho indulto a fines de 1989 que favoreció a los responsables de graves delitos de lesa humanidad, entre ellos a los integrantes de la dictadura de la junta militar, como Jorge Rafael Videla, quien se asumió como presidente de facto de la Argentina. Sobre ello ha escrito Miguel Julio en su obra titulada "Crimen de Crímenes ¬genocidios entre 1904 y 2005¬ Memoria con Verdad y Justicia ¬ Derechos Humanos, Principios a respetar y Educación para la Paz".
La negativa de Miguel Julio a firmar el indulto a los militares le mereció amenazas de muerte y no le importó renunciar a la comodidad del oneroso salario de su cargo y a la promoción de su estatus como miembro del poder judicial.
Menen pactó diez decretos para exonerar a los militares. A dichos indultos se les conoce como leyes de impunidad. Fue hasta el año de 2003 que el Congreso declarara nulas las leyes de Punto Final y Obediencia Debida algunos y ocurrió que los jueces que fueron cómplices del poder presidencial comenzaron a declarar inconstitucionales aquellos indultos referidos a crímenes de lesa humanidad.
Me enorgullece tener un amigo así con los cojones bien puestos. Miguel Julio es un hombre de agallas y de leyes. Como juez actuó conforme a sus principios a sabiendas de que la complicidad del poder judicial y la subordinación del poder legislativo ante el Ejecutivo es una amenaza a la democracia que amenaza con devorar así mismo a un país.
Miguel Julio nos dice cómo la sociedad argentina ha demostrado su clara vocación por defender los derechos humanos consagrados por la Constitución y los pactos internacionales, incluso, manifestándose en las calles.
Él, junto con una corriente de diputados del llamado Interbloque de Cambiemos ha dado la batalla para retirar las condecoraciones que el gobierno argentino entregó en gestiones anteriores a conspicuos personajes que han violentado los derechos humanos, entre ellos Nicolás Maduro y Augusto Pinochet.
En 2013 por decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al dictador de Venezuela Nicolás Maduro se otorgó la condecoración del Collar de la Orden del Libertador General San Martín. Pero en 2017 mediante el Decreto 640, publicado el 10 de agosto de ese año, se le quitó a Maduro el derecho al uso de la condecoración incluso se dice, en los considerandos de la medida, la necesidad de gestionar la devolución de la distinción.
Miguel Julio ha cuestionado y sometido al escrutinio público los reconocimientos a Pinochet.
Lo paradójico respecto de lo antes referido resulta que por los decretos 500/75, 2904/76 y 868/93, se otorgó al dictador Augusto Pinochet la “Orden de Mayo al Mérito Militar al Grado de Gran Cruz”, la “Orden del Libertador San Martín” y la “Orden de Mayo al Mérito”. O sea, tres de las máximas condecoraciones que confiere el gobierno de Argentina.
Esas condecoraciones además, están hechas de oro y otros metales preciosos y tienen un valor de joya en sí mismas.
La primera fue otorgada durante el gobierno de Isabel Perón, la segunda por Jorge Rafael Videla y la última, por Carlos Menem en 1993.
Pinochet llevó adelante una dictadura caracterizada por gravísimas violaciones a los derechos humanos y fue partícipe central en el Plan Cóndor, en virtud del cual los ejércitos se coordinaban para la detención, interrogatorios con tortura, traslados entre países y desaparición o muerte de personas consideradas como supuestos subversivos.
Cuento estas amargas experiencias en la que mi amigo Miguel Julio Rodríguez Villafañe ha gastado parte de su vida en defensa de los intereses de su país.
En México por el contrario, ante los ojos de millones de compatriotas hemos atestiguado el fervor de los líderes de la cuarta transformación por los peores dictadores. La admiración del canciller Marcelo Ebrard y del presidente Obrador por conspicuos criminales es una clara señal de la pudrición política que vive el país.
En varias ocasiones el presidente Obrador ha rendido homenaje y pleitesía al dictador Benito Mussolini quien estableció un régimen totalitario y masacró a su pueblo.
Lo mismo hizo Marcelo Ebrard como jefe de gobierno de la Ciudad de México cuando hizo un homenaje a manera de reconocimiento al dictador de Azerbaiyán, Heydar Aliyev con dos monumentos dedicados, en dos sitios emblemáticos de la capital y con alto valor histórico: Paseo de la Reforma, en la entrada de Chapultepec, y la Plaza de Tlaxcoaque, en el entronque de 20 de Noviembre y Fray Servando.
Resulta paradójico que mientras en Argentina, ciudadanos como Miguel Julio luchan todos los días por dignificar la memoria de su patria, en México con la cuarta transformación sus principales gobernantes enaltecen a verdaderos sátrapas que denigran nuestra historia.

martes, 2 de febrero de 2021

Contracolumna ANABELL ÁVALOS VS UN NIDO DE SERPIENTES


JOSÉ MARTÍNEZ M.


