jueves, 3 de diciembre de 2020

Contracolumna • EN DEFENSA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN • BASTA DEL ACOSO CONTRA RODOLFO RUIZ


JOSÉ MARTÍNEZ M.


Los periodistas y la opinión pública no debemos de permanecer indiferentes ante lo que está ocurriendo en Puebla contra la prensa frente a la abominable conducta del gobernador Barbosa.
El periodista Rodolfo Ruiz editor y director fundador del portal de noticias E–Consulta se encuentra como un náufrago en altamar frente al acecho de auténticos depredadores de la libertad de expresión.
Todos sabemos las patrañas del gobernador y cómo la mafia gobierna en Puebla desde su llegada al poder.
Para destruir el trabajo del periodista Rodolfo Ruiz, desde el gobierno de Barbosa se urdió el plan para atacarlo con demandas por “daño moral”. Hasta ahora Rodolfo Ruiz tiene acumuladas siete demandas, cuyo conjunto exige una reparación por 37 millones de pesos.
Rodolfo Ruiz es un periodista respetado que se ha ganado a pulso un prestigio dentro y fuera del periodismo. Es poseedor de una sólida formación académica y desde hace casi cuatro décadas ejerce el periodismo. En los últimos dieciocho años su blog La Corte de los Milagros ha reseñado la vida pública de Puebla. Ha colaborado con algunos de los diarios más importantes del país, entre ellos El Universal, La Jornada y Milenio.
La trayectoria del periodista Ruiz Rodríguez ha dejado una huella en el periodismo poblano al ejercer un periodismo crítico como un feroz guardián de la libertad de expresión.
Pero al gobernador Barbosa para lidiar con su impopularidad y su falta de legitimidad ha recurrido a los periodistas bufones que sexenio a sexenio juegan a ser los sicarios de los gobernantes en turno, como ocurre en muchos otros estados del país donde los auténticos periodistas son los más vulnerables por el asedio de los políticos y las mafias del crimen organizado.
Barbosa, en esa dualidad de político y mafioso utiliza el dinero público para garantizar “lealtades” y “neutralizar” enemigos.
Justamente Rodrigo Ruiz ha desempeñado la narrativa del periodismo para entender cómo actúan las mafias políticas de Puebla, no tanto porque incurra en asumir un papel con el sello de la antimafia.
Lo grave es que el gobierno de la república disponga en el papel de un rimbombante organismo con el título de “Mecanismo de protección para personas defensoras de los derechos humanos y periodistas”.
Ese mecanismo está en manos de un político que emergió de las filas del desaparecido Partido Comunista, Alejandro Encinas cuya probidad está más sucia que las anegadas aguas de los albañales. Como legislador, Encinas fue quien protegió al narcodiputado Julio César Godoy Toscano hermano de un jefe de la policía de la Ciudad de México.
Lo ridículo es que Encinas, quien fue compañero del gobernador Barbosa en el PRD, tiene ahora la misión de “proteger” a los periodistas. Hasta ahora han sido ejecutados una veintena de periodistas en lo que va del gobierno de Obrador y el flamante “protector” de los periodistas no se mueve de su zona de confort.
Ante la indiferencia y las amenazas constantes desde el púlpito de Palacio Nacional contra los periodistas, no queda más que apelar a la solidaridad del gremio en defensa de la libertad de expresión y de Rodolfo Ruiz quien es víctima de los abusos y excesos de un gobernante retrógrado como lo es Miguel Barbosa.
Hace poco Barbosa se exhibió en una entrevista con Mario Alberto Mejía, el principal de sus sicarios periodísticos. Este dúo llamó a su encuentro “la charla perversa”.
Cuando Barbosa emprendió su primera campaña para hacerse del gobierno poblano (en la que fue derrotado de manera humillante por la panista Martha Érika Alonso, fallecida junto con su esposo Rafael Moreno Valle en un accidente aéreo), el periodista (bueno eso es un decir) Mario Alberto Mejía llenó de “mierda” a Barbosa hasta llegar con acusaciones temerarias al señalar al propio Barbosa como el “asesino” de los Moreno Valle.
Repito, “la mierda se junta con la mierda” (Julio Scherer dixit). Ahora Barbosa y Mejía están a partir un piñón. Mejía le puso ventilador a la mierda a la campaña de Barbosa, ahora son cómplices y las acusaciones de ayer son pelillos a la mar.
Mientras el gobierno de Barbosa libra una guerra sucia contra el periodista Rodolfo Ruiz, con dinero del erario público se apoya a los “medios leales” al huésped de la Casa Aguayo.
Mejía es el vocero de las marranadas del gobernador, a cambio el periódico ContraRéplica –del que Mejía funge como director– recibe carretadas de dinero.
Los “dueños” de ContraRéplica son Antonio Grajales Salas y Antonio Grajales Farías, los concesionarios de Radio Oro.
La Crónica Puebla es otro de los medios al servicio del gobierno de Barbosa. El dueño de este periódico es Javier Pacheco Pensado, hijo del exgobernador interino Guillermo Pacheco Pulido.
Javier Pacheco es el dueño de la casa donde vive Barbosa y fue quien se encargó de financiar su campaña con dinero de las mafias políticas en el estado.
Edgar Nava es otro empresario coludido con el gobernador Barbosa. Nava es el dueño del periódico 24 Horas Puebla que originalmente fue propiedad de Eukid Castañón.
Como se sabe, Edgar Nava es uno de los beneficiarios de la obra pública en el gobierno de Barbosa. Nava, por ejemplo, a través de su agencia de autos vendió mil patrullas al gobierno del estado.
El periodista Rodrigo Ruiz destapó esa cloaca.
Edgar Nava es un empresario amafiado con el poder. Durante los gobiernos de Melquiades Morales y Mario Marín fue ampliamente favorecido. Ambos gobernantes a cambio recibieron millonarias tajadas, como ahora lo hace con los “moches” en complicidad con Barbosa.
El trabajo periodístico de Rodolfo Ruiz está fuera de toda duda. Un rastreo a sus publicaciones lo demuestra. Cosa que no ocurre con los sicarios periodísticos del gobernador. Por ejemplo, un seguimiento al contenido de la publicaciones de Mejía, lo delatan como un calumnista y difamador. En sus publicaciones la seriedad es banal, razonar está descartado. Por tanto, su trabajo consiste en insultar y calumniar.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Contracolumna · GOBIERNO DE LIMOSNAS · TERCER AÑO DE PESADILLA