Hay liderazgos que trascienden a los partidos políticos. Es el caso de Anabel Ávalos, candidata al gobierno de Tlaxcala.
Durante tres semanas, Anabell estuvo confinada tras haber contraído el Covid. La pesadilla de la enfermedad la pasó en compañía de sus hijos. Venció al Covid y salió fortalecida, con ánimos de dar la más dura de sus batallas políticas.
Mujer de temple, de mano firme pero de una sensibilidad política, como pocos, Anabell es ante todo una persona común que goza de un prestigio entre sus pares y los ciudadanos.
Ganó a pulso la nominación a la candidatura para gobernar Tlaxcala. Su paso por el gobierno de la capital tlaxcalteca consolidó sus aspiraciones.
Sin trampas ni arreglos bajo la mesa, como suele ocurrir en la política a la mexicana, Anabell mereció la confianza de diversos partidos que conforman una coalición integrada por el PRI, PAN, PRD y otras organizaciones locales (PAC y PS). En su partido no hubo necesidad de confrontarse con nadie, su nominación era considerada como una expresión “natural” de su reconocida trayectoria política.
A su postulación se sumaron los demás partidos en una muestra de confianza a su liderazgo. Desde luego afectó el ego de sus contrincantes. No obstante, Anabell es la candidata de la conciliación y de la unidad política de los tlaxcaltecas cuya campaña va creciendo como la espuma.
La candidatura de Anabell contrasta con el manejo político de sus contrincantes aglutinados en torno de Morena.
En Tlaxcala todos están de acuerdo en que Morena es peor que un nido de serpientes.
Para decirlo de una manera más “elegante”, Morena en Tlaxcala –como ocurre en muchas partes del país con este partido– es como una canasta de manzanas podridas.
Hasta los aprendices de políticos, incluidos los más bisoños, nada más entran en contacto con esa cosa y se contagian. Como ocurre con el ganado, los políticos de las tribus de Morena abrevan de las aguas envenenadas de ese partido.
Morena, lo hemos subrayado, una y otra vez, está hecho como las salchichas, con los desperdicios de todas las organizaciones políticas.
Tlaxcala no es la excepción.
Esa condición engrandece la figura de personalidades como Anabell Ávalos, una mujer congruente con sus ideales y sus principios que se ha mantenido aferrada al timón pese a las tormentas.
Vienen días difíciles para el país. Desde el poder, Morena se apresta a contender a lo largo y ancho del país con los peores candidatos que se recuerden.
Las elecciones están en peligro, no solo por la pandemia y el gran fracaso de la política sanitaria del gobierno de Obrador para controlar el desastre provocado por el bicho, tanto en lo económico como en lo social, sino por la injerencia del Presidente en el proceso electoral, quien es parte esencial del engranaje de una guerra sucia de baja intensidad en materia electoral con el uso ilegal del presupuesto público a través de los “superdelegados” y los batallones de “servidores de la nación”.
De ahí la importancia de los liderazgos locales como el de Anabell Ávalos que representan la unidad de sus ciudadanos frente al discurso de la división y el odio promovido desde Palacio Nacional.
En los liderazgos locales está la clave para desmantelar el aparato fascista de Morena que busca ampliar su control político.
La mayor preocupación de los ciudadanos es contar con líderes políticos confiables y no en personajes arbitrarios que asumen el poder como un auténtico botín político.
El de Obrador es un ejemplo cruel de ello. Un gobierno integrado por una caterva de políticos despreciables.
En Tlaxcala, Lorena Cuéllar quien pretende gobernar el estado es un ejemplo vivo de la corrupción. Su obsesión por el poder mantiene dividido a su partido y constituye una amenaza para la estabilidad y el desarrollo de los tlaxcaltecas.
No es fortuito que Anabell Ávalos por su prestigio candidata de la Coalición “Unidos por Tlaxcala” encabece las preferencias electorales. Desde finales de 2020 comenzó a registrar un ascenso en las preferencias electorales que la coloca en franca competición con su única y verdadera rival quien ha terminada marcada por el desprestigio social y político y quien pretendió implantar un imperio político basado en la corrupción.
Sin duda se impondrá Anabell y marcará el final del reinado de Lorena Cuéllar quien pasó los últimos años de su vida brincando como chapulín de partido en partido,
Sí los pequeños triunfos del PRI en Coahuila e Hidalgo le dieron un poco de oxígeno a ese partido, Tlaxcala se perfila como un estado que no está dispuesto a rendirse ante Morena, el partido que simboliza la decadencia política del país.
Tiene razón Obrador cuando dice que no se puede derrotar a quien no quiere morirse. Ese es el PRI y sus aliados.
La alianza “Unidos por Tlaxcala” en el mes de enero emprendió una tendencia a la alza. Y eso solo es el principio.
Al margen de las encuestas y de los datos demoscópicos del INE, la alianza “Unidos por Tlaxcala” va in crescendo al ritmo de las campañas.
Mientras tanto, en Morena todo es opacidad y mentiras. Las pugnas internas en ese partido así lo confirman. Según datos oficiales de Morena, Dulce Silva estaba mejor posicionada que Lorena Cuéllar. Bien a bien, nadie sabe a qué intereses responde Cuéllar, quien se encuentra identificada con grupos mafiosos del estado de Puebla, uno de ellos es el capitaneado por el exgobernador Tony Gali, uno de los capos de los giros negros.
Cuéllar alegó que ganó la encuesta interna del partido, pero resultó falso y enfrenta un litigio ante la autoridad electoral por sus malas maniobras, al igual que denuncias en su contra por irregularidades financieras con el manejo de recursos federales de los programas de bienestar.

viernes, 29 de enero de 2021

Contracolumna EL COVID DE SLIM JOSÉ MARTÍNEZ M.


EL COVID DE SLIM

JOSÉ MARTÍNEZ M.

Carlos Slim hoy cumple 81 años y nos demuestra que tiene más vidas que un gato.
Si alguien piensa que el Covid va a derrotar al magnate, se equivocan. Slim está un paso adelante del bicho.
En un momento me sorprendió el mensaje del heredero de la corona cuando descorrió el telón y anunció que su padre tenía el Covid. Unos días atrás Slim había perdido a su amigo Larry King por culpa del maldito Covid. Slim estaba triste y de luto.
En los últimos meses Slim había estado callado. No decía nada. Aunque aislado en su propio mundo –en medio de una atmósfera de un lujo desafiante– el Ingeniero seguía trabajando al igual que sus hijos.
Ahora el mundo se enteraba que Slim –el hombre que ocupó el pódium de los hombres más ricos de la Tierra– acudía a un hospital de beneficencia pública para atenderse el Covid.
Slim rompía el silencio al mandar un poderoso mensaje al presidente Obrador. El hombre más rico del país y uno de los más poderosos del mundo, estaba ahí, en un acto de humildad en el Instituto Nacional de Nutrición, un hospital para los pobres donde las cuotas son simbólicas.
Mientras el presidente se refugiaba en los salones lujosos de Palacio rodeado de médicos y de sus principales colaboradores del sector salud, sin haber puesto jamás un pie en un hospital desde que irrumpió la pandemia, el todopoderoso magnate aprovechaba el vacío para reivindicar a las instituciones de salud pública de la que él es uno de sus patronos.
Era un señal para indicar al presidente hacía dónde debía conducirse. Por desgracia ni Obrador ni sus colaboradores entendieron el significado de ese mensaje.
Prácticamente la relación entre Slim y el presidente está rota. Sus diferencias afloraron desde hacía muchos años antes. La cancelación del aeropuerto de Texcoco fue el detonante de su enemistad. El tema del aeropuerto derivó incluso en un drama familiar. Provocó el divorció del arquitecto Fernando Romero y Soumaya Slim.
El propio Obrador se encargó de atizar la leña cuando anunció en una de sus mañaneras la “jubilación” del ingeniero Slim.
Con sus altas y sus bajas se ha mantenido la relación política entre ambos personajes.
En diciembre pasado recibí una llamada de uno de los personajes más cercanos a Slim. Charlamos unos minutos, días después me hizo llegar una carta sobre la pésima relación del Ingeniero con el presidente.
En realidad me duele saber cómo pierde el país por estas estupideces. Las pugnas de poder son evidentes. Aún en la peor desgracia del país y enfermos los dos, cada uno en su mundo, riñen cada cual a su manera.
Slim se siente traicionado. A todas las negociaciones fallidas de su imperio con el gobierno, se suman los manejos poco transparentes del aporte de Slim a la rifa del avión presidencial y la donación de mil millones de pesos para la adquisición de las vacunas.
La atención médica a Slim en un hospital de pobres es parte de esa guerra.
No dudo que Slim haya contraído el bicho y que ahora reciba atención médica especializada. Pudo atenderse en su mansión de Las Lomas y contratar los servicios de los mejores médicos del mundo.
Sé cuán cuidadoso es Slim con su salud. En su casa y su oficina es permanente el uso de humidificadores para mantener relajado y fresco el ambiente. Me consta.