JOSÉ MARTÍNEZ M.


En términos estrictos hoy arranca el tercer año de la cuarta trasformación. Ni los más optimistas promotores de ese proyecto político tienen argumentos para hacer un balance propositivo del proyecto obradorista.
En estos dos primeros años de su mandato, el país no ha cambiado, pero el que sí ha cambiado es Obrador.
Los días pasan y su proyecto de “transformar” al país es una simple quimera. La anhelada cuarta transformación es una ilusión producto de su imaginación.
En todo caso se trata de un menjurje de ideas políticas y económicas pero aderezadas con propósitos moralistas y sin el menor ápice de ética.
En su trasnochado discurso, en la confusión ideológica Obrador ve al país como Sodoma y Gomorra y él se asume como un personaje bíblico cuya misión es redimir a un pueblo esclavizado por el legado de la corrupción de un añejo régimen que todo lo pervirtió.
Pero resulta que Obrador es un falso apóstol. Un “charlatán”, como bien lo describió en una sola palabra Octavio Rodríguez Araujo, un reputado estudioso del pensamiento marxista que terminó desencantado de esa cosa que muchos llaman “izquierda” mexicana.
La Cuatro Te es un champurrado oscuro y espeso. A los pobres, Obrador les ha dado atole con el dedo y a los ricos también, solo que acompañado con tamales de chipilín.
El tabasqueño está acostumbrado a comprar voluntades a cambio de unos cuantos pesos. Durante años ha lucrado políticamente con la necesidad de la gente. A sus fieles devotos no les da empleo, pero ofrece dádivas, lo mismo a jóvenes que a los ancianos. Es, por decirlo de una manera vulgar, como darle maíz a los puercos.
Esa masa a la que un magnate de la televisión un día calificó como los “jodidos”, es el alma y el espíritu que le da aliento a la cuarta transformación.
Los pobres son la “base social” de su proyecto, y sobre los cimientos de esa masa descansa todo el peso de un gobierno identificado con otros intereses que no son los de los pobres, pero que Obrador con su machacante discurso todos los días trata de legitimarse.
Alguna ocasión lo dijo abiertamente en un discurso angelical la lideresa de Morena, Yeicol Polevnsky cuando con cinismo y sin escrúpulos nos hizo saber en qué consiste la visión de Morena, el partido de los pobres que ve a la masa de los jodidos como una mera clientela política. Los pobres, subrayó, son unos malagradecidos sin conciencia. Un lumpen.
“Cuando sacas a la gente de la pobreza y llegan a la clase media, se les olvida de dónde vienen”.
El mismo Obrador quien se asume como el redentor de los pobres prefirió sacrificarlos cuando ordenó inundar las partes bajas de Tabasco en el momento en que una presa amenazaba con desbordarse en medio de las lluvias que habían inundado al estado.
Su eslogan de campaña de “Por el bien de todos, primero los pobres”, fue solo una linda frase de campaña, más hueca que la jícara de un bule.
Los dos primeros años de gobierno tienen a los pobres más jodidos que nunca.
Como a los cazadores de safaris les fascina presumir a sus presas, en las campañas políticas a Obrador le gusta posar con los pobres.
La mayoría de las víctimas de la pandemia y de la violencia que azota al país son los más pobres. Sin medicinas, sin empleos y sin futuro, millones de mexicanos viven en el letargo, en una especie de adormecimiento colectivo que produce una somnolencia profunda y prolongada.
Con Obrador la pobreza se ha convertido en una enfermedad patológica.
Llegó al poder con el respaldo electoral como ningún otro de sus antecesores, con el control mayoritario del Congreso, con el apoyo del sector empresarial –a cuyos representantes maldecía– pero su ineptitud, su arrogancia y su ignorancia lo han sumido en una sombra, en un hombre solitario lleno de complejos y limitaciones, atrapado por una corte de aduladores que se han visto beneficiados por el tufo de la corrupción emanada de las cañerías de la cuarta transformación.
El símbolo de la cuarta transformación terminó corrompido por la corrupción. La corrupción hizo nido en el instituto para devolver al pueblo lo robado. Y como ayer con René Bejarano, ahora su secretario particular Alejandro Esquer resultó envuelto en líos de corrupción.
Acostumbrado a ese tufo que corroe a la política, sin distinción de partidos, Obrador simple voltea para otra parte como lo hizo con Bartlett y todo el sequito que lo rodea, incluido el general Cienfuegos o Lozoya.
Julio Scherer lo decía sin tapujos: “la mierda, se junta con la mierda”. Y en esos charcos se comienza a mover Rosario Robles para tratar de obtener su libertad. Ella, la poderosa funcionaria que tenía bajo su responsabilidad el programa de la “cruzada nacional contra el hambre”, mientras el gobierno de Peña Nieto todo era una desenfrenada bacanal.
Gatopardismo puro, los años van y los días vienen y Obrador seguirá hablando en nombre del “pueblo” porque sabe que los pobres son políticamente como el oro molido, y eso le reditúa ganancias políticas.
Dos años después el país está más dividido y atomizado.
Ojalá los pobres sepan algún día en qué consistía la bandera de la cuarta transformación.
Por ahora me quedo con un recuerdo en mi incipiente inicio como periodista, de un hombre maravilloso que se llamó Rodolfo Enrique Cabral, mejor conocido como Facundo Cabral quien contaba la siguiente anécdota: a los nueve años de edad y de vivir en medio de la pobreza más absoluta y tras una largo peregrinaje desde la Tierra del Fuego hasta la ciudad de La Plata en la provincia de Buenos Aires llegó con la idea de ver al presidente Juan Domingo Perón y a su esposa Evita, famosos entonces por su discurso en favor de los pobres, para pedirle un trabajo.
Evita se sorprendió por las palabras de aquel niño descalzo y desarrapado que no pedía limosna, sino un empleo.
Acá, Obrador y su cuarta transformación es la otra cara de la historia.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Contracolumna: MARADONA - JOSÉ MARTÍNEZ M.