Lo cierto es su precario estado de salud. Sufre hipertensión y es diabético. Por lo tanto está entre la población de alto riesgo.
Hace treinta años Slim se sobrepuso a la muerte. En un hospital de Houston tres veces se les fue a los médicos y sobrevivió por un problema en el corazón. Años atrás en su juventud sufrió un aparatoso accidente en su motocicleta Harley- Davidson y sobrevivió.
Durante mucho tiempo compartí con el Ingeniero temas de salud hasta llegamos a intercambiar tips para combatir la diabetes. De tal suerte que lee compulsivamente todo cuanto cae en sus manos sobre esa enfermedad crónica.
Conocí a Slim cuando apenas cumplía sesenta años. Hoy justamente llega a los 81 años. Cuando lo conocí era un hombre fuerte y corpulento. Tenía unos meses de haber enviudado cuando lo comencé a tratar. Ahora lo veo cansado y hasta melancólico. Pero sigue siendo un hombre fuerte que ama la vida y que gasta cientos de millones de dólares en temas de salud, tanto en Estados Unidos como México y el resto de América Latina.
Harvard, el MIT y el Instituto Nacional de Nutrición que lleva el nombre del doctor "Salvador Zubirán", son un ejemplo de las instituciones que reciben aportaciones de Slim.
Ahora se atiende en nutrición, un hospital que para él tiene un enorme significado simbólico. Slim fue amigo personal del doctor Salvador Zubirán a quien apoyó incondicionalmente en sus investigaciones. La relación de Slim y Zubirán fue muy estrecha hasta la muerte de este en 1998. La madre de Slim, doña Linda Helú era oriunda de Chihuahua como el doctor Zubirán originario de un pueblo tarahumara (Cusihuiriachi).
Desde su infancia Slim fue amigo de Bill Richardson –el primer gobernador de origen hispano en Estados Unidos– cuya madre también era de origen chihuahuense, doña María Luisa López-Collada Márquez.
Cuando enviudó doña María Luisa, (de don William Blaine Richardson Jr., padre de Bill Richardson) contrajo nupcias con el doctor Salvador Zubirán. Slim incluso compró la casa de Cuernavaca donde María Luisa y Zubirán vivieron los últimos años de su vida.
De esto charlaba con el ingeniero Slim en muchos de nuestros encuentros hace ya algunos años.
En una de nuestras charlas largamente prolongadas después de una espléndida comida y ya en la sobremesa, Slim me contó su admiración por Zubirán y recordó cómo el doctor Zubirán se opuso firmemente ante el presidente Miguel Alemán cuando éste por sus pistolas decidió que la UNAM le entregara un Doctorado Honoris Causa al presidente Harry S. Truman. A cambio el doctor Zubirán fue víctima de una campaña de calumnias y vituperios ordenada desde lo más alto del poder.
Ahora Slim fue a un hospital de los pobres para atenderse, no tanto porque se sienta un apóstol, sino porque sentía la necesidad de mandar un mensaje al país y de manera marcada al presidente Obrador.
El presidente tenía la obligación de reivindicar a las instituciones de la salud pública, atenderse en uno de esos hospitales y desde ahí dirigir un mensaje a la nación.
A eso fue Slim al hospital de nutrición, no importa que el gobierno de Obrador le haya birlado miles de millones de pesos que el magnate donó para las vacunas.
Fue una señal desesperada de Slim para tratar de buscar un mensaje de reconciliación nacional.

miércoles, 27 de enero de 2021

Contracolumna VENCÍ AL COVID… JOSÉ MARTÍNEZ M.