 


 JOSÉ MARTÍNEZ M.

En la zona del Tigre, al norte de la ciudad de Buenos Aires, en la negrura salpicada de estrellas, se fue a la cama a descansar, la vigilia era un inevitable presagio. Durante horas lo acosó el sueño que lo había maltratado toda la noche, en el naufragio de pensamientos logró dormir, pero ya no despertó.
Murió inexplicablemente devorado por el hastío. Su existencia diaria estaba fatalmente condenada a la monotonía. El trajín y la vaciedad de todos aquellos años lo anclaron en la frivolidad hasta el final de su vida. Sin tregua renovada pasaba los años, los meses, las semanas y los días en una especie de adormecida conciencia, de un pesado estupor, de haber vivido sin fines, de haber estado comiendo y produciendo mierda durante los años y los años.
Su cuerpo estaba dotado de apetitos urgentes, de una insaciable multiplicidad por esa droga que un famoso escritor argentino llamó “exitocina”. Quienes tienen esa adicción no saben qué hacer con ella.
Una tarde cualquiera, el que fue el hombre más rico del mundo me dio una cátedra de lo que, según él, es el éxito. La “exitocina”, me dijo, no solo es el dinero, es hacer lo que más amas en la vida y te lleva al triunfo.
Ahora que falleció el famoso personaje en medio del estupor en todos los rincones del mundo, él fue un zafio como muchos hombres y mujeres meramente intuitivos y sólidamente ignorantes. Personajes que alcanzaron la gloria y se hicieron millonarios, unos simples tunantes con historias semejantes. Siempre insatisfechos, convertidos en objetos, en ídolos, vanidosos a raudales, que consciente o de manera inconsciente se encargaron de derrumbar sus mitos.
Dinero, alcohol, drogas y sexo. Fama y poder, hay muchos que no saben qué hacer con ello. Muchos de estos personajes llegan a la fama de una manera deslumbrante, provenientes de un barrio de alguna ciudad pequeña, despuntan desde los primeros años de su existencia, sustraídos de la casa paterna salen derecho a las fauces de los lobos.
Poseídos como objetos, las estrellas del espectáculo (de los deportes o la farándula) son especímenes que sufren una deshumanización que los amarga y pudre aprisa. Son pocos en realidad los que se apartan de ese itinerario.
Maradona fue etiquetado como “el mejor futbolista del mundo”. Despertó encanto y exaltación entre quienes lo vieron jugar con la magia que hacían sus poderosas piernas. Muchos dueños de equipos en el mundo querían adueñarse de él, en medio del gozo, la codicia y el dolor de sus triunfos y derrotas.
Tras su fama en las canchas llegó el momento del retiro en la plenitud de su vida –aunque para el futbol ya era un viejo– tenía entonces 37 años pero su cuerpo escocido y aterido de tantos golpes lo llevó a una nueva vida que con años acabó en una desdeñosa lástima. Su poderosa figura física se acabó y comenzó abiertamente a llevar una existencia de una frivolidad asfixiante sin mínimos espacios a la inteligencia.
Los políticos en turno, de aquí y allá, comenzaron a servirse de él. Lo mismo en Libia que en Dubái, en Cuba que en Venezuela, en Argentina que en México.
En el fútbol la inteligencia es un artículo de escaso consumo o de ningún consumo. Pero en ese mundo sobra la adulación a raudales. Las estrellas de ese deporte, como en muchos otros, son manejados, manoseados y poseídos como objetos. Y Maradona no sabía que en lo oscuro del olmo podrido las arañas van tejiendo sus telas grises. Restaurantes de lujo, antros y fiestas continúas con borracheras los 365 días del año con amigos y desconocidos de a poco se iba urdiendo la vía dolorosa de su triste final.
El encierro permanente por la pandemia lo deprimió y la abstinencia lo acabó. El sobrepeso de su cuerpo lo tenía semiparalizado ni siquiera tenía un perro para conversar con él. Sus conversaciones sin fin eran con las paredes de su cuarto ni siquiera con los criados que lo atendieron sus últimos días.
Desde mucho antes de los 60 años de edad, era ya un tiliche, cuando llegaba a salir a la calle no aguardaba el equilibrio. Alguna vez en el palco de un estadio mientras veía la derrota de su selección se le vio auxiliado por un equipo médico, cuando algunos llegaron a temer lo peor. En los últimos meses cuando se caía y no había nadie a su alrededor, se quedaba en el suelo hasta que alguien lo ayudaba a levantarse.
La compulsión irrefrenable de entregarse a una vida mundana lo derrotó. En la plenitud de su vida se le veía con envidia por las mujeres de las que se hacía acompañar, hembras poderosas como máquinas ninfales, estrellas de cine de argumentos idiotas que ellas filmaban sin protestar. Ese era su alimento de mucho tiempo, botellas de champaña, de güisqui en güisqui, de antro en antro, de pleito en pleito, fue el divertido escándalo lo mismo en París que en cualquier parte del mundo. El mismo tren de grosería y disipación, de amontonamiento de aventuras.
Su muerte no fue una sorpresa. Amaneció adormecido como su conciencia. Millones de todo el mundo le lloraron, para algunos hacía tiempo que se acabó el negocio del futbol que les dejó fabulosas ganancias.
Así es de cruel y estúpido el mundo, el negocio del futbol, del “deporte” que va dirigido a las masas, que masifica y embrutece a los que ponen en él su destino.
El héroe de las canchas murió en la soledad de sus enfermedades. Deprimido en la penumbra de su existencia, repetía una y otra vez alguno de los programas del Chavo del Ocho, por quien sentía una devoción, eso le alimentaba el alma y le brindaba descanso y paz.



sábado, 7 de noviembre de 2020

Contracolumna • QUÉ GANAMOS, QUÉ PERDEMOS • OBRADOR Y EL ESPEJO DE LA HISTORIA


JOSÉ MARTÍNEZ M.

No solo los estadounidenses, sino en todo el mundo, la gente festejó más la derrota de Donald Trump que el triunfo de Joe Biden. Un asunto de percepción. Trump, el malo y Biden, el bueno. Vaya.
Con Biden no nos puede ir mejor que con Trump.
Lo dijo John Foster Dulles, el secretario de Estado en el gobierno del presidente Dwight D. Eisenhower, durante la Guerra Fría: “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”.
Más claro ni el agua de horchata.
Solo en la mente del presidente Obrador, la imagen de Trump pudo ser vista como un “amigo” de México. El discurso de la sumisión así lo dejó ver cuando Obrador visitó a Trump en Washington, palabras que quedarán como una mancha en las relaciones históricas entre ambos países.
Obrador quien se jacta de ser un intérprete de la historia, ignora el peso que tienen los hechos históricos de las humillaciones de Estados Unidos a México.
Ahí está, por ejemplo, el momento significativo durante el gobierno del presidente James K. Polk quien ordenó la invasión a México en 1847, cuando soldados al mando del general Winfield Scott, colocaron la bandera de Estados Unidos en Palacio Nacional.
Al amanecer del 14 de septiembre de ese año, el teniente M Lovell recibió la orden del general Winfield Scott de colocar la bandera estadounidense y el capitán Roberts fue el encargado de hacerla ondear en las narices de los mexicanos en los tiempos de Antonio López de Santa Anna.
En ninguno de sus más delirantes discursos Obrador se ha puesto a reflexionar sobre los agravios de Estados Unidos a nuestro país. Frente a los improperios y la denostación constante de Trump contra los mexicanos Obrador se quedó callado. Ahora desempolva un viejo discurso de halagos a Joe Biden, como si el político del Partido Demócrata fuera la reencarnación del bien.
Seamos cínicos y no tengamos escrúpulos para elogiar a Biden. Gritemos como los súbditos de los imperios “¡El rey ha muerto, viva el rey!”
Con Estados Unidos hemos mantenido una relación más o menos estable en los últimos 100 años.
Con Trump la relación se trastocó con la necedad de reforzar y construir el muro fronterizo. Un chasquido de dedos de Trump puso a temblar al gobierno de Obrador cuando amenazó a México de castigarlo con mayores aranceles sino contenía la avalancha de inmigrantes centroamericanos. Desde entonces se selló la frontera sur de nuestro país. A cambio se acordó dotar de un miserable presupuesto a los países de la región bajo el supuesto de una ayuda para “financiar su desarrollo”.
El encono contra Trump se alimentó entre los inmigrantes de esos países y de buena parte de los mexicanos asentados en territorio estadounidense, lo mismo que se incubó un malestar social contra Obrador por su política entreguista con el gobierno de Trump.
Obrador que presume las remesas como una conquista económica de su gobierno y no como un sacrificio de los millones de mexicanos que sufren discriminación y constantes agravios a sus derechos laborales y humanos y los cuales son la reencarnación del gran fracaso de México como país.
Con Biden y los demócratas nos espera más de lo mismo.
A Obrador se le acabó la “luna de miel” con Trump. El plutócrata que se burlaba del tabasqueño al que llama “Juan Trump”.
Nada debemos esperar del próximo gobierno de los demócratas. Tal vez se puedan hacer algunos pequeños ajustes al Tratado comercial pero no una gran cosa. Biden empeñó su palabra con regularizar a millones de inmigrantes, lo mismo prometió Obama y resultó peor que Trump, quien al menos no se anduvo por las ramas y sabíamos a qué atenernos.
Trump, el fiel partidario de la Doctrina Monroe de “América para los americanos”, el líder populista en cuyo espejo se debe ver Obrador.
Es tiempo de consolidar las relaciones bilaterales y superar los viejos traumas de la historia.
Lo malo es que Obrador frente a Estados Unidos no tiene memoria. Lo peor fue que con Trump, Obrador antepuso sus intereses políticos personales a los intereses del país.
Históricamente Estados Unidos nos ha tratado con la punta del pie.
Vayamos a la narrativa de nuestras relaciones.
Con Trump no termina una Era, continúa por otros medios.
Apenas hace 100 años sufrimos la última invasión norteamericana a nuestro territorio. Tuvo lugar en marzo de 1916 con la llamada Expedición Punitiva que se mantuvo durante un año cuando el general John Pershing jefaturó al ejército yanqui en busca de Francisco Villa tras el ataque al poblado de Columbus, Nuevo México.
La lección que debe aprender el presidente Obrador es muy sencilla.
Los mexicanos cada vez que nos dividimos hemos sufrido invasiones y despojos de nuestro territorio. Pero Obrador, ignorante de nuestra historia, no se ha cansado de dividir a los mexicanos.
La discordia patológica de Obrador genera inestabilidad política y amenaza a nuestra soberanía. Su permanente discurso belicoso nos conduce al pasado. A los tiempos de los liberales y conservadores (1821-1876) cuando el país padeció sangrientas luchas fratricidas. Como consecuencia el país sufrió invasiones y el país fue mutilado cuatro veces.
Al momento de nuestra Independencia el territorio del país se extendía hasta Centroamérica. La región permaneció unida solo un decenio hasta que en 1824 se balcanizó en cinco países: Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.
En 1836 sufrimos la separación de Texas.
En 1848, después de dos años de batallas, Estados Unidos nos arrebató California, Nevada, Utah, Colorado, Arizona, Nuevo México y una parte de Oklahoma.
La última mutilación de nuestro territorio se dio en 1853 con la venta de La Mesilla a Estados Unidos. Ese territorio comprendía una parte de Chihuahua y Sonora y abarcaba poco más de 100 mil kilómetros cuadrados, equivalente a la extensión sumada de los estados de Veracruz, Tabasco y Morelos.
Lo peor que nos puede suceder ahora con Obrador y su discurso belicoso de dividir al país, es que los gobiernos de la Alianza Federalista –que demandan un nuevo trato fiscal– terminen por declarar su separación del país.
Obrador se debe ver en el espejo de la historia pero actúa a contracorriente.
Lo más seguro es que termine denostado y humillado como Trump, que al igual que el tabasqueño llegó al poder ofreciendo falsas expectativas con su discurso ramplón de “Que América vuelva a ser grande”.
Lo mismo prometió Obrador, de convertir a México en una potencia mundial, pero el país cada día es más pobre y dividido.
Hoy la derrota de Trump es la derrota de Obrador.
En ese espejo se debe ver el tabasqueño.
Para un político no hay nada más amargo que la derrota. En cambio, el triunfo alimenta el ego. Para los políticos el poder es una sustancia misteriosa que los transforma. Cuando sienten que alguien les regatea ese poder se vuelven paranoicos e impredecibles. Cuando un político es investido de poder su primer reclamo es el reconocimiento.
Una amarga experiencia para Trump y una advertencia para Obrador.
Sabias las palabras de John F. Kennedy quien acuño la célebre frase: “La victoria tiene mil padres. La derrota es huérfana”. Cierto.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Contracolumna • LA CANDIDATA DE LA CORRUPCIÓN • LORENA CUÉLLAR - MORENA - TLAXCALA