VENCÍ AL COVID…

JOSÉ MARTÍNEZ M.


Es covid.
Cuando escuché el diagnóstico médico me estremecí. Pensé que en el peor de los casos pasaría a formar parte de las estadísticas como uno más de los miles y miles que cada día pierden la vida desde que comenzó la pandemia. Apenas había transcurrido la primera semana de enero y yo estaba infectado del virus. Así comenzaba el 2021. Tenía unos días de haberme dado un respiro después del peor año de mi existencia. La ilusión de que iban a mejorar las cosas se desvaneció. Mis esperanzas se esfumaron. De pronto estaba, ahí, en el infierno tan temido.
Ahora estaba yo ahí frente a mi realidad. Los hospitales de la Ciudad de México a tope y sin la menor esperanza siquiera de ocupar algún lugar en una clínica privada. Por mi condición económica provocada por la pandemia ni remotamente puedo ahora aspirar a un hospital privado. Es inaccesible. No dispongo de un seguro médico ni cuento –como millones de personas– de un carnet de acceso a ninguna institución pública de salud.
Cuando recurrí en su momento a una simple consulta en el Instituto Nacional de Nutrición ni siquiera se tomaron la molestia en atenderme para tomarme mis datos.
Ahora estaba enfermo y a la medianoche estaba yo ahí en mi cama con la saturación de oxígeno al límite con el temor de que no cayera en una oxigemia, pues una insuficiencia respiratoria podía complicar mi frágil estado de salud si en algún momento se llegaran a disparar mis niveles de glucosa. La temperatura por encima de los 39 grados al borde de los 40. Una tos seca no me dejó conciliar el sueño el día anterior. Ni siquiera me había percatado que mis sentidos del gusto y el olfato estaban ausentes. En la mañana de ese día había conducido 400 kilómetros de carretera de ida y vuelta. En el camino almorcé fuerte y todavía bebí un caballito de tequila como se hace cuando uno se quiere cortar una gripe. Entonces comenzaban los síntomas y yo ni siquiera lo sabía hasta que en la noche ¡Bingo! el Covid me tenía atrapado en sus garras.
Con más de seis décadas de existencia no estaba dispuesto a dar tregua a mi enemigo invisible, estaba decidido a dar, tal vez, la última batalla de mi existencia. Desde un año antes me había estado preparando a sabiendas de que algún día me tocaría por mucho que me estuviera cuidando y hasta escondiendo debajo de la cama.
Nadie es inmune por rico y poderoso que sea. Y menos yo, un veterano periodista que desde hace cinco lustros decidió trabajar por su cuenta ganándose la vida como un modesto escritor. Al igual que el presidente Obrador que se tomó siempre el Covid con frivolidad cayó en las garras del bicho y se atrincheró en su palacio. Lo mismo le ocurrió al magnate Carlos Slim quien tan pronto presentó los primeros síntomas se fue a atender de inmediato al hospital de nutrición, del que es uno de sus benefactores. Slim y sus temores de no querer ser el más rico del panteón.
Yo había sido advertido de que la única forma de enfrentar en su momento el bicho era reforzando mi sistema inmunológico. Para ello por lo menos me tomé una veintena de frascos de vitaminas desde que comenzó la pesadilla del Covid. Ahora había llegado la hora de hacer frente al maldito virus.
Mis hermanas Nora y Norma –quienes se encuentran en la primera línea de fuego en el combate al Covid– llegaron a mi casa a la medianoche. Yo estaba tirado en la cama con el cuerpo hecho trizas. Dolores musculares, temperatura y una tos espantosa me delataban.
Me tomaron los signos vitales: ritmo cardíaco, oxigenación, temperatura y presión arterial.
Tienes buena frecuencia respiratoria, me dijeron en un tono de alivio.
Entonces desplegaron de sus mochilas de excursionistas todos los implementos necesarios, además traían consigo un tanque de oxígeno y un aparato de ozono y una máquina portátil generadora de oxígeno. A partir de ese momento mi recámara quedó transformada en un cuarto de cuidados intensivos.
Con esos equipos y con los medicamentos necesarios Nora y Norma se han dado a la tarea de salvar muchas vidas, al menos las de cuatro centenares de pacientes de todas las edades y clases sociales que no encontraron, por diversos motivos, un lugar en un hospital para atenderse del Covid.
Nora y Norma han antepuesto su vida para salvar la vida de los demás llevando casi un año sin tregua en la primera línea de fuego del Covid.
Ahora estaba yo ahí ante ellas con mi vida como un cheque al portador.
Apenas un mes antes había dejado el estrés al que las deudas y mi precaria situación económica me habían llevado a consecuencia de los estragos financieros provocados por la pandemia. Cancelé proyectos, suspendí la escritura de un par de libros en los que venía trabajando, perdí mis ingresos como colaborador free lance y terminé vendiendo lo único de valor que tenía: mis libros. Pagué parte de mis deudas y pase las Navidades con el alma adormecida de tantas presiones, sin quejarme ni decir nada a nadie sobre mi debilitado estado de salud. Aposté la fortaleza sí se le puede llamar asíde mi sistema inmunológico al consumo desaforado de las vitaminas y a las bacanales que procuré muchas veces los fines de semana con alucinantes carnes asadas y tragos de güisqui, mezcal y tequila.
Estaba ahí ahora para pagar las facturas de tantas borracheras y el tren de grosería de los últimos años, de hacer un balance de mi vida, de llegar a pensar haber vivido sin fines, de haber estado comiendo y produciendo mierda durante los años y los años. Había llegado el momento de hacer, de modo inevitable, el recuento del trajín y la vaciedad de aquellos años todos. Ser autocrítico antes de pasar a formar parte de las estadísticas para bien o para mal.
Sabía yo que llevaba todas las perder. Con 63 años y una enfermedad crónica, la misma que mató a mi padre y a mi hermano Ismael, así que ahora estaba ahí desnudo y sin prejuicios ante el bicho más mortífero de los últimos tiempos.
La atención de mis hermanas fue más que oportuna. Comenzaron el tratamiento con anticoagulantes y una fuerte dosis de ozono vía intravenosa y rectal, aspirinas y otros medicamentos para combatir la infección. Al mismo tiempo sin ninguna concesión fui sometido a una rigurosa dieta a base de verduras y jugos verdes y nada más. Me daba igual, había perdido el apetito y ni siquiera percibía el más mínimo sabor y olor de las cosas.
Por dos semanas estuve anclado en mi cama con los síntomas y el fastidio por el encierro. Estaba secuestrado por una intermitente temperatura que combatía con compresas para tratar de estabilizarla. La fiebre era la respuesta de mi sistema inmune para defenderme del virus. Mis defensas estaban haciendo bien su trabajo, de algo servían los puños de vitaminas que día con día durante un año estuve consumiendo para prepararme para estos momentos. Las vitaminas D, C, Zinc, Omega 3, Glisina, Selenio y otras habían funcionado.
Salvo un día estuve conectado al oxígeno al 2 por ciento y dejé el aparato no tanto porque estuviera mejor sino porque una persona más enferma lo requería y mis hermanas decidieron que yo no lo requería pues mis niveles de saturación evolucionaban satisfactoriamente.
Después de dos intensas semanas y de haber cumplido su ciclo el bicho dentro mi cuerpo, mi hermana Nora me confió: “Te salvaste canijo”.
En la soledad de mi enfermedad le daba a mi alma descanso y paz con la música. El virus cansa y deja un vacío. El encierro permanente semiparaliza el cuerpo. Yo no estaba dispuesto a terminar como un tiliche, como un muñeco de trapo, sin equilibrio.
Tras superar la enfermedad, experimenté que mi voz había adquirido un tono sedante como cuando uno sube una montaña y termina agitado. Poco a poco me siento relajado y comienzo con mínimas dificultades a aporrear mi teclado.
Nora y Norma me dicen a manera de consuelo. “Vas a tomar unos días de descanso… viene tu recuperación”.
Ha pasado una semana desde entonces. Tenía unas ganas irrefrenables de escribir y contarles esta amarga experiencia.
Quizás resulte temerario decirlo, pero lo bellamente onírico sucedió: vencí al Covid.