JOSÉ MARTÍNEZ M.
Lorena Cuéllar Cisneros ha sabido seguir los consejos del expresidente López Mateos quien solía decir: “Quien no tenga un amigo libanes, que lo busque”.
En efecto, Lorena Cuéllar es una de las aspirantes al gobierno de Tlaxcala como candidata de Morena y desde algunos años ha mantenido una relación “especial” –por decirlo de una manera amable– con la familia de los Gali. Sí, nos referimos a la dinastía poblana de los Gali, de la que José Antonio Gali Fayad fue gobernador por un breve periodo, menos de dos años, pero suficientes para consolidar su fortuna.
Por las manos de Lorena Cuéllar –como súper delegada del gobierno federal en Tlaxcala– pasaron miles de millones de pesos. Ella se jacta de haber “administrado” cerca de 9 mil millones de pesos para “beneficio” decenas de miles de familias.
Sin transparencia –al estilo del gobierno de Obrador– ese dinero lo utilizó para su promoción política, y de paso desviar cuentas millonarias en obras sin terminar y a costos elevados. Desde luego, con ese dinero hizo su “cochinito” para promocionarse y utilizarlo en su campaña, si es que resulta la agraciada.
La fortuna desmedida de Lorena Cuéllar tiene mucho que ver con algunos negocios manejados por el clan de los Gali, una familia de origen libanés que es conocida en Puebla por su empresa Grupo Ambar que maneja una red de antros, bares y restaurantes de lujo en San Andrés Cholula y la capital poblana.
Lorena Cuéllar, lo hemos señalado en este mismo espacio de la Contracolumna, tiene una forma muy particular de ver la política. Para ella los cargos de representación popular son negocios.
“Un político pobre es un pobre político”, solía decir el profesor Carlos Hank González y Lorena Cuéllar así lo entiende. Su ambición la ha llevado a saltar de partido en partido siempre en busca de su “superación personal”.
Y la mejor manera que encontró para sacar provecho a los negocios de la política, fue aliarse con los Gali. Si ella resulta la candidata de Morena no habrá que preocuparse por dinero, así que si Dulce Silva –la esposa de César Yáñez, el ex vocero de Obrador por muchos años y ahora colaborador cercano del tabasqueño– dice contar con 70 millones de pesos para su pretendida campaña, Lorena Cuéllar dispone de mucho más.
Frente a Dulce Silva, sin duda alguna Lorena tiene un palmarés político envidiable. A su lado, Dulce es una bisoña, en cambio Lorena es un costal de mañas y sabe endulzar el oído de Obrador. Lo malo para Lorena es que los partidarios de Obrador no confían en ella por sus malos manejos.
La mayor parte de su trayectoria política la hizo en el PRI, desde abajo como una modesta burócrata hasta llegar a un drama familiar en 2012 cuando tuvo que competir con su tío el exgobernador Joaquín Cisneros Fernández por un escaño en el Senado. Entonces rompió con el PRI, el partido de sus amores, y se pasó de la noche a la mañana al Movimiento Progresista acaudillado por Obrador.
Lorena es pragmática y si mañana no resulta la candidata a la gubernatura por Morena es capaz de aliarse con el diablo, no le importa que tenga que pasar sobre los cadáveres de Dulce Silva y otros aguerridos morenistas que tienen las mismas ambiciones de poder, al costo que sea.
Esa es la identificación que Lorena Cuéllar tiene con los Gali. Asumir la política como negocio.
Cuando José Antonio Gali Fayad fue alcalde de la capital poblana y luego gobernador de esa entidad lo hizo bajo los colores del PAN, ahora pretende que su hijo José Antonio Gali López se forme bajo la sombra de la “izquierda” para ocupar en el “futuro” la gubernatura de Puebla.
Si los adversarios de Lorena Cuéllar soltaron el “borrego” de que estaba bajo la lupa de la Unidad de Investigaciones Financieras, no estaría mal que la señora Cuéllar se le investigara sobre los malos manejos de los dineros para los programas en el estado por la Secretaría de Bienestar.
Según Lorena Cuéllar con los casi 9 mil millones de pesos que administró como delegada de Bienestar se “beneficiaron” 324 mil personas, entre estudiantes, personas de la tercera edad y gente con discapacidad. Pero las cuentas no han sido claras. El manejo de esos recursos se hizo de manera discrecional.
Es así que en su ambición por el poder, Cuéllar dejó la delegación federal en manos de un subordinado que responde a nombre de Carlos Luna Vázquez, a quien utiliza como su tapadera.
Por otro lado, son múltiples las denuncias sobre el enriquecimiento desmedido de su yerno, Fernando Lucio Celis quien en más de tres años tuvo a cargo la mayor parte de la obra pública en el municipio de Amaxac, con recursos gestionados por Lorena Cuéllar.
Todo mundo sabe en Tlaxcala que a Lucio Celis le gusta fanfarronear la vida de lujos que lleva sin el menor rubor, asumiéndose intocable.
Pero a Lorena Cuéllar le da urticaria cuando la prensa la llama a rendir cuentas por sus escándalos políticos y la rocambolesca vida de ella y de su yerno.

jueves, 5 de noviembre de 2020

EE. UU. 2020 (8). 49% de voto 2020 fue para Trump, no para partido Republicano

 


Carlos Ramírez

 

Pase lo que pase si hay o no recuento, el segundo saldo importante de las elecciones presidenciales revela el colapso del Partido Republicano: por traiciones, alianzas con demócratas y agotamiento de grupos oligárquicos, el Partido Republicano perdió bastiones electorales estatales, diluyó su conservadurismo acomodaticio y dejó al garete a importantes grupos sociales. El 49% del voto presidencial fue para Trump y no para el partido.

El problema de Trump radicó en no haber pactado con el establishment del Partido Republicano, pero debido a que los grupos dominantes de esa formación exigían en la práctica la entrega del poder a las élites oligarcas. Sin embargo, por ese desacuerdo, el PR perdió la presidencia para Trump por cuatro años, pero en realidad permitió que estados conservadores clave se pasaran al Partido Demócrata con el indicio de que tal vez nunca regresarán.

Lo peor de todo fueron las traiciones. Los Bush en Texas y Florida, por ejemplo, operaron a favor de Joe Biden y los demócratas, pero al final Trump se quedó con la mayoría y dejó a esa familia sin bastiones y, lo peor, sin credibilidad política porque fueron asociados a los intereses de Barack Obama como el operador demócrata de las traiciones republicanas.

En suma, el Partido Republicano perdió la presidencia, dejó al partido sin grupos de poder, se irá desfondando porque los grupos conservadores radicales trumpistas ya no votarán por sus candidatos y disminuyó representatividad social, al tiempo que los liderazgos tradicionalistas republicanos también se quedaron desideologizados porque el conservadurismo fue copado y cooptado por los demócratas. Los grupos conservadores tradicionales encontraron espacio en el corrimiento a la derecha del Partido Demócrata.

El Partido Republicano cometió el error estratégico de no negociar con Trump y preferir alianzas con los demócratas Clinton, Obama y Biden. En el 2016 Trump había quitado a los demócratas el dominio e Iowa, Wisconsin, Michigan, Ohio, Pensilvania y Florida y en el 2020 Trump por esfuerzo propio mantuvo Florida. Hay la percepción equivocada de que Arizona es conservador, pero en las últimas cinco elecciones presidenciales ha votado demócrata, aunque ahora Trump hizo subir la votación casi a empate.

Sin liderazgos políticos, hundido en alianzas oscuras con los demócratas, con una mayoría en el Senado por Trump y ahora sin rumbo y sin una propuesta de ideología conservadora moderna, el Partido Republicano fue el gran derrotado en las elecciones. Y falta por ver qué va a hacer Trump si el proceso legal le asigna la victoria a Biden, porque se posicionó --a pesar de una campaña en contra en el establishment demócrata-republicano de los principales medios de comunicación-- como un líder conservador duro, visibilizó a la ultraderecha violenta y agitó a la participación directa de ciudadanos que antes habían repudiado el modelo de representación intermediadora de lideres políticos que en realidad servían a los grupos conservadores con alto poder adquisitivo.

Luego de acomodarse en el conservadurismo ideológico light interno, los republicanos se convirtieron en el complemento radical del conservadurismo bélico en la política exterior en su vertiente militarista de los demócratas ahora en la fase antiterrorista. Pero para mantener su base militante interna animada, los republicanos necesitarán de propuestas políticas coherentes y de respuesta a las demandas de la derecha sobre todo radical. El discurso antinmigrante de Trump reconstruyó la ideología racista estadunidense que forma parte de la identidad excluyente ideológica de los EE. UU., como lo ha evidenciado la crisis de brutalidad policiaca de policías de estados y condados demócratas contra minorías afroamericanas e hispanas, una especie de guerras civiles moleculares en el modelo de Enzensberger.

Si Trump decide seguir en política y construir un nuevo partido o de plano arrebatarles el partido a los republicanos, a los EE. UU. le esperan luchas ideológicas internas que habrían desatado la alianza Clinton-Bush-Obama y la complicidad de las élites republicanas contra Trump

 

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Política para dummies: La política es el movimiento perpetuo de las contradicciones sociales.

 

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Contracolumna • ESPIONAJE POLÍTICO PARA INTIMIDAR • EL TENEBROSO RACIEL LÓPEZ SALAZAR

 


JOSÉ MARTÍNEZ M.

Nadie duda del fracaso en los temas de seguridad nacional en el gobierno de Obrador. Mientras los cárteles de la droga y las mafias del crimen organizado viven en el paraíso de la impunidad, el gobierno recurre a la añeja práctica del espionaje como un recurso para intimidar a sus adversarios políticos. Algunos gobiernos emanados de Morena lo han puesto en práctica. El caso de Puebla es un ejemplo revelador del uso político del espionaje, lo cual contrasta con el escándalo que desató la jefa de gobierno de la ciudad de México, Claudia Sheinbaum cuando descubrieron la existencia de una madriguera desde la cual operaban los servicios de espionaje de su antecesor Miguel Ángel Mancera.
Como ocurre en otros gobiernos estatales, en Puebla el espionaje político es un “pilar” en el que se apoyan las tareas de “seguridad pública” ordenadas por el gobernador. El objetivo de Barbosa es intimidad y provocar a sus adversarios, incluso de su mismo partido que han demandado su destitución y un juicio político.
En los últimos meses el espionaje ha estado orientado a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, empresarios, periodistas y los partidos políticos que se preparan para las campañas del próximo año. Algunas de las intercepciones son filtradas a algunos medios que las reproducen y las difunden en las redes sociales.
Al inicio del mandato de Miguel Barbosa, el vice almirante Miguel Idelfonso Amezaga Ramírez ocupaba la titularidad de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado pero a principios de marzo del presente año fue sustituido por el abogado Raciel López Salazar, un personaje tenebroso que carga con una polémica y sucia trayectoria.
En febrero pasado cuando recién iniciaba la pandemia del coronavirus, en la Casa Puebla hubo una reunión un tanto informal, ahí el “extraño” visitante era ni más ni menos que el ex gobernador de Chiapas Juan Sabines Guerrero, habló con Barbosa sobre “los nuevos tiempos políticos”. Le dijo:
– Es muy importante tener controlados a tus enemigos. Para ello, agregó Sabines, necesitas tener la mejor tecnología y un equipo con experiencia.
–La gente que te recomiendo, dijo Sabines, ha sido entrenada por el Mossad, la CIA, el MI6… han sido formados por los mejores…
–Me encanta la idea, respondió Barbosa, quien estuvo de acuerdo. “Adelante, adelante”, le dijo.
Sabines recomendaba a uno de sus viejos colaboradores que en Chiapas había fungido como procurador y que pasó a despachar como delegado de la Fiscalía General de la República en el Estado de México, donde ya empezaba a tener problemas, Raciel López Salazar quien no encajaba en el equipo del fiscal general Alejandro Gertz Manero. Tarde que temprano López Salazar sabía que con Gertz podía terminar mal por sus nefastos antecedentes y sus relaciones peligrosas con las mafias del crimen organizado.
Así que ha Barbosa la recomendación de Raciel López, “le cayó como anillo al dedo”, como diría el clásico.
Pero Raciel no llegó solo a Puebla. Antes de él, llegó otro tenebroso personaje que había trabajado con el gobernador Sabines en Chiapas. Moisés Grajales Monterrosa, quien antes de Raciel había sido nombrado secretario Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública.
Moisés pronto se vio envuelto en escándalos de corrupción donde se había amafiado con los presos que controlan las prisiones en el estado. Entonces habían circulado videos e información sobre supuestos actos de tortura y corrupción en el penal de San Miguel.
Antes de llegar a Puebla, Moisés Grajales había estado al frente del Consejo Estatal de Seguridad Pública de Chiapas en el gobierno de Juan Sabines sin haber aprobado nunca los exámenes de control de confianza, pero aun así el sucesor de Sabines, Manuel Velasco –el amigo del presidente Obrador y de su hermano Pío– designó a Grajales como director del Centro Estatal de Control de Confianza para que él mismo se autoevaluara.
En Chiapas Moisés Grajales no pudo acreditar su riqueza mal habida; en el 2002 se le abrió un acta y la averiguación previa 91FESP2/2012 por homicidio, y el expediente 3887FESP6/2012 por violencia familiar y violencia de género, además de otras averiguaciones por diversos delitos.
Al final el gobernador Barbosa lo sustituyó por Raciel López, otro pájaro de cuenta como Grajales.
Como procurador de Chiapas Raciel López protagonizó numerosos escándalos. Veamos algunos ejemplos:
Sin contar con evidencias ni una investigación metió a la cárcel durante 18 meses al líder transportista Walter León Montoya por el delito de homicidio en agravio del dirigente minero Mariano Abarca Roblero en el municipio de Chicomuselo, Chiapas. El verdadero “delito” de Walter León Montoya fue por iniciarle juicio político a Juan Sabines, por la corrupción desmedida en su gobierno.
El 10 de abril de 2019, Walter León envió una carta al gobernador Rutilio Escandón Cadenas. En ella no pedía más que lo justo: “Instruir al Fiscal General del Estado para continuar con la investigación del homicidio perpetrado en contra del señor Mariano Abarca Roblero. Disculpa pública por haber quedado sujeto a un proceso penal sin haber tenido ninguna responsabilidad en el delito imputado. Atención médica y psicológica por la tortura sufrida durante el tiempo que estuvo privado de mi libertad. Investigar todas las irregularidades cometidas durante el proceso penal a que fue sometido”.
Otra víctima de los abusos de poder de Raciel López y el gobernador Sabines fue el abogado Horacio Culebro Borrayas, acusado también del homicidio de Mariano Abarca. Recluido durante 13 meses tampoco se le pudo comprobar participación alguna. Liberado por falta de pruebas alcanzó su libertad. Sólo que al momento de salir de prisión, en ese mismo instante fue detenido y, de nuevo, recluido por el delito de ecocidio, también inventado.
En Puebla, Raciel López ha sido dotado de un inconmensurable poder por el gobernador Barbosa.
Bajo el argumento de los altos índices de violencia en el estado y la presencia de los cárteles de la droga, Barbosa ordenó un aumento de 64 por ciento en el presupuesto para la Secretaría de Seguridad Pública, cuya dependencia dispone de recursos por 4 mil 253 millones de pesos para el año en curso.
Raciel, fiel a su costumbre, ahora goza de dinero, poder e impunidad. Es una mala copia del inefable Genero García Luna. Y no cabe duda de que sigue los mismos pasos del colaborador estrella en el gobierno de Calderón.
Barbosa y Raciel están involucrados en la turbia adquisición de mil patrullas que se adquirieron a sobreprecios. A más de un millón 350 mil pesos cada una. Un negociazo con un tufo de corrupción, en el que la Auditoría Superior del Estado está coludida, sin duda alguna.
Lo de las patrullas no es un asunto menor, lo grave es el espionaje político con fines perversos.
El espionaje de Barbosa incluye los teléfonos y toda la variedad de los dispositivos electrónicos de sus adversaros políticos, lo mismo que periodistas, defensores de derechos humanos y activistas.
El gobierno de Barbosa incurre en delitos federales que se consideran graves. El espionaje que realiza su gobierno bajo la conducción de Raciel López se hace sin ningún tipo de autorización judicial lo cual es violatorio del artículo 16 constitucional que protege las comunicaciones privadas.
El espionaje de Barbosa no cabe en ninguna de las excepciones previstas en la ley para que un juez otorgue la autorización correspondiente.
La violación al artículo 16 de la Constitución está prevista en el Código Penal Federal por violar los artículos 177 y 211 Bis del citado código, los cuales contemplan penas de 6 a 12 años de prisión para cada uno de los implicados. En el caso del secretario de Seguridad Pública se pueden presentar cargos por al menos dos delitos en su contra lo mismo en contra de los funcionarios que hayan ordenado y autorizado la intervención ilegal de las comunicaciones privadas de los afectados.
Raciel López montó un sofisticado equipo de espionaje con el sistema Pegasus desarrollado por la compañía israelí NSO Group. El malware de espionaje Pegasus, es comercializado a gobiernos con la condición de que solo sea utilizada para combatir a terroristas o grupos criminales y carteles de drogas por la empresa NSO, y en Puebla se aplican de manera ilegal, sin autorización judicial y para fines ilegítimos.
El software utilizado por Raciel López se infiltra en los teléfonos inteligentes y otros aparatos para monitorear cualquier detalle de la vida diaria de una persona por medio de su celular: llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos, contactos y calendarios. Incluso puede utilizar el micrófono y la cámara de los teléfonos para realizar vigilancia; el teléfono de la persona vigilada se convierte en un micrófono oculto.
El software Pegasus no deja rastros del hacker que lo utilizó. Incluso el fabricante, NSO Group, señala que no se puede determinar exactamente quién está detrás de los intentos específicos de hackeo.
Pero los ciberexpertos pueden verificar en qué momento se ha utilizado el software en el teléfono de un objetivo, lo cual les deja pocas dudas de que el gobierno mexicano o algún grupo corrupto interno están involucrados.
Al gobernador Barbosa y su testaferro Raciel no les importan las leyes, pues solo un juez federal es el único que puede autorizar la vigilancia de comunicaciones privadas y solo cuando los funcionarios demuestran que tienen un caso bien armado para realizar esa solicitud.
Pero en Puebla sin mediar ninguna justificación, el gobierno de Barbosa a nadie pide permiso para hacerlo